El sexo y el deseo

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El otro día estaba cenando con una gran amiga y nuestra conversación fue derivando hasta que acabamos hablando de las relaciones sexuales (¡qué malotas!). Entre copa y copa de vino llegamos a una potente conclusión: el dinero no es el que mueve el mundo, sino el DESEO. El deseo en el más amplio sentido de la palabra, como anhelo de disfrutar o poseer algo. Para Aristóteles, ésta es la única fuerza motriz del mundo.

Para que una relación sexual sea satisfactoria, tienen que existir dos tipos de deseo: por un lado, el deseo sexual en general o libido que cada persona tiene -o no tiene- en abstracto, y que entendemos como un impulso interior que clama ser satisfecho (el calor, amigas, ese calooooor). Por otro lado, para que el sexo sea realmente satisfactorio es necesario que exista un deseo mutuo. Esto significa que no solo necesitamos sentir “calor” sino que ese calor tiene que aumentar cuando se proyecta sobre nuestra pareja sexual (cuando le vemos, imaginamos, besamos, rozamos…).

En otras ocasiones hemos hablado de lo importante que es conocerse y autoexplorarse, practicar distintas técnicas amatorias y empoderarse en la cama. Pero, ay… El deseo es como la levadura del bizcocho. Da igual la calidad de los ingredientes, el mimo con el que se mezclen y la destreza con la temperatura del horno, sin deseo lo único que podemos conseguir es un soufflé chuchurrío. Que sí, que está bueno… Pero donde esté un buen bizcocho esponjoso…

Después de la cena que tuve con mi amiga no me podía dormir. Preguntas, algunas incómodas, empezaban a colisionar en mi mente:

  • ¿Se puede sentir deseo hacia una persona y tener mal sexo? Sí, claro. Hay miles de factores que pueden entorpecer una jornada que prometía ser épica (nervios, desconocimiento, impericia, alcohol, ataduras mentales y así hasta el infinito).

  • Por contra, ¿se puede tener buen sexo sin deseo hacia la otra persona? Pues probablemente sí, si nos conocemos, hay confianza, sabemos lo que nos gusta y estamos relajados… Pero ya que Halloween está cerca, si me preguntan ¿truco o trato? Es decir, ¿eliges tener buen sexo aunque sin deseo o prefieres que haya deseo y lo demás está de más, uououououooo ya se verá? Pues yo lo tengo claro, me llevo cuarto y mitad de deseo, oiga. El deseo es lo que no puede faltar... Con lo bonito que es explorar nuevos escenarios, aunque sea con la misma pareja de baile. ¡Cambiemos el decorado!

Admitámoslo, en este punto del dircursito la pregunta que se nos está haciendo bola en la garganta es ¿el deseo hacia otra persona muere con el paso del tiempo? Pues si estamos hablando de lo que ocurre en una pareja estable, tenemos que convenir que lo más normal es que el deseo se vaya apagando porque éste último está ligado a lo desconocido, a lo inalcanzable, a lo soñado. Cuanto más inaccesible es una persona, más deseo sentimos hacia ella. Así que obviamente ver a nuestro amante con las legañas todas las mañanas y oír sus ventosidades acaba por desgastar nuestra “levadura”.

Para las personas que optan por la monogamia (¡insensatas! XD) y la fidelidad en el terreno sexual, cuando el deseo empieza a dinamitar las noches de peli “con final feliz”, las “siestas” de fines de semana o las mañanas alegres de los sabadetes, la primera opción es abrir el melón, es decir, abrir la relación. Así de claro.

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Efectivamente, la ciencia asegura que las relaciones abiertas funcionan.

