Me pierdo en…

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Puede ser una playa desierta, un frondoso bosque, una ciudad llena de gente o, sencillamente, una habitación vacía, con un buen libro en las manos y en soledad… Llegan las vacaciones y todas tenemos ese lugar “ideal” en el que perdernos por unas horas o, quién sabe, si hay suerte, incluso unos días. Hoy te revelamos cuáles son los pequeños paraísos de las chicas de Mujeres y Madres Magazine.

El banco del fin del mundo (Merak)

El banco más bonito del mundo. Loiba

Algo intuyeron los publicistas de Ikea cuando en 2012 lo convirtieron en el “banco del fin del mundo”. Y, efectivamente, esa es la sensación que uno experimenta cuando se sienta en esta estructura sobre los acantilados de Loiba, en el concello coruñés de Ortigueira. Las Rías Baixas se llevan la fama pero, sin duda, si lo que buscáis es un paraíso natural, esas son mis queridas Rías Altas. Desde Ribadeo a Finisterre, la costa norte gallega es salvaje y exuberante en cualquier época del año. Pasad y tomad asiento porque y preparaos para que el tiempo se detenga.

Un faro sobre el mar (María Jardón)

Faro de Ortiguera

Estoy muy de acuerdo con Merak en la belleza de las Rías Altas, me encantan pero hoy os traigo un lugar de mi tierra por el que siempre he sentido debilidad: el faro de Ortiguera. No sé si porque desde allí se ve la playa de mis veranos de infancia, o porque te sientas sobre el banco que rodea el faro y sólo está el mar, la libertad, ni barandilla ni nada… Me gusta ir una vez al año y cada vez que me siento es como si todos los problemas se esfumaran y sólo hay paz y tranquilidad.

Miento, este verano llevé a mis peques y, como os podéis imaginar, eso de que no tenga barandillas si vas con un culo inquieto de 3 años no deja tanto espacio para el relax.

La buena música (Pilar Martínez)

auriculares

Yo no tengo un “lugar” especial en el que perderme porque si estoy escuchando buena música me puedo perder en cualquier sitio.

La música ha sido, es y será una compañera de mi vida. Puedo relacionar cualquier momento vivido con la música que escuchaba porque tengo una especie de memoria fotográfica musical (no se si eso existe pero seguro que me entiendes jeje)

Cuando me siento estresada, agobiada o necesito concentrarme, se que voy a estar mucho mejor si pongo buena música para lograrlo.

Y si quiero perderme por un rato lo tengo clarísimo: con mi música lo consigo en seguida.

Un libro (Let)

me-pierdo-en-un-libro

Desde que con 5 años el Quijote (versionado para niños, eso sí) cayó en mis manos, no he parado de leer. Los sábados por la mañana me levantaba al alba, cogía un libro y lo leía a la penumbra de la lamparita de noche. Cuando era pequeña me gustaba decir que por eso llevaba gafas. La verdad es que no necesitaba más para ser feliz.

Para mí no hay mejor paraíso que el que se retrata negro sobre blanco. Ya os conté que tengo el superpoder de la superdescripción y soy de las que prefiere perderse en el paraíso inventado de las páginas imaginadas antes por otro que en lo que otro ha imaginado sobre esas mismas páginas. Vamos, que si hay que elegir entre la película y el libro no tengáis ninguna duda de lo que visitaré primero.

En Cádiz (Sara Palacios)

Cadiz

Hay infinidad de sitios preciosos en nuestro país. Muchos, muchísimos. Pero yo si tuviera que escoger sólo un sitio donde perderme sería en Cádiz. Es un ciudad para pasear, para perderte sin rumbo. Para caminar, para comer pescadito frito, disfrutar de su gente y del mar. A mí Cádiz me gusta por todo y nada. Es mi refugio secreto donde encontrarme conmigo misma.

Una puesta de sol en Ibiza (María José Sarrión)

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Imagen vía David Corral

 

Para mí no hay otro lugar que me inspire más paz y tranquilidad, que la puesta de sol de Ibiza. Por supuesto no me encontraréis en los lugares típicos, rodeada de guiris bebiendo cerveza sin parar. Sino en alguna cala, o en algún chiringuito escondido. Con o sin música de fondo.

Es en el momento en el que sol y mar se funden, cuando conecto por completo conmigo misma, cuando no hay nada más que se interponga entre la naturaleza y yo. En ese momento de calma, soy más María José que nunca.

Haciendo manualidades ( Natalia Martín)

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Me encantan, me relajan y en ocasiones las manualidades me abducen, lo reconozco, pero la abducción es absolutamente voluntaria y disfrutada. Es bastante frecuente que me quede hasta altas horas de la madrugada, disfrutando del silencio y la paz que reina en casa a esas horas, personalizando un cuaderno, pintando una casita de madera o dando nueva vida a objetos cotidianos gracias a mis pinturas, mis troqueladoras, mis papeles y mis washitapes. Ideas hay miles y para mi cualquier excusa es buena para liarme la manta a la cabeza.

Pinterest (Ruth)

Mi tablero de Vitaminas
Mi tablero de Vitaminas

Y es que los que inventaron Pinterest dieron con la clave de mi relajación: esos filtros. Desde que tengo memoria (creo que mis primeros recuerdos son de cuando hice la comunión) cada vez que voy a plantar un pino, me llevo algo para leer. Así cayeron uno tras otro los 6 tomos de la colección de Asterix y Obelix, las obras completas de Tintín, la colección de Ragazzas, Marie Claire, El País Semanal, TodoGadgets… Da igual. El rato de relax estaba asegurado. Hasta que Pinterest llegó a mi vida. Ahora me voy al baño con el Ipad y me dedico a viajar a lugares preciosos, ver outfits molones, DIY que jamás haré, casas con las que soñar, tartas de colores y formas imposibles. Pinterest, con esos filtros que les pone a las imágenes y esa forma de aparecer en mi pantalla. Me pierdo…

Las playas del Cantábrico (Verónica Trimadre)

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Me crié en el Mediterráneo y a ese mar van ligados los recuerdos más dulces de mi infancia. Sin embargo, hoy por hoy, mi refugio y el de mi familia es el Cantábrico y sus enormes playas. En poco más de una hora en coche nos colocamos en frente del mar para inspirar ese olor a pureza marina que solo tienen los lugares con costa. Me pierdo en la playa, dejando que mis pies penetren fuerte en la arena y que el agua del baño me acaricie los tobillos. Allí, sin bullicios ni sofocos, desconecto del mundanal ruido y recargo energías siempre que puedo.

La foto está elegida a conciencia: la puesta de sol casi ha velado la esquina derecha. Así me siento yo en cada reencuentro, completamente deslumbrada.

Donde sople una pequeña brisa (Lydia)

No me importa que sea en el jardín de mi casa, en la playa, o perdida en mitad de una jungla. Solo necesito aire limpio y una hamaca, da igual como sea, y que sople una pequeña brisa. Si además canta algún pajarito, o se oyen las hojas de un árbol moverse, o las olas del mar, ¡¡entonces sería la repera!!

lugar-para-perderse

Tener cinco minutos al día de esa tranquilidad, de esa paz, de dejar la mente en blanco… sería genial, pero mejor dejo de pensar en cosas imposibles.

6 COMENTARIOS

  1. Pilar, lo que mencionas yo lo llamo menoria auditiva, aunque desconozco el nombre científico. A mi también me pasa, debe ser normal.
    Yo me pierdo en el lavabo de casa que es el único sitio donde hay paz y tranquilidad jaja! Echo el pestillo y no existo cinco minutillos 🙂

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