viernes, julio 1, 2022
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Mi adiós a las gafas

Aunque no tenía muchas dioptrías, desde hace años me rondaba la cabeza la posibilidad de someterme a una operación para corregir la miopía. En septiembre del año pasado se dieron al fin las condiciones necesarias para que me decidiese y hoy, algo más de un año después, con tiempo suficiente para hacer un balance de la intervención, postoperatorio y resultado, quiero contaros mi experiencia.

Miopía

Como os decía, no tenía una cantidad de dioptrías exagerada, apenas una graduación de dos en cada ojo, pero desde hacía casi veinte años era totalmente dependiente de las gafas. Hay gente que con más se maneja perfectamente sin ellas, pero en mi caso me resultaba absolutamente imposible realizar mi vida diaria sin ellas. Ni siquiera lo más básico. Me sentía muy limitada.

También hay gente a la que le encanta usar gafas -mi compi Sara Palacios las adora-, pero no era mi caso. Todo lo que le veía era inconvenientes: se me empañaban, me resbalaban, me molestaban en la parte de atrás de las orejas, me hacían desarrollar todo tipo de tics… Me molestaban cuando hacía deporte, me molestaban cuando sudaba, me molestaban cuando llovía, me molestaban cuando iba a la playa y ya lo de bañarme en la piscina ni os cuento.

Además, soy de esa parte de la población que no se acaba de adaptar a las lentillas. A pesar de probar mil tipos de mil marcas, siempre he hecho un uso muy puntual de ellas porque por culpa de la sequedad ocular que me generaban acababa padeciendo muchos dolores de cabeza y molestias.

Cuando me decidí a informarme al respecto de la intervención, una de las primeras preguntas que le hice al oculista fue precisamente esa, si con tan pocas dioptrías me compensaba. Su respuesta fue clara: hay gente que con pocas es muy dependiente de las gafas y otra que, por el contrario, con una visión mucho más deficiente se arregla estupendamente con ellas. Si yo era del primer grupo, daba igual qué cantidad tuviese, me compensaba fijo.

Así que esa es la primera conclusión que os puedo ofrecer, que a la hora de valorar someteros a la intervención no penséis tanto en el número de diptrías como en vuestra dependencia de las gafas y si realmente vuestra calidad de vida va a mejorar. En mi caso, os digo rotundamente que sí.

Opté por someterme a la intervención en una clínica muy popular porque las críticas y opiniones que había leído en internet eran por lo general buenas y conocía a gente que lo había hecho allí y estaba satisfecha. No voy a hacer publicidad (porque esto no es un artículo patrocinado ni mucho menos), pero en general me quedé satisfecha con el trato a nivel médico, que es lo más importante, pero también con el administrativo. Me ofrecieron todo tipo de facilidades de pago -como os podéis imaginar cualquier financiación conllevaba un incremento del precio- y, sobre todo, en la asignación de citas, revisiones…

El procedimiento empleado fue la técnic Lasik,que implica la utilización de un láser Eximer para reesculpir la córnea. Si estáis interesados en recabar más información al respecto, aquí os dejo un par de enlaces –en qué consiste y opiniones– en los que os cuentan los pormenores pero, en general, os diré que esta cirugía refractiva es una de las más empleadas por su eficacia, seguridad y mínimos riesgos. Pero yo no me quiero meter en esos temas porque, para seros sinceras, en cuestiones médicas soy una persona con bastante fe en los profesionales, así que ni me comí demasiado el coco averiguando los pormenores del proceso, ni pensé demasiado en todo lo que podía salir mal. Pero ahí ya depende de cada uno. Sin ir más lejos, os diré que propuse a mi marido que también corrigiese su miopía y me dijo que “nanai” del tema, que no pasaba por quirófano para eso ni loco.

¿Cómo fue la operación?

Durante la intervención lo que hacen es levantar una capa muy fina de la córnea y aplican el láser para reesculpir su curvatura y así mejorar la visión. Depende de las dioptrías y lo que ha de incidir el láser, pero la operación no lleva más que unos segundos.

A nivel práctico os contaré que en una primera consulta un oculista me explicó el procedimiento, valoró mi caso y evaluó si era una candidata idónea para este procedimiento. La segunda vez que nos vinos fue para realizar algunas pruebas y tomar medidas a partir de las cuáles programar la intervención en sí y el tiempo de exposición al láser.

Y en la tercera visita me practicaron la operación. Para valorar mi experiencia debo insistir en que no soy una persona demasiado aprensiva en lo que a médicos y salud se refiere. Todo es muy rápido. Llegas y te repiten las mediciones para comprobar que todo está correcto. Después te tomas un tranquilizante suave y pasas al “quirófano”. Os juró que entre entrar, prepararme y salir no debí estar dentro más de diez minutos, pero lo que es la operación en sí serían como 30 segundos en cada ojo. Ahora, con perspectiva, lo que más grima me dio fue el aparato que te ponen para que no cierres el ojo y el olorcillo a “quemado”. Pero entre que no te da mucho tiempo a pensarlo y que todo es tan rápido os aseguro que no me resultó nada traumático.

Después tienes que estar sobre media hora en una sala a oscuras y con los ojos tapados y pasarte las siguientes horas en reposo relativo, antes de someterte a una nueva consulta para comprobar que todo ha ido bien. En mi caso, me operaron por la mañana y esa consulta era por la tarde, pero como no vivo en la misma ciudad pasé esas horas en la propia clínica, en la sala de espera, dormitando las primeras horas antes de irme a comer y volver. El dato de comer es innecesario, lo sé, pero es para que os deis cuenta de que, aunque con gafas de sol, no estaba ni mucho menos “impedida”.

