Mujeres y libertad

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Llevo pensando en escribir este artículo desde las Olimpiadas de Río. “Te lo has pensado con calma”, diréis, y no os faltará razón. El debate acerca de machismo y feminismo, sobre mujeres y libertad ha estado muy presente el pasado verano. No sólo por el tratamiento que los diarios han dado a los logros de las deportistas, siempre rezumando un machismo trasnochado y rancio, sino también por las agresiones sexuales acaecidas durante los Sanfermines de este año y los sensacionalistas e innecesarios detalles publicados después.

mujer en la playa

Oriente y Occidente

Supongo que es inevitable, que el ser humano lleva impreso en su ADN un juez implacable que levanta la voz. Sobre todo hacia lo que desconoce o  le parece incorrecto desde su particular punto de vista. Da igual que se trate de un niño de tres años que viste tutú o de una forma de crianza diferente a la suya. El juez ha de juzgar.

No digamos ya cuando de lo que se habla es de la forma de vestir de una mujer que va relacionada con la religión. Religión que, por supuesto, en la mayor parte de los casos ni se conoce más que de oídas, ni se tiene ningún interés en conocer. Porque ellos son los raros. Los diferentes. Los que no respetan. Los de Oriente, los incivilizados.

Es curioso cómo hablamos con desprecio de lo desconocido si nos causa inquietud y lo identificamos con algo “malo”. El desconocimiento está en la base de muchos comportamientos deplorables e irracionales. Y en Occidente somos muy dados a mirarnos el ombligo y ponernos a soltar diatribas comos si fuéramos el centro del Universo. Y hay mucho más mundo allá de nuestras occidentales fronteras.

mujeres musulmanas

Bikinis y burkinis

La polémica comenzó el día que Egipto y Alemania jugaron su partido de voley-playa en los Juegos Olímpicos de Río. Una fotografía en la que se veía a una de las jugadoras alemanas con un escueto bikini y a Doaa El Ghobashy, una de las egipcias, con todo su cuerpo cubierto, incluida la cabeza, que vestía un hiyab. Aquí podéis ver una de las imágenes de ese partido y leer algunas reflexiones.

Y las redes sociales, los blogs, los periódicos, digitales y en papel, comenzaron a bullir en comentarios.

Comentarios sobre su vestimenta; comentarios sobre el hiyab, dado que su compañera no lo lleva. Comentarios sobre la locura de ir tapada de arriba a abajo con el calor brasileño. Después, se cuestionó la libertad de la mujer, haciendo hincapié en su religión, la musulmana.

Nadie pareció darse cuenta del diminuto bikini que vestía la oponente de El Ghobash. Puede que por costumbre, ya que hasta hace poco era la única opción de vestimenta, determinada de forma rigurosa por la Federación Internacional de Voleibol.

bikini

Esclavitudes modernas

Me gusta la libertad. La que me deja razonar y tomar mis propias decisiones. La que me permite trabajar y ganar dinero. La que han conseguido otras mujeres luchando por la igualdad, la que hay que seguir reivindicando porque nos queda mucho por caminar.

Seguro que en esto de adorar la libertad estamos todas de acuerdo. Pero… ¿y si os dijera que somos todas esclavas?

Somos esclavas de la piel tersa y firme. La que no tiene imperfecciones, ni manchas, ni arrugas. Somos esclavas de una báscula, de una talla o de la imagen que nos hemos hecho de nosotras mismas a fuerza de años viendo ideales imposibles en anuncios, revistas, películas y todo tipo de referentes. Esclavas que han perdido la capacidad de discernir que un ideal no es real.

Somos esclavas del pelo perfecto y el maquillaje impoluto. ¿Cómo disimular esa cara de sueño?, ¿cómo parecer un poco menos zombie cuando el niño nos ha dado mala noche?, ¿cómo recolocar ese pelo cuando estás en un bad hair day y en vez de cabello parece pelufo? Esclavas también de no tener un pelo en el resto del cuerpo, depilación de todo aquello que molesta, y si no lo haces eres una guarra.

