¿Qué es la música sin las mujeres valientes?

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¿No os pasa a vosotras que una noticia os lleva a otra y al final os quedáis enganchadas en una historia de la que no sabíais nada al principio? A mí sí, me pasa mucho, desde siempre y me encanta. Por eso me ha encantado descubrir cuáles y cómo fueron las primeras mujeres en la música negra, las primeras valientes en la música americana, en el blues, en el soul. En un tiempo en el que ser mujer, ser negra y dedicarse a la música era simplemente imposible, hasta que llegaron ellas a romper esa idea tan estúpida, machista y racista, obviamente.

¿Y cómo empieza todo? Leyendo las noticias sobre la ceremonia de los Óscars. Yo es que no soy de trasnochar si al día siguiente madrugo y mi nivel de inglés no es lo suficientemente fluido como para chuparme una gala como esa y a esas horas, así que no la he visto en directo jamás en la vida.

Este año no iba a ser una excepción y aún menos teniendo en cuenta la pinta de muermo que tenía la gala. Con distintas ubicaciones oficiales, con conexiones individuales, un lío y sobre todo una forma de asegurar que sea tediosa y aburrida. Como así fue.

Así que a la mañana siguiente me puse al día con los premiados, los no premiados, las eternas nominadas y sus perreos, los pijamas glamourosos y los discursos extraños.

Uno de los galardonados en esta edición ha sido Sergio López-Rivera, maquillador nacido en Sevilla y criado en Cantabria que lleva más de treinta años trabajando en la industria audiovisual norteamericana.

Él mismo ha comentado en alguna entrevista que cuando tenía 7 u 8 años lo que más le gustaba era dibujar y maquillar a sus hermanas, algo que estaba convencido de que a su padre no le hacía demasiada gracia pero que a él le movía por dentro.

Antes de cumplir los 20 años se fue a Los Ángeles a buscarse la vida para tratar de encontrar su hueco, trabajó de chófer, en una heladería, en una tintorería y fue una amiga la que le recomendó que se dedicara profesionalmente al maquillaje. Sergio pasó apuros económicos, lo de comer todos los días no era lo habitual e incluso llegó a pedirle dinero a su abuela para poder matricularse en la mejor escuela de Los Ángeles y fue el número uno de su promoción.

A partir de entonces empezaron a llegar los trabajos. Sergio ha participado en numerosas películas y series pero su vida profesional cambió cuando conoció a Viola Davis al empezar a maquillarla en «Cómo defender a un asesino» un seriote, por cierto que me encantó y enganchó todos los capítulos de todas sus temporadas.

Desde entonces no ha dejado de trabajar con ella y de hecho, tienen cerrados tres nuevos proyectos profesionales y en uno de ellos la actriz dará vida a la mismísima Michelle Obama y Sergio será quien se encargue de que el parecido sea más que razonable entre ellas.

Viola Davis es la protagonista de «La Madre del Blues» película producida por Denzel Washington en la que Sergio López-Rivera participó en el equipo de maquillaje de la actriz ha petición de ella misma.

¿Habéis visto «La Madre del Blues»? Es una producción de Netflix en la que se cuenta la historia de Ma Rainney una de las mujeres pioneras en la música norteamericana.

Como os decía la producción es de Denzel Washington y la dirección de George C. Wolfe, los dos principales intérpretes son Viola Davis y  Chadwick Boseman en el que fuera tristemente el último papel de su carrera.

La película es entretenida pero en algunos momentos se nota demasiado que se trata de una adaptación de una obra de teatro, quizás sea demasiado asfixiante sin necesidad de serlo porque el duelo de los dos personajes principales ya es lo suficientemente tenso.

La historia sin embargo es imposible que no nos lleve a buscar más datos sobre ella y sobre ellas, sobre esas mujeres que decidieron que la música también era territorio en el que ellas podían moverse.

Ma Rainney fue una de estas mujeres pero no fue la única. Su protegida, Bessie Smith, era conocida como la emperatriz del blues y años después Mammie Smith, la primera señorita del Blues, fue la primera mujer que grabó un blues.

Son sólo tres historias pero hubo muchas más, de algunas estoy segura que no han quedado documentos ni datos, han quedado atrapadas en el olvido de una sociedad que las condenaba por ser mujeres, ser negras y querer dedicarse a la música.

De hecho de las que conocemos sus vidas podemos ver que ninguna disfrutó de las mieles del éxito, murieron jóvenes y en algunos casos en la indigencia.

Mujeres que tenían que subir al escenario después de haberse enfrentado al hambre, a los abusos e incluso a las amenazas del Ku Klux Klan. Todo eso ahora nos parece tan lejos que casi nos cuesta creerlo y sin embargo, para muchos está aún a flor de piel en un país como Estados Unidos que creció sobre los derechos de los esclavos negros que mezclaron los ritmos africanos en unas canciones que ellas también querían interpretar, que ellas también querían compartir y que han vuelto a la actualidad de la forma más insospechada, por un premio a un maquillador español.

Al final va a ser verdad eso de que el mundo es un pañuelo.

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Primero fui mujer, después periodista, luego esposa y ahora además de todo eso madre. Esto último me obligó a reorganizar todo lo anterior. Me gusta escribir y comunicar. Disfruto con un buen libro, una buena película, una buena serie, un buen viaje y una buena charla con amigos. Podría alimentarme sólo de queso y chocolate acompañados de un buen vino, una que es mujer de gustos sencillos.