Quizás lo que más me sorprendió fue que el postoperatorio fue en ese sentido mucho mejor de lo que me esperaba. Realmente, tal y como me había dicho el oculista, en unas horas podía hacer vida casi normal. En ningún momento tuve dolor, al día siguiente pude ducharme ya y el reposo fue de unas horas y muy ligero.

Es cierto que hay una serie de precauciones los primeros días como no recibir golpes en los ojos, no maquillarse, utilizar gafas de sol, precisamente para proteger mejor la zona, o evitar el cloro de la piscina pero, más allá de eso, os aseguro sinceramente que fue mucho mejor de lo esperado.

La recuperación

Respecto a la recuperación de la visión, ahí ya es otro tema. Vamos por partes.

Una de las cuestiones en las que hice hincapié antes era saber cuánto tiempo me iba a limitar la operación laboralmente. El oculista me aseguró que al otro día, como mucho en un par de días, podría recuperar mi actividad normal. Yo le insistí en que, por mi trabajo, me pasaba muchas horas delante del ordenador, si sería tiempo suficiente, y él se ratificó en sus estimaciones. Si me operaba el viernes, el lunes estaría como nueva… Pues no. Ni el lunes, ni el martes, ni una semana después me encontraba visualmente al cien por cien.

Que ¡ojo! No me impidió trabajar -de hecho no cogí la baja ni nada-, pero no tenía agudeza visual para pasarme cinco horas delante del ordenador sin molestias.

Las principales: la sequedad ocular -de la que ya me había prevenido- pero, sobre todo, la falta de definición y la dificultad para enfocar. Siendo objetivos, no estuve en condiciones hasta al menos dos semanas después. Con el tiempo, me parece un tiempo más que lógico, pero en aquel momento fui demasiado confiada con la estimación del profesional.

La verdad es que el agobio en esa primera jornada de trabajo fue considerable, al menos hasta que me puse en contacto con la clínica y me dijeron que esos síntomas era normales. Esa es, sin duda, la única crítica que le haría al oculista: me advirtió de que no podría evaluar el éxito de la operación, es decir, la recuperación total de la visión -nitidez- de lejos, hasta aproximadamente tres meses después, pero no me clarificó como serían otras pequeñas “secuelas” visuales con las que debería convivir esas primeras semanas. Que probablemente me operaría igual, pero la planificaría en otro momento del año, pediría una pequeña baja o, sencillamente, no me llevaría el susto que me llevé la primera vez que me puse ante el ordenador y me costaba ver las letras.

Aunque no afectó a la recuperación, sí es cierto que anímicamente me generó muchas dudas respecto a si la operación había resultado bien. Durante meses me comí un poco el tarro porque de un ojo me recuperé genial -mucho mejor y más rápido de lo esperado- y eso hacía todavía más evidente las carencias que padecía en el otro. La sequedad persistente en él hacía que todavía viese peor y ahí entré en una espiral de estar continuamente probando, guiñando un ojo, el otro, si veía las matrículas, el cartel de enfrente, los letreros de las calles. Mentalmente muy insano.

Todo un poco exagerado porque, realmente, seguí haciendo mi vida con normalidad y sin echar de menos las gafas para nada. ¡Pero es que veía tan bien con uno de los ojos que aspiraba a hacerlo igual con el otro!

El caso es que, con algo de paciencia y dando tiempo a que el tratamiento para mejorar mi sequedad ocular y las lágrimas artificiales, las cosas fueron volviendo a su cauce y, como seis meses después, hasta la más mínima molestia desapareció tal y como me advirtió el oculista.

Fotos: Pixabay y Shutterstock

María L. Fernández
María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
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2 COMENTARIOS

  1. Yo me he planteado muchas veces la operación, pero el miedo a que vuelvan a surgir dioptrías me impide dar el paso. Si tengo que seguir llevando gafas, lo mismo me da por 1 que por 3. Varios casos de los que conozco han tenido que volver a las gafas al cabo de unos años.

    • Para los ojos dlte del PC , comer pipas de girasol ( no a diario ) y naranjas

      para corregir vista cansada, pocas dioptrias etc
      usar gafas reticulares ( w. naturitas )

      para protegerse del brillo-reflejo del PC:
      . usar gafas con cristal amarillo como las de ciclistas
      . poner al minimo el brillo
      . poner ahorro bateria al maximo

      para relajar la vista digitopuntura en :
      las comisuras de los parpados y
      presion en los huecos de la nuca , ( dos a cada lado ) sobretodo el mas externo.

      para llevar energia a los ojos, pellizcar las cejas

      vit A zanahorias, boniato , cereales integrales, calabaza, naranjas, raices en general, regaliz,

      para la irritacion conjuntivitis puede ir bien lavarlos con manzanilla

      maximo 2 h seguidas y descansar antes de seguir

      para ver tele usar gafas estenopeicas y una pulsera de cuentas que se van pasando con los dedos :
      los dedos estos son segun la acupuntura, los dedos dinamo , los de los meridianos que crean energia.

      para ahorra luz, usar una linterna frontal

      para el cansancio del riñon, dormir un rato bocabajo ( posicion prono ) antes de levantarse.

      en Verano :
      NO recomiendo las gafas polarizadas, se pueden encontrar buenas gafas en superercados, las de espejo protegen el doble
      https://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/enemigos-ojos-verano_0_769574074.html

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