Confesando mi adicción

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Lo confieso. Señoras, señores, soy una adicta. Siempre lo he sido. Psicólogos y psiquiatras que rondáis mi zona de confort, frotaros las manos. Soy una adicta de manual, seguro. Y de las peores. De las que pasan de rehabilitarse (amiga Carmen, tu ya lo sospechabas).

Mi adicción de bebé: de pequeña, me chupaba el dedo

Ya se que lo hacen muchos bebés, pero yo estuve hasta los 8 años. Sin duda, el primer síntoma de la adicción. Mi madre tendría que haberlo frenado, pero ella no tenía ni idea de que, con los años, me convertiría en una viciosa de tomo y lomo. No había forma de quitarme el dedo, tanto que mi paladar se hundió hacia arriba y acabé llevando ortodoncia de esas que podías quitarte cada noche, pero que nos quitábamos a todas horas, se llenaba de comida y la sacabas en mitad de clase para asco de tus compañeras.

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Mi adicción adolescente: las camisetas

Aquí mi madre ya sospechaba algo, porque me amenazó varias veces con mandarme a un psicólogo si no dejaba de comprar camisetas estampadas. Seguro que la Ragazza tuvo la culpa, que en alguna de sus páginas pondría que estaban de moda, que era lo más, que las chicas modernas llevaban camisetas con mensaje… El caso es que mi madre se hartó de mi vicio y le regaló varias a mi amiga Cris, quién pesaba 20 kilos menos que yo… Sí, lo habéis deducido bien: no solo me compraba muchas camisetas, además eran muuuuy ajustadas.

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Mi adicción universitaria: …  …  (cri, cri, cri)…  … … … … …

Vale, la universidad es un periodo muy dado a las adicciones. Pero una adicta profesional, como lo era yo a mis 20 años, necesitaba algo más que las típicas de esa edad (esas son las que dejo para los aficionados). Yo en a universidad, necesitaba… jazz. Todos los martes, en una cervecería que había detrás de la Catedral de León. Aquella música, que hasta entonces solo había escuchado de pasada, me caló hondo. Y todos los martes, nos hacíamos un hueco en aquel bar, para escuchar saxos, trompetas y contrabajos.

Mi adicción prematrimonial: los viajes

Sí, esos tiempos locos, en los que te gastas todo el dinero en conocer ciudades, pueblos, otros países. Coges el coche y da igual donde te lleven las carreteras. Cualquier fin de semana es bueno para hacer un plan los dos solos… sin dos sillas de auto en la parte de atrás del coche, tres paquetes de pañuelos y toallitas y un montón de trozos de chuches y restos de bocadillo pegados en cualquier rincón.

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Mi adicción actual: el vermut

Sí, el que compartimos con vosotras también. Pero me encanta el vermut de los fines de semana, en una terracita del casco viejo, con el sol de invierno o el de primavera. Una caña con limón y un pincho rico rico. O el vermut de última hora de la tarde, que me echo con la vecina mientras nos contamos nuestras penas y alegrías. También me gusta el vermut de la casa del pueblo, con mis hermanas y mis padres. Mi hermana J. bebe Bitter, que es la única persona que conozco que beba esa cosa tan amarga (¡¡lo peor es que a mi sobrina de 20 meses también le gusta!!), los demás bebemos cerveza. Y sacamos las aceitunas, las patatas, los mejillones de lata. Creo que el vermut es un vicio de los buenos, de los que durarán mucho.

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Y digo vicio, porque desde hace un tiempo, haga frío o calor, el vermut, siempre. Las mañanas de los sábados y domingos se llevan mejor, las discusiones con las niñas, las tareas de la casa… son más livianas porque sé que hacia la una del mediodía, nos tomaremos una cañita. Lo mismo con las tardes… ¿me lo hago mirar?

Nota: entiéndase la exageración y las nota de humor de mi argumento, que los vicios, en mi caso, son con moderación. Mamá, tranquila 😉

Imágenes de Pixabay.

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Soy de esas personas que siempre llega tarde, siempre tiene que hacer más de tres cosas para ayer pero siempre lo hace con una sonrisa puesta. Estoy encantada con mi vida, aprendiendo cada día, disfrutando todo lo que puedo. Y riéndome, que es el ejercicio más saludable de todos

5 COMENTARIOS

  1. Uf, pues habrás exagerado pero yo tengo una personalidad adictiva de manual. Hay cosas que no pruebo porque sé que me voy a enganchar. A todo. Cuando repartieron moderación yo debía estar con algunos de mis vicios y no me enteré.

  2. Amiguita mía:
    Reconocer adicciones y tener una amiga psicóloga experta en adicciones es éxito asegurado. No te preocupes, te haré precio amiga. Si quieres tomamos un vermut esta tarde y comenzamos la terapia. Eso sí, yo una 0,0!!

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