Relaciones humanas y emoticonos: el quererse sin tocarse

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Reproduzco despedida de un día cualquiera en un chat cualquiera de WhatsApp, Telegram, Messenger… o su fruta madre: “Un beso”. ¿Creéis que se acaba ahí? No, claro que no. Ese beso va seguido de un número indeterminado -entre tres e infinito- de emoticonos con un ojo guiñado y los labios fruncidos  para lanzar un beso de los que sale un corazón. ¿Os suena? Relaciones humanas y emoticonos, cómo ha cambiado la película.

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Quererse en los tiempos del tête à tête

Desde que el mundo es mundo las personas hemos demostrado nuestro cariño a través del contacto físico. Nos hemos deshecho en besos, abrazos, caricias… por no entrar en otro tipo de demostraciones más íntimas al calor de las sábanas. El contacto físico nos permite reconocernos con todos nuestros sentidos. Reconocer nuestro olor, reparar en lunares, dejarnos acariciar por un tono de voz…

Cuando la distancia imponía sus kilómetros, hasta hace solo unas décadas, esos roces se veían trasladados a ardientes misivas que llegaban al destinatario sin que el cartero sintiera su calor. Notas manuscritas en las que se ponía negro sobre blanco todo aquello que en persona hasta daba vergüenza decir. Esconderse detrás del papel daba patente de corso para confesar los más bajos -o altos, según se mire- deseos.

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Las nuevas tecnologías

El siglo XX trajo tantas novedades… Un salto cualitativo descomunal tuvo lugar, sobre todo desde la segunda mitad del mismo. Nuestros hijos e hijas ven como algo habitual el uso de los teléfonos móviles, el ordenador, la televisión y tantas otras cosas para cuyo uso sus abuelos tuvieron que adaptarse. La increíble sensación de cercanía con esas personas que están tan lejos, sin necesidad de esperar días o incluso semanas para saber de ellos, es brutal.

Puedes hablar cada día con ese familiar que vive en esa otra punta del mundo. Puedes, incluso, pasarte semanas sin hablar pensando que hablas. Los servicios de mensajería hacen posible que creas que no te estás perdiendo nada sin siquiera escuchar su voz.

Pero, ¿qué ha pasado con las relaciones humanas en los tiempos de los emoticonos?

El 2.0 y el 1.0: ¿amor u odio?

Siempre digo que para mí el 2.0 ha constituido una verdadera revolución. Desde que asistí a aquella primera fiesta de Malasmadres en mayo de 2014 no sólo mi forma de relacionarme con el mundo ha cambiado. También lo ha hecho mi círculo de amigos y hasta mi manera de ganarme el pan. Y todo ello está relacionado entre sí.

Durante ese 2014 pasé incontables horas enganchada a varios chats de WhatsApp. En ellos hablábamos fundamentalmente de crianza y educación de los hijos; de problemas laborales; nos quejábamos de los inconvenientes que la inconciliación llevaba a nuestras vidas. Eran conversaciones en las que nos abríamos en canal para desahogarnos en un momento vital similar. Conversaciones plagadas de corazones, de besos, de abrazos. Gestos de cariño no dados, ni siquiera escenificados porque tampoco había oportunidad. Gestos que, quizá, no hubiéramos reproducido en la “vida real”.

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Relaciones humanas y emoticonos: el quererse sin tocarse

Todo ello me lleva a preguntarme si estamos desarrollando una verdadera desafección a la piel.  Pero voy más allá. Me da miedo estar participando, de forma inconsciente, en la creación de una sociedad en la que las habilidades sociales, valga la redundancia, estén desapareciendo. En la que nos resulte más fácil relacionarnos a través de una pantalla que hacerlo en el cara a cara. En la que nos cueste menos mandarnos besos virtuales que agarrarnos de la mano.

Reflexionamos mucho acerca de lo buenas o malas que pueden ser las pantallas para nuestros hijos y bromeamos con nuestra adicción al móvil. Pero no creo que estemos parándonos a pensar demasiado en lo que escondemos tras nuestra pantalla. En los efectos profundos que puede causarnos. Si el porno está cambiando nuestra sexualidad… ¿qué pasa con todos esos besos que mandamos pero que no daríamos en persona? ¿Tenemos una doble personalidad, diferente para cada faceta de nuestra vida?

¿Dejaremos de tocarnos? 

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

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