Víctima de la desactualización

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En nuestro glosario se han colado expresiones como “Soy de Android” o “Soy de iOS (alguno también hay de Windows Phone, yo una vez lo fui) como si fueran lo más normal del mundo, pero si nuestro yo de hace apenas diez años se encontrara con nosotros se quedaría perplejo al escucharnos. Esta no tan arbitraria elección del sistema operativo de nuestros móviles determina el tipo de cosas que podremos hacer con ellos, las aplicaciones que tendremos disponibles y las que tardarán más en llegar a nosotros (cuando estaba en Windows Phone yo tenía Instagram, por ejemplo).

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El caso es que yo ahora soy de Android, como buena parte de mis amigas, pero muy a menudo me siento víctima de la desactualización. La otra parte es de iOS y ellas son unas privilegiadas para las que hay cambios antes que nadie. Así sucedió hace unos meses cuando, en uno de esos chats de WhatsApp de amigas que tengo, una empezó a enviar lo que yo visualizaba como barritas verticales “¿Qué es eso?” pregunté. Pero mi mensaje quedó perdido entre un montón de globos con esas barritas acompañadas de frases tales como “¿Has visto este?”  por lo que deduje que había iconos nuevos… y que me los estaba perdiendo. Esas eran las de iPhone.  Mientras ellas se lo pasaban pipa con los iconitos nuevos la enanita gruñona que hay en mí refunfuñaba hasta que dije “Yo no los veo” y empezaron los ” ¿y este, Let? ¿y este otro?”. Me dieron ganas de decirles “ya os he dicho que no, coño“, aunque me contuve y fui diciendo “No” pacientemente.

Esto ocurre cada X meses, cuando WhatsApp decide actualizarse. Llegué más tarde a las flamencas y las manos con distintos tonos de piel para celebrar la diversidad (que alguien me explique quién la tiene de ese amarillo tan intenso) y estoy esperando ansiosa el emoji de la paella… y no me vengáis a decir ahora que ya lo tenéis porque acabo de comprobar mi teléfono y NO LO TENGO. En la nueva actualización hay cienes y cienes de iconos, incluido un unicornio (wiiiii) y un montón de tipos de familia (diversidad otra vez) pero la paella aún no.

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El caso es que, aunque yo soy de Android, mi móvil debe de vivir en una especie de limbo desconocido al que no llegan las actualizaciones al mismo tiempo que los demás. Ya, ya sé lo que me vais a decir, que soy una listilla de manual y yo también lo díría, que no he actualizado la aplicación y por eso no me llegan. Está actualizada, os lo juro, que para eso las tengo en automático y en cuanto pilla la WiFi de casa se pone on fire. Sólo se me ocurre una explicación: mi móvil se preocupa por mi salud y como sabe que me cuesta encontrar los iconitos nuevos en las aplicaciones de mensajería me quiere ahorrar la ansiedad de estar buscando. ¿No os ha pasado nunca? Empiezan a llegar notificaciones (en esto mi hermana es experta, lanza iconos a la velocidad del rayo) y tú como una idiota tratando de localizar algo original, buscando rápido por las pantallas, tan rápido que llegas a esas de las ciudades que nunca has visto a nadie usar y cortocircuitas mirándolas, pensando en qué podrías utilizarlas… total que, al final, te vas a los iconos recientes y eliges uno de los habituales… mejor ir a lo seguro.

Hace unas semanas, mientras chateaba tranquila en Facebook Messenger con las chicas de la redacción, envié un corazón (somos de mucho amor  en Mujeres y Madres Magazine). Y leí la temida frasecita “¡Cómo mola!”. Y, claro, pregunté. Error. “¿No ves lo de los corazones?”. Mascullando mi frustración respondí: “¿Lo de los corazones?” Por lo visto con cada corazón se desecadenaba una explosión de amor que yo, una vez más, no veía. Para demostrarlo, las chicas enviaron pantallazos llenos de corazones por doquier. Vaya… una cosa más que me perdía, yo que soy tan de corazón…

Esa es la tirita que yo veía... y ahí tenéis a la enanita gruñona
Esa es la tirita que yo veía, la explosión de corazones… y esa es la enanita gruñona que hay en mí

… tanto, que el remate me llegó en San Valentín. En ese mismo chat, en el que pasamos horas y horas, recibo lo que en la pantalla de mi móvil parecía una tirita con el símbolo de la cruz roja en alargado. Y pulso. Y descubro que se trata de un regalo envolviendo una frase. ¡Ohhhhhh! No podía ser más cursi pero molaba tanto. Empiezo a preguntar y me dicen dónde se localiza el botoncito para preparar el paquete y… ¡sorpresa! yo no lo tengo. Esto no me podía estar pasando. En mi afán por poder envolver emoticonos, frases y lo que se me diera en gana no solo comprobé las actualizaciones, sino que llegué a desinstalar e instalar de nuevo la aplicación… ¡en vano! ¿Alguien en la sala puede arrojar algo de luz a este misterio? ¿Le ocurre a alguien más? Anda, no me dejéis sola… y víctima de la desactualización una vez más.

Imágenes: Pixabay y el misterioso chat de esa redacción

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

7 COMENTARIOS

    • Jajaja! Let, lo que no te pase a ti! Pues yo soy de Android de toda la vida y lamento decirte que… como Pilar también lo veo todo!!! Paquetitos de san Valentín, corazones… También es cierto que no me irrita lo que no veo… porque como no lo veo! 😉
      yo creo que tu subconsciente está intentando comunicarse contigo “quiero un Iiiiphoneee, quiero un Iiiiphooone” Besos y no desesperes!

  1. Que bueno Leticia!! Yo es que vivo desactualizada yo misma, pocas veces actualizo app a no ser que haya un super cambio como el de gestionar varias cuentas de IG a la vez ¿este si lo sabias verdad?

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