Reeducación conyugal o realidad ficcionada

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Se lleva tanto eso de la corresponsabilidad en el hogar que una se siente un bicho raro y hasta un poco avergonzada y culpable cuando confiesa que su marido es de los de la vieja guardia, de los que pone voluntad pero carece de las competencias domésticas mínimas que se esperan de un hombre del siglo XXI.

Y, sin embargo, resulta que en un día de flaqueza, de esos de los que te ríes por no llorar, tiras de sarcasmo para exponerle al mundo -sin tapujos ni anestesia- tu cruda realidad, preparada para que te caigan palos por todos los lados de mujeres mucho más suertudas liberales, feministas y emancipadas que tú, que sí han llegado al fifty-fifty doméstico, y va y sucede todo lo contrario. Lo que encuentras es comprensión, empatía y muchos testimonios que te refuerzas en la creencia de que somos más de las que parece las que estamos embarcadas en ese complicado y no siempre satisfactorio proceso de reeducación conyugal.

Yo he de confesar que hoy desayuné morros.

Cuando vi que “Maridos de alta demanda” circulaba desbocado por la red se me puso en la cara esa sonrisita tonta de quien tiene un secreto y ha encontrado con quien compartirlo. Viéndome casi aplaudir con las orejas, fue inevitable el interrogatorio por parte del padre de las criaturas y mis explicaciones poco convincentes.

“Pues voy a leerlo”, me dijo empático.

Yo, hiperventilando y casi presa del pánico -¡a ver si el “jodio” blog me va a costar un divorcio!-, intenté distraer su atención todo lo tontorrona y melosa que pude: “¡No, hombre! Que son reflexiones íntimas y me da mucha vergüenza que me leas, además, ¿no dices siempre que a ti no te interesan demasiado esas cosas de madres que escribo?”, le dije aleteando mis pestañas y confiando en que un apasionado encuentro marital apartase su atención de cualquier otro asunto…

Pero no. No tuve tanta suerte. Así que hoy me he pasado todo el desayuno tratando de aplacar su mal humor, explicándole el concepto de “realidad ficcionada” -una miga de realidad y muchas dosis de literatura- para que no se sintiese herido en su orgullo de marido implicado en las tareas domésticas y tirásemos por tierra todo el trabajo realizado en los últimos diez años. “De verdad, cariño, que ese no eres tú, ¡qué va! Cualquier parecido con la realidad es pura ficción”.

¡Y lo peor es que tragó! Y yo no sé si sorprenderme de su capacidad para disociar la visión que tiene de sus aptitudes en el hogar con lo que ocurre realmente hasta el extremo de convertirlas en realidades casi paralelas, o maravillarme de mis cualidades como “coach” motivacional.

Pues nada, el sigue a lo suyo: “¿Qué receta preparo esta semana, risotto meloso con almejas o ragú de ternera en reducción de Pedro Ximenez?”; y yo, a lo mío, soñando con que se limite a hacer poco y bien -“¡pero si yo solo quiero que hagas unos filetes a la plancha y pases el aspirador de vez en cuando!”-, mientras de mis labios salen entusiastas arengas: “¿Vas a hacer la comida? ¡Eso es fantástico! ¡Seguro que te sale deliciosa!”.

Y todos tan contentos.

 

11 COMENTARIOS

  1. Y si a la falta de maneras para las tareas domésticas le aunamos (en el caso de mi maridito)la falta de voluntad,pa que contar. No se si es que su madre (que es la que estaba en casa) no le encargaba ni siquiera los “mandaos” típicos de niño, tales como Miguelito vete a por el pan o bajate a la plaza a ver si ha venido el de la fruta,porque él entrar en lo de compartir tareas, como que no….Eso sí, tampoco repara en que la alfombra pida a gritos que la aspiren..¡faltaría más¡ SALUDOS.

  2. Te ví hiperventilando……no recuerdo qué post fue que me pasó también… de repente le vino la empatía y me dijo… cariño hoy voy a leerte…… desconecté hasta el wifi… y ni con esas porque la mayor lo enchufó…..

    y es que cada blogger tiene su post… y ese es tú post… lo que pasa es que tu ya tienes una lista de TU POST…..

    besoslibres

  3. ¡Jajaja! Oye, pues si se sintió identificado con lo que contaste ¡por algo sería! Al papá de mi bichilla también le molestan ciertas cosas de las que digo acerca de él en el blog, porque dice que lo presento como si fuera un histérico miedica para esto de la crianza. Ahora, yo no logro reconducirle como tú.¡No hay quien lo saque de sus ideas!

  4. No es que no me hagan gracia estos artículos, que sí, y mucha, pero me preocupa un poco esto de perpetuar el “yo me callo, que me tiene que entender, a ver si va aprendiendo por ósmosis”.
    Que sí, que nos reímos y que es verdad y todas lo hablamos, pero de verdad que me he encontrado con demasiadas mujeres que tienen estas quejas pero jamás lo hablan en serio con sus parejas, o se quejan pero no les dejan tocar nada porque “lo hacen mal”.
    Quizá también es hora de fomentar relaciones sanas desde este buen humor (después, claro, de reírnos un poco de la ceguera-del-polvo y de que no entiendan la lavadora pero sí un motor de cuatro tiempos).
    Enhorabuena por el blog!

  5. […] Algunas ya las pongo en práctica con más o menos éxito. Pero, sin duda, en estos años he descubierto que lo que mejor funciona es, al igual que con mis hijas, el refuerzo positivo. No hay nada más motivador para él como un “¿Has tendido la ropa? ¿Sin que yo te lo recordase? -baile de la victoria de por medio- ¡Dios mío! ¡Ni te imaginas lo feliz, descansada y satisfecha que me siento de llegar a casa y ver la ropa ya recogida! Es más, creo que tiendes la ropa genial, deberías hacerlo con más frecuencia, porque a mí no me queda tan bien estirada ni de coña. Seguro que hasta seca antes”. Sí, lo sé, puede sonar exagerado, esto también es un arte y hay que aplicarlo con destreza, no vaya a darse cuenta de la estrategia. Pero si dominas este punto, los avances son rápidos y evidentes. […]

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