Cuando hablamos de “apertura” en términos de pareja, se abre (jjjj…) un abanico muy amplio de posibilidades cuya explicación excede la intención de ese post, pero como primera aproximación teórica podemos situarnos en el denominado “poliamor jerárquico”. Esto significa que una pareja amorosa es la principal y con las otras personas solo se tiene sexo sin que se establezca un vínculo emocional fuerte (en principio). Otra alternativa para mantener el deseo es el intercambio de parejas o swingers, en los cuales ambos miembros de la pareja acuden a locales dedicados a ese fin -normalmente- para dar rienda suelta a su deseo sexual con otras parejas. Por supuesto, tambiénpodemos formar parte de orgías o sexo en grupo. Todas éstas son opciones que permiten, según los expertos, no solo volver a sentir el deseo sexual hacia otras personas, sino aumentar el que sentimos por nuestra propia pareja.

Esta decisión tiene que ser ampliamente consensuada y dialogada en la pareja, y siempre se debe trabajar previamente uno de los pilares de nuestras relaciones tradicionales: el sentido de la posesión excluyente que está detrás de los celos. Embarcarse en una relación abierta sin habernos autocuestionado sobre estos conceptos puede llevarnos a sentir un dolor inconmensurable y a situarnos en condiciones de desigualdad respecto a las vivencias de nuestra pareja. Nos han educado en la monogamia: el cambio debe hacerse con cautela, respeto, comunicación y escucha.

Por contra, si nos aterra poner en peligro nuestra relación principal hay que tener cuenta que estas prácticas o formas de vivir el amor no están exentas de riesgos y es que como se suele decir, “quien juega con fuego, se quema”.

Así que si eso de la “relación abierta” nos da más miedo que tener a Freddy Kruger como ginecólogo, lo del deseo vamos a tener que currárnoslo de otra manera y mucho. En lugar de abrir la pareja, la receta pasa entonces por concentrarla, por hacerla más sabrosa. Habrá que echarle mucha imaginación, mantener la comunicación con nuestro chico, huir de las rutinas en lo horizontal y en lo vertical, buscar momentos para el romanticismo y no perder la complicidad y la confianza.

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Ah… Que somos madres….

Pues como os decía, las relaciones abiertas… Jajaja. No, en serio, la realidad es que podemos seguir muchos tips para conseguir que nuestra pareja funcione. Elijamos lo que elijamos, persigamos nuestro sueño.

¡Suerte!

Fuente de las imágenes: Pixabay

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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15 COMENTARIOS

  1. Y donde quedo que el deseo sexual está en el cerebro?? Pero que bien escribes, jodida…
    Lo peor de las “relaciones abiertas” es llegar al consenso con tu pareja de que significan “abiertas”… Y una vez que hay consenso, buscar los espacios individuales, que cuando se es madre/padre son como las meigas.. Existir, existen. Pero encuéntralos…

    • jajajajajaj, pues a mí sinceramente me parece menos complicado encontrar “esos espacios individuales” que ponernos de acuerdo para el romanticismo, las velitas, los mimitos, los post-its jajjaja, pero lo que digo… El riesgo está ahí fuera. Yo me quedo en casita que va a caer una buena, XD

      Besazos

    • Es una de las alternativas, cualquiera de ellas es igualmente válida, siempre que os funcione a vosotros, claro que sí. La apertura es muy, my complicada, tanto de plantear como de asumir y de ejecutar. La cuestión es no dejar que la cosa “decaiga”, echar toda la carne en el asador.
      A disfrutar pues!
      Besos Bea!

    • ¡Pues aceptada la discrepancia! Aquí solo se dan posibilidades, y luego que cada pareja haga de su capa un sayo o lo que buenamente pueda 😛

      Besotes

  2. Fantástica exposición. La que has abierto el melon eres tu. Toca hacer examen de conciencia y evaluar nuestras relaciones. Por cierto, documentándose para hablar de intercambio de parejas llegue a un dato abrumador. Más del 80% de las relaciones en el seno de las cuales se produce un intercambio de parejas, orgia, etc, la proposición parte del hombre y la mujer acepta por no decepcionar a su pareja. ¿No te parece abrumador? Tanto el porcentaje -nos queda mucho para alcanzar la paridad sexual- como las razones femeninas… Good job friend

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