¿Por qué el estilo nórdico me vuelve loca?

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Fuente: Hacer en casa

Hay quien opina que es su funcionalidad, otros apuestan por el atractivo de sus diseños limpios, hay quien cree que es la calidez de colores y materiales…  ¿Qué tendrá el “diseño nórdico” que nos ha cautivado?

Desde que en 1996 la multinacional sueca Ikea abrió en Badalona su primer centro en nuestro país, “lo” nórdico ha ido ganando terreno en nuestras vidas inspirando el life style de la clase media patria. En un país sumido en una agónica crisis económica, miramos hacia el norte anhelando el sistema de bienestar escandinavo, su loada educación –pública, universal y de calidad-, esas  leyes que fomentan la natalidad y la conciliación familiar, o un sistema impositivo elevado pero cuya carga se reparte equitativamente según los ingresos y que tiene siempre como objetivo reinvertir lo recaudado en mejoras de corte social…

Da igual que su consumo de antidepresivos sea de los más altos del mundo, o que su tasa de suicidio sea muy elevada. No importa ni las temperaturas extremas, ni los largos períodos de oscuridad. Tampoco el aumento de corrientes xenófobas, que se confunda integración e inclusión o que algunos de los países escandinavos figuren entre los principales exportadores de armas del mundo. Las estadísticas son tajantes: no hay mejor lugar para formar una familia, no hay mejor sitio en el que ser madre, ni clase política menos corrupta, ni sociedad tan igualitaria como la que se desarrolla de Dinamarca hacia el norte, independientemente de la bandera que ondee.

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Fuente: 1001 consejos

 

Pero, asumámoslo, podremos “hacernos los suecos”, pero nunca seremos ni suecos, ni noruegos, ni daneses… por la gracia de Dios. Así que debemos conformarnos con sentarnos en sus sofás, colgar sus cuadros, dormir en sus camas enormes, comer ingentes cantidades de albóndigas con salsa de frutos rojos a un precio irrisorio y hacer galletas de jengibre con sus nada autóctonos cortapastas de arce. Es lo que hay.

Pero retomemos el hilo original de este artículo que, aunque no lo parezca, es hablar de diseño. Volvamos al punto de partida ¿A qué llamamos y por qué nos vuelve locos el “estilo nórdico”?

El boom del diseño escandinavo se produjo en el periodo de entreguerras, sobre todo a raíz de la Exposición del Mueble de Estocolmo, en 1930. En ella se inició una revolución conceptual del diseño  a través de tres líneas de acción: la introducción de prototipos de piezas fabricadas industrialmente en contraposición con la defensa de la artesanía vigente hasta entonces; la democratización del diseño con la fabricación de muebles modernos y atractivos al alcance de todo los bolsillos; y, por último, el diseño de espacios y “cosas bellas para vivir mejor”.

Sobre esa esencia en la que se combinaba estilo y funcionalidad emergió una corriente exportada a Europa y Norteamérica a mediados del pasado siglo y que, en las últimas décadas, se ha convertido en tendencia en sí misma.

Las estancias nórdicas son acogedoras gracias a la calidez de los colores–el blanco es predominante – y materiales –se imponen la madera natural pero no desprecia, como contrapunto, el chapeado- empleados. Las formas son simples y rectas y el ornamento es mínimo.

Nos encontramos con cuartos luminosos,  con pocos muebles pero todos con gran utilidad. Nada está ahí por casualidad. Todo tiene una función, que no es otra que hacernos la vida más cómoda. Se aprovechan espacios pero sin renunciar a la elegancia. Y todo ello, a unos precios más que apetecibles. ¡Cómo para decir que no!

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Fuente: Mi casa de Muñecas

¿Nunca habéis leído esa frase viral que sugiere que “Facebook nos hace creer que tenemos amigos;  Instagram que somos fotógrafos y Twitter que somos filósofos”?  Pues el catálogo de Ikea nos ha convertido a todos en diseñadores de interiores ¿Y Pinterest? ¡Ay Pinterest! Es el fuego que alimenta la bestia-nórdica que todos llevamos dentro.

Abres un panel y ante tus ojos desfilan estancias de un blanco inmaculado, de sofás enormes y montañas de cojines entre los que enterrarse. Observas a niños felices pintando con acuarelas al lado de un sofá impoluto bajo la atenta mirada de sus sonrientes y nada estresados padres. Unos padres que, todo sea dicho de paso, carecen del pánico en la mirada que a ti se te pone cuando tu pequeño bracea con el pincel  goteante en la mano.

Esos salones con sus mantas cuidadosamente dobladas, esas habitaciones en las que no es que los zapatos se te hayan quedado olvidados a los pies de la cama, sino que realmente ese es su lugar. Esas cocinas en las que nunca se ha preparado un verdadero salmón a la plancha, con su pestazo y sus salpicaduras. Y todo, inundado de luz –que alguien me lo explique, porque es cierto que durante cuatro meses el sol prácticamente no se pone, pero ríete tú de la oscuridad de los otros ocho…- Me relaja solo escribirlo. De hecho, ¿no empezáis a notarme ya cierto acento sueco? Yo me siento más alta y más rubia.

