lunes, enero 24, 2022
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Propósitos que nunca cumples en verano

Estamos empezando agosto. Para unos el arranque de las vacaciones, para otros el ecuador del verano, para los más desafortunados el cruel regreso a la realidad. Para los primeros, un lienzo en blanco ante si lleno de buenos propósitos para ponerse al día con todas esas cosas que hemos estado posponiendo durante el invierno; para los segundos, una llamada de atención: «aún estáis a tiempo de recuperar el tiempo perdido y encauzar vuestra lista de propósitos»; para los últimos…. ¡sorry! se acabó lo que se daba, es momento de constatar que quizás será dentro de once meses, en otro año, de otro verano, cuando al fin cumplamos. Porque hoy vamos a hablar de todo eso que nos proponemos hacer durante el verano y que, al final… pues como que no cuaja. Vamos con nuestra lista de propósitos que nunca cumples en verano.

Ponerte morena

Puede que seas de esas a las que eso de estar morena les importa un bledo. Enhorabuena, perteneces a un escalón superior de la evolución. Si eres de las que no te importa el moreno es, sencillamente, porque has asumido que nunca vas a ponerte morena. Ergo… yo misma, que ya os conté las tribulaciones veraniegas de una chica más blanca que Casper.

Pero ¡al grano!, si todavía tienes un ápice de esperanza, probablemente pienses que este año sí, sin olvidarte de las precauciones dermatológicas pertinentes, este verano vas a aprovechar hasta el último rayo de sol para que, a tu regreso a la oficina, más de uno se pregunte si has pasado las vacaciones en Punta Cana.

Siento ser yo la que te desengañe… ¡pero no! Vas a volver tan blanca como te fuiste. O quizás no, objetivamente hablando tu piel no estará tan pálida como cuando abandonaste la oficina tras once meses bajo el fluorescente -ahora led de bajo consumo-, pero será imperceptible para la mayoría. ¿Los motivos? Diversos: Vives en el norte de Galicia y el sol apenas si lo hueles; cualquier tipo de compromiso inexcusable, tarea obligatoria, gestión administrativa te ha coincidido en días de pleno sol, mientras que aquellos en los que podías ir a la playa ha hecho un «pelete» que ¡para qué!; ha llovido toda la semana que habías alquilado el apartamento en la costa; cuando tu piel estaba preparada para abandonar la protección total ya no quedaba tiempo material para superar la fase blanco hueso; o has pasado del blanco al rojo y del rojo al blanco en un bucle infinito.

Leer más

Sé, de buena tinta, que hay gente que lo consigue. Desgraciadamente yo no soy una de esas. Porque para leer hace falta tiempo libre y yo en las vacaciones es justo cuando menos tiempo libre tengo. Porque eso de alternar y hacer vida social me obliga a maximizar el tiempo en casa para otros menesteres domésticos.

También sé que hay mucha gente que disfruta de leer en la playa o en la piscina. Desgraciadamente, siempre voy demasiado cargada como para meter peso extra con algo que no sea una revista de crucigramas -lo sé, lo sé… también están los ebooks, ya os contaré cuando me lo traigan los Reyes-. Las veces que he llegado a meterlo en la bolsa de playa, poco más que le he hecho un «tour» turístico al pobre: ¿quién puede leer pendiente de que ningún niño se pierda en la playa, que no se vayan nadando a donde les cubra o mientras insisten en que juegues con ellos a las palas».

Acometer alguna reforma en casa

No tiene por qué ser la obra del Escorial. A veces solo tenemos pendiente pintar alguna habitación, renovar un mueble, redecorar el salóncosas que durante el año no haces porque el fin de semana estás demasiado cansado y siempre hay algo mejor que hacer. Pues en verano, ¡desengáñate! Te va a pasar lo mismo. Ganas, las justas; tiempo… pues también el justo, porque con la cantidad de cosas divertidas que se pueden hacer en verano, quién va a coger la brocha.

