Una investigadora del siglo XXI. Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia

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El próximo domingo se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y desde el colectivo 11 de Febrero se han empeñado en dar visibilidad al papel de la mujer investigadora como una manera prioritaria de normalizar y poner en valor el trabajo que ésta desempeña en el mundo científico. Su tarea está orientada también a acabar con los estereotipos de género asociados a la investigación y fomentar esta rama profesional entre las niñas, a las que tradicionalmente se les ha inculcado la idea de que no resultan tan válidas para ciertos ámbitos de las ciencias como sus compañeros varones.

En Mujeres y Madres Magazine ya os hablamos de todas las iniciativas que estos días promueve la plataforma 11 de Febrero, pero queremos aportar también nuestro granito de arena dándole voz a una de esas mujeres investigadoras. Ella es Sabela Balboa Méndez, doctora en biología e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

mujer en la ciencia

Sabela investiga bacterias marinas y estudia cuáles son sus mecanismos de supervivencia en el medio marino cuando las condiciones ambientales no son adecuadas, por ejemplo, cuando varía la temperatura o la salinidad del agua. Tras cursar la carrera de Biología en Santiago de Compostela, se especializó en Biología Molecular. Su tesis doctoral, también en la USC, versó acerca de la variabilidad genética y virulenta de bacterias patógenas que afectan al cultivo de la almeja.

Durante esos años hizo, además, diversas estancias en España, Suecia y Estados Unidos donde aprendió diversas técnicas para aplicar a su investigación. Al acabar la tesis se fue dos años a Sheffield, en Inglaterra, donde investigó los mecanismos de movimiento y unión a superficies de bacterias causantes de diarrea.

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¿Por qué decidió estudiar biología y por qué se dedicó a la investigación?

Decidí estudiar biología al final del instituto. Siempre me gustaron las ciencias, la química y, sobre todo, la biología. Cuando en esta asignatura empezamos a estudiar procesos fisiológicos, bioquímica y genética me di cuenta de que eso era lo que quería “ser de mayor”. Me gustaba mucho la genética y me encantaba la idea de la investigación, así que, aún sin saber muy bien qué significaba eso, decidí hacer biología para intentar ser investigadora.

A lo largo de la carrera descubrí el mundo de las bacterias y los virus y decidí orientarme hacia esa rama, la microbiología. Cuando estaba finalizando mis estudios, encontré un anuncio de una charla informativa sobre la posibilidad de hacer un pequeño trabajo de investigación en un laboratorio durante el último año y uno de los trabajos ofertados era en el departamento de Microbiología. Me pareció la mejor forma de ver qué era realmente eso de la investigación, así que presenté una solicitud. Y así entré en el departamento en el que luego haría mi tesis doctoral.

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Durante la etapa universitaria, las mujeres son mayoría, ¿se corresponde con mundo profesional? ¿Cuál es el papel de la mujer en la ciencia?

El papel de la mujer en la ciencia es de enorme relevancia en cuanto a logros y descubrimientos científicos, si bien es cierto que con un esfuerzo añadido en comparación con el del hombre, que es el de demostrar y visibilizar estos logros. Es además muy difícil para una mujer llegar a puestos de responsabilidad, al igual que ocurre en otros ámbitos profesionales. Como ejemplo, a finales de 2017 se eligió por primera vez a una mujer como directora de un centro de investigación nacional.

Esta disminución del número de mujeres a lo largo de la carrera investigadora es muy evidente, y es además, un paso gradual y muy sutil. En mi experiencia, y dejando a un lado datos oficiales, puedo constatar que durante la carrera el número de chicas era ligeramente mayor que el de chicos. A lo largo de mi formación, durante la tesis y los primeros años de investigación como doctora, no observé mucha diferencia. Digamos que la mitad de los investigadores en ese punto son mujeres, al menos en mi entorno. Ahora veo que hay una clara mayoría de hombres en puestos iguales o superiores al mío. Hasta llegar a un punto en el que, recientemente, en una reunión de un proyecto que coordinan cinco laboratorios de cuatro países europeos diferentes, éramos dos mujeres frente a siete hombres. Esta fue la primera vez en mi carrera que vi una diferencia tan abrumadora. Y esto trabajando con fondos públicos, en instituciones públicas.

Creo que el punto de inflexión está en el momento de conseguir una estabilización.
En la carrera investigadora existe una gran inestabilidad basada en contratos temporales durante muchos años. La estabilidad pasa por un proceso interminable de acreditaciones y procesos de selección. Estos procesos se deciden muchas veces por décimas, tras un recuento exhaustivo de méritos como publicaciones, o meses de estancia en laboratorios extranjeros. En este proceso, la pérdida de unos meses de trabajo se ve tremendamente penalizada. Esto, junto con los horarios propios de la investigación, hace que la conciliación sea muy difícil.

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¿Cree que las mujeres rehúsan las carreras de ciencias? ¿Por qué cree que sucede esto? 

Creo que esta selección no se puede reducir a una única razón, es una cuestión tradicional y cultural. Tradicionalmente, las mujeres si podían estudiar se limitaban a determinadas disciplinas, habitualmente enseñanza o ciencias de la salud, carreras asociadas al cuidado y la ayuda a los demás, rol que por tradición estaba asignado a la mujer. Este papel se ha perpetuado durante años, aunque creo que, afortunadamente, esto ha cambiado y que, al menos en Europa, la elección de los estudios es libre e independiente de tu género. Aún así, es cierto que a las niñas no se les anima a escoger carreras técnicas.

¿Cómo podría solventarse esta desigualdad?

Creo que la mejor forma para que lo elijan es la normalización de roles, para lo que son muy importantes las campañas de visibilidad. Campañas en los colegios sobre ciencia e investigación llevadas a cabo por mujeres que puedan explicar su experiencia y que ayuden a que las niñas y niños identifiquen estas profesiones con mujeres como algo natural.

Imágenes: Pixabay

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

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