Somos esclavas de la tiranía de los kilos, que reservan unas tiendas para unas y otras diferentes para otras. Tiranía que nos hace vivir pendientes de la báscula o, en su defecto, del numerito que pone en la etiqueta. A veces se nos olvida que en una de esas tiendas la 40 es enorme y en otra diminuta.

Somos esclavas de lucir perfectas cuales muñecas Barbie, sin darnos cuenta de lo maravilloso que hay en cada una, más allá de tallas, de pelos, de pecas, de arrugas. Y lo peor es que vivimos inoculadas de tal cantidad de irreal perfección que deslizamos comentarios de valor sobre el aspecto de las demás sin apenas darnos cuenta, al descuido, como si así fuéramos a hacer de aquella otra con la que cotorreamos una leal aliada. Sin ser conscientes del daño que nos hacemos a nosotras mismas cuando los proferimos.

ombligo

El ombligo del mundo

Durante esos días de polémicas, leí en el muro de una amiga feminista que desde nuestra posición es fácil hablar de las mujeres musulmanas y de su realidad -como el porqué toman las decisiones que toman-. Pero en realidad no tenemos conocimientos suficientes para poder hacerlo: no formamos parte de la comunidad y apenas sabemos nada de ellas. Juzgamos desde el prejuicio. Confieso haber caído yo también en ese error.

Desde aquí mi reflexión pide que nos miremos un poquito menos el ombligo para terminar por mirárnoslo con precisión, he aquí la paradoja de esta historia. Empecemos por reflexionar acerca de si, de verdad, somos tan libres como nos creemos. En cuántas caretas que nos esconden nos ponemos cada día antes de salir a  a calle. Practiquemos la consciencia con respecto a los comportamientos que desarrollamos casi en automático. A las decisiones que tomamos sin percibir que las estamos tomando. Porque con cada idea que hacemos nuestra y mostramos al mundo dejamos que sea otro quien decide.

Una foto publicada por Alicia Keys (@aliciakeys) el

Volvámonos un poco Alicia Keys. Querámonos arrugadas, pecosas, flácidas, gordas o delgadas… querámonos bonitas, como somos.  Dejemos de mirarnos a través de las gafas que otros nos pusieron.

¿Tenemos la libertad que tanto ansiamos para otras? Permitidme que lo dude. Pero es infinitamente peor aceptarlo que cerrar la boca.

Imágenes: Pixabay

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

8 COMENTARIOS

  1. La sharia, en su vertiente más fundamentalista, incluye como graves faltas la homosexualidad, la desobediencia de las mujeres hacia la autoridad del padre o el esposo, las relaciones con infieles (kafir, los pertenecientes al mundo no islámico) y el incumplimiento de las normas de vestimenta de las mujeres (hiyab), a las que, en caso de incumplimiento, se considera inmorales y culpables en caso de violación.
    Sii obviamente aqui si no te depilas y te miran raro es muuucho peor que, ser acusada como culpable de tu violacion por la ropa que llevas..
    Quizas nosotros debamos no mirar solo los problemas de los demas, totalmente deacuerdo, pero de ahi a que si me parece muy mal ciertas aptitudes del mundo musulman hacia las mujeres, ya sea yo islamofobo.. (Que me lo han llamado simplemente por hacer un copy/paste de wikipedia como he hecho ahora)

    • Yo creo en la libertad de la mujer, así comienza mi post. ¿Cómo de capacitada estoy para juzgar ciertas cosas de la cultura del íslam desde mi posición de privilegio? Eso es algo que podríamos discutir hasta el infinito y en lo que, probablemente, no nos pondríamos de acuerdo.
      En Occidente también se acusa a las mujeres de tener la culpa de sus propias violaciones. Por cómo van vestidas. Por ir solas de noche. Por dar un morreo al tío que luego la violó. A lo que voy es que en Occidente no somos tan libres como nos creemos, pero eso no sabemos verlo.
      Un abrazo.

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