Rebajar unos kilos

Bueno, en este caso no es un propósito estacional. No es algo que te hayas propuesto en verano. Yo suelo proponérmelo en enero, para perder lo ganado con los atracones Navideños. Lo aparco en Carnaval, un pequeño alto que, más o menos, dura hasta Semana Santa. Ahí, con el calor y la mente puesta en aligerar ropa y sacarte el anorak-burka, te lo tomas más a pecho, pero solo el tiempo justo para darte cuenta de que ya no llegas a perder nada, así que date con un canto en los dientes si te mantienes.

Porque hacer dieta y en general cuidarse es difícil con el ritmo que llevamos. No hay tiempo para nada y a veces menos para cocinar sano. ¡Ay! pero ahora que llega el verano, podemos cuidar más nuestra dieta, tendremos más tiempo para preparar platos ricos, apetecibles y super bajos en calorías… ¡Pues va a ser que no! Que si salgo de aquí, que si se me echa el tiempo encima en la playa, que si llegamos todos llenos de arena, que si tengo más colada con tanta toalla, que si ahora me llama este para quedar, que si ahora tengo una barbacoa con la otra… Total, que tiempo para cocinar, el justo; ahora bien, para hacer vida social en torno a mesa y mantel, para apuntarte a cuanto sarao y fiesta gastronómica hay a la redonda y para terracear a base de cañas y tapitas, para eso, todo el de sobra. ¡Pero a quién se le ocurre intentar ponerse a dieta en plena temporada de helados!

propósitos que nunca cumples en verano

Así que si ese vestido que te compraste en la tienda de don Amancio te quedaba un poco justo -no había otra talla-, pero da igual porque cuentas con sacarte esos dos kilos como nada en verano; pues va a ser que no. Si en junio te era justo, en septiembre te va a ser todavía más.

¡Ah! y si eres de las que con el calor se te quita el hambre, aplauso y medio para ti. A mí estar al aire libre, sobre todo si es en la playa, me pone canina.

Hacer más deporte

Aquí no me voy a enrollar. No vas a hacer más deporte no por nada especial, sino porque ya no lo hiciste en el otoño pasado, ni en el invierno, ni en la primavera… Porque al que le gusta hacer deporte, lo hace todo el año; y los que somos vagos por naturaleza, pues tenemos otras virtudes más allá de una vida activa. Aquí lo de que sea invierno o verano, que trabajes o estés de vacaciones no influye. Seguirás siendo un ser sedentario independientemente de la estación del año. Asúmelo y punto.

Apuntarse a algún curso inútil ahora que tenemos tiempo

A estas alturas del artículo, ya os habréis dado cuenta de que eso de «ahora que tenemos tiempo» al lado de verano/vacaciones es una auténtica falacia. Que no, que lo mires por donde lo mires, en el verano no hay más tiempo para nada. Para nada que no sea hacer todo eso que realmente hay que hacer en verano -y que no es poco- como entretener a los niños todo el día, preparar a diario los bártulos para irte a la playa, alternar con los amigos. ¿En serio todavía piensas en sacar tiempo para algo que no sea lo estrictamente necesario para garantizar tu supervivencia y la de la familia?

Aprovechar cada día como si fuese el último

He de confesar que esto es lo que más penita me da. Compruebas el móvil en septiembre y ves esas caras de felicidad en las fotos de finales de junio, en el festival de fin de curso, cuando teníamos por delante todo el verano, o esas instantáneas tomadas al comienzo de las vacaciones, y te preguntas ¿quién me ha robado los últimos dos meses y medio? ¿dónde se me ha ido el verano, que se ha pasado sin que me diese cuenta? ¿qué leyes dominan el continuo espacio-tiempo que hacen que enero sea eterno y julio un visto y no visto? Pero si tú te habías propuesto disfrutar de todos y cada uno de los 31 días y noches de vacaciones como si fuesen el último y, al final, apenas has podido ir siete días -y discontinuos- a la playa/piscina, te has echado dos piezas en la verbena del pueblo como top del atrevimiento y has comido helado hasta aborrecerlo como sumun del «exprime tu vida al máximo».

¡Vamos! un timo. Y tú, ¿qué cosas sueles proponerte al principio de cada verano que acaban cayendo en el olvido?

María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
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