Problemas del primer mundo

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Hoy nos vamos a quejar de vicio. Nosotras sabemos que somos unas privilegiadas que vivimos rodeadas de comodidades que otros no pueden más que soñar tener. Pero nos vamos a quejar igual, porque incluso en la vida más perfecta hay margen de mejora, así que vamos a hacer un repaso de todas esas situaciones que nos incomodan en el día a día. Estos son nuestros absurdos problemas del primer mundo.

Pongámonos escatológicos, por Sara

Baño

Dónde hacer caca es un problema muy del primer mundo. Los hay que no se ponen a ello si no se dan las circunstancias óptimas. Luego estamos los que tenemos que ir y tenemos que ir ya, así esté el baño como el de la foto. Por supuesto tenemos los baños públicos localizados y clasificados para que si nos da un apretón podamos ir a un lugar óptimo lo más rápido posible.

Pero como dice mi amiga Teresa, no hay como conseguir colocar a los niños, dejándolos entretenidos con lo que sea para escabullirte rumbo al baño y descubrir cuando acabas de poner el trasero en pompa que … te has dejado tu diversión. Ni móvil, ni revista, ni nada. ¡Rato de distracción a la mierda! (nunca mejor dicho)

Maldito lápiz de memoria, por Nuria

usb-stick

Que tu madre lleve semanas dándote la plasta con que le envíes las fotos de las vacaciones porque quiere hacer un álbum. Quedarte sin excusas porque la mudanza ya pasó, los niños ya van al cole con normalidad, tú has retomado más o menos tu rutina e incluso… ¡has inventado maneras de volver a alterarla!

No hay más excusas. Es momento de sentarte descargar las tropecientas mil fotos organizarlas (cribarlas mínimamente), empaquetarlas en un lápiz de memoria y enviárselas a toda prisa para que se calle ya se quede tranquila. Y entonces sucede. Tu maldito lápiz de memoria (ese que te mando ella un día y pensabas mandarle de vuelta) ES DEMASIADO PEQUEÑO. ¿Adónde vas con 500 Megas si has de endiñarle 3 Gigas de imágenes. Ya ves. Qué poco imaginaban los griegos que sus palabros iban a alterarnos miles de años después.

El grosor de las puñeteras lonchas de pavo, por Merak

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Cuando en un Magazine como este te descubres a ti misma contando dos veces las mismas cosas no es por falta de originalidad -lo juro-, es simple y llanamente porque algo te perturba. Te perturba de verdad de la buena. Te perturba hasta unos límites que te hacen rozar el trastorno obsesivo compulsivo. Te perturban hasta el extremo de condicionar tu vida. Como yo ya confesé cuando aireé a los cuatro vientos que yo ya era oficialmente una señora, uno de los grandes dramas en mi día a día es, sin duda, conseguir que la/el charcutero me corte las lonchas de pavo “finitas”. Y por eso se lo repito en bucle cada vez que me paro delante de su mostrador.

A veces temo que salte desde detrás de la cámara de frío cual ninja desbocada y me rebane el pescuezo con el cuchillo jamonero, que me lo tendría merecido por plasta; pero entonces un día hago acopio de fuerzas, me pongo en estado zen, me muerdo la lengua, me trago mis demonios y mis labios contienen ese “cortamelo finito” sin llegar a pronunciarlo y ¿qué creéis que pasa? ¡Premio! que al abrir el paquete en casa me encuentro esos lonchones que con uno haces ya el bocadillo, que parece que te metes carne cruda en la boca y se me pasan todos los remordimientos.