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El orden, eso es lo que realmente anhelo yo del diseño escandinavo. Pero no cualquier orden, no. El orden habitado y habitable. Porque uno coge del buzón la propaganda de “Muebles El Encanto”  –sustituid el nombre propuesto por el de cualquier mueblería de tu ciudad-, lo ojea y hojea y de sus  manos va a la basura. Pasa por tu vida sin pena ni gloria. Si tengo que comprar un dormitorio iré a la tienda, puede que me deje aconsejar por el vendedor, veré algunas de las estancias que tienen allí de exposición y punto. Pero tened claro que no me van a “conquistar” con uno de esos catálogos desnaturalizados… ¡Ay! Pero cuando uno encuentra en el buzón el tochón que le manda Ikea, que es lo más parecido al vademecum de la decoración, un objeto de culto y colección, o abre uno de esos paneles o blogs de “Estilo nórdico”… Eso no es que me conquiste, ¡es que sencillamente me genera unas ganas irremediables de mudarme a vivir con la prole al Ikea más cercano!

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

20 COMENTARIOS

  1. jajajaja, ya sé lo que me dices, ya de irte a vivir a Ikea. La verdad es que al final es todo por supervivencia. Imagínate lo triste que sería la vida con colores oscuros en esos 8 meses sin luz. A mí de todas maneras estilo nórdico sí… en España. Que se vivirá ahí como se quiera (si no, huirían de ahí como la peste porque el clima no se lo pone nada fácil) pero a mí que en Suecia para vivir no me busquen.

  2. ¡Que razón! y si definitivamente te escuchas con acento nóridco….¡y que te digo yo que bauticé a mi hija Kritter! 😛
    Curiosamente sabías que en países como México no pudo entrar el “modelo Ikea” porque les resultaba “frío, moderno, poco práctico de tener que armar uno mismo y de usar y tirar” así que hay para todos los gustos del señor.
    ESO SI…nos encanta el tochaco y visitar la tienda y comer cebolla caramelizada, albóndigas y galletas de jengibre pero ¡odio las putas llaves y tener que armar las cosas! Siempre me causa un divorcio 😛 ¿será que los suecos se hacen los suecos y lo arman las mujeres?
    A saber…
    Enhorabuena por su proyecto.
    Un besote desmadroso

    • Es que lo de que con una llavecita montes igual una lámpara que un armario… y que al final te sobren piezas, como que no vale para todo el mundo. Yo he de reconocer que me gusta mucho el estilo nórdico… pero al final siempre hay alguien que me quite las castañas del fuego a la hora de montarlo y no, ese no es mi marido! De hecho, el que tiene más posibilidades en casa de acabar montando uno de esos muebles-puzzles de Ikea es, sin duda, la menda.
      Gracias por tus buenos deseos! Un beso tremendo para ti también.

    • Pues la mía no!!!!! Que cuando yo amueblé mi casa el Ikea más cercano estaba a 400 kilómetros… y aun así fuimos a por lámparas y alfombras. Pero traernos los muebles era de más. Ay! si fuese ahora, que lo tengo a tiro de piedra… Es lo que tiene vivir en provincias.

  3. Como te entiendo con el asunto catálogos…en mi casa están en la estantería del salón los de IkEA año 2010 en adelante, a modo de colección y que no se le ocurra a mi maridin tirarlos, que arramplo la suya de Finales de la NBA,y va por el mismo camino. Con semejante ultimatum está mas que advertido, y yo esperando a pasarme por la tienda a recoger el catálogo 2015, que ya estoy tardando. Enhorabuena chicas por este trabajito que estáis haciendo,aunque ella sea mi predilecta. Después del artículo a ver quien respeta en sus manos más de un segundo la última publicidad del Conforama.

    • GRacias! encantadas de leerte por aquí. Pero sinceramente no quiero confesar todos los catálogos y revistas que hemos ido acumulando nosotros en casa. Guías de la liga de Marca del siglo pasado y, algunas, por partida doble, aportadas por cada miembros de la unidad familiar. Revistas de Gigantes desde hace décadas, recortes de periódicos! Al final, los catálogos de Ikea son minoría…

  4. Jaajajajaja! Definitivamente, ¡eres más rubia y más alta!
    Si IKEA no ha patrocinado este post, ¡debería! Porque a mí me dice mucho más lo que tú escribes, que las familias y ambientes que ellos muestran. Todo de mentirijilla (como sus muebles y la cara de “a mi no me estresa que mi nena pinte el sofá”). Estoy en fase de desintoxicación ¿Se nota? 😉

    ¡Enhorabuena por este proyecto grupal tan bonito!

    • He de confesar que lo mío es un quiero y no puedo. Mi casa es menos nórdica de lo que me gustaría. Ay si fuese ahora! otro gallo cantaría! Pero ya me contarás que te han hecho a ti estos suecos para que necesites desintoxicarte de ellos? Estrés post-traumático tras montar muebles que no encajan? sobredosis de albóndigas? síndrome de la navidad tardía? Cuenta, cuenta

  5. Jooo ayer comenté pero ha desaparecido el comentario! Ya no me acuerdo de las palabras exactas, pero me alegra poder leerte en otro sitio además de tu blog.
    El año pasado llegó Ikea a Bulgaria y sólo te diré que mi calidad de vida expatriada ha mejorado bastante 😉

  6. […] Lo primero que hice fue pintarlo con chalk paint. En mi blog os cuento el proceso y cómo lo llevé a cabo. Quería darle vida y para eso elegí un tono azul con mucha personalidad. Para contrarrestar la fuerza del azul el resto del espacio viró a los tonos blancos y cremas y quedó un salón que no tenía nada que ver con lo anterior, más nórdico y limpio.  […]

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