La batería del móvil (que nunca dura lo suficiente), por Let B. Díaz

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Mi marido dice que soy adicta al móvil y creo que casi tengo que darle la razón, aunque ante él lo negaré siempre. Y es que cuando salgo de casa procuro tener el móvil con el 100% de batería y llevar un cargador de emergencia (el portátil o el que se enchufa a la red eléctrica, uno al menos) no vaya a ser que tenga que tuitear, whatsappear o subir algo a Facebook o Instagram y no pueda hacerlo… porque siempre tengo (o se me ocurre quién sabe) que usar la cámara del móvil cuando la batería ya no da para que se encienda el flash.  Pero es que, además, hasta hace unos meses yo llevaba dos móviles encima y vivía tan feliz pensando que si uno se apagaba siempre me quedaría el otro… y ahora ya no. Desde entonces a última hora de la mañana estoy en un sinvivir mirando la pilita de la parte superior derecha del teléfono móvil. En realidad es por lo único que echo de menos el otro terminal. ¡Mi vida por un enchufe!

Los llantos oportunos por María Jardón

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Que alguien me explique porque los bebes se duermen plácidamente a su hora, las 8, las 9…la que sea, pero cuando después de aprovechar ese ratito para recoger cocina, preparar ropas del día siguiente, trabajar, leer o tirarte a ver la tele, tu por fin te vas agotada a la cama y apoyas la cabeza en la almohada pensando en lo bonito que vas a soñar… ¡buahhhhhh!!!!! ¡No me lo creo!. No sé si a ti te pasará, pero en mi casa parece que hay un resorte que conecta mi almohada con la cuna del peque, porque es matemático! Da igual a que hora me acueste, que en cuanto lo hago, comienza la fiesta. Y digo yo ¿a nadie se le ha ocurrido inventar un mecanismo que haga que esto no pase? No sé, un holograma o algo que haga que parezca que seguimos levantadas, porque es obvio que ellos saben cuando nos acostamos.

Pero no os creáis que pasa sólo aquí, también en la siesta del mediodía, cuando después de recoger la cocina, etc. piensas “que bien, un ratito de tranquilidad para trabajar, leer o lo que te apetezca”…¡Buahhhhh!. En fin, sin comentarios.

Los parones inoportunos de tu serie favorita por Pilar

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Puede parecer una tontería, pero hay series que tienen la maldita costumbre de emitir unos capítulos (digamos 5 o 6) y entonces paran la serie durante dos o tres meses para continuar donde lo habían dejado.

¿Pero por qué hacen esto? sólo para fastidiar al personal, estoy segura.

Yo propongo que todas las cadenas hagan como Netflix, que emitan toda la temporada completa el mismo día, así los nerviositos como yo pueden pegarse un atracón de capítulos si lo necesitan 😉

Perder la tapa del tacón, por Nat

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Y es que me pasa tan a menudo que casi ya es una costumbre. Salgo de casa tan mona estrenando mis tacones nuevos, dispuesta a comerme el mundo, y antes de llegar a la oficina ya he perdido una de las tapas por el camino. Y una de dos, o buscas un zapatero (ya hay pocos) y le suplicas que te solucione el problema con urgencia o te resignas y pasas el día bien acompañada por un suave tintineo. ¡Qué coraje!

El edulcorante, por Ruth

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Soy de las que almuerza un cortado con edulcorante y un mini de bacon queso. Sí, bacon. Del que la OMS consideró el peor alimento del mundo mundial. Así somos los humanos del primer mundo, atiborrándonos a comida para luego sentirnos fatal. Comida baja en calorías, eso sí. Devoramos de forma inconsciente los recursos alimentarios del planeta, y luego nos empeñamos en compensar los excesos a base de gimnasios, dietas y coaches. Pagamos por comer y por eliminar lo comido. Pero yo, el cortado con sacarina, por favor.

Imágenes: Pixabay 

4 COMENTARIOS

  1. Yo descubrí que lo del bebé era porque me olía cuando entraba a comprobar que estaba tapado. Empezó a entrar su padre y problema resuelto.

  2. Yo salgo de casa con tanta batería para el móvil como si no fuera a encontrar corriente eléctrica en varios días. ¡Pánico a quedarme sin ella! Y esta moda de las series de dividir las temporadas de esta forma también me pone de los nervios. Hasta el punto de que ya prefiero esperar meses a que acabe la serie completa antes de empezara verla y seguirla de esa forma. Lo del bacon y la sacarina lo entiendo ¡es que tenemos que compensar mujer!

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