Fantasías eróticas: esos kikis imaginarios

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Por La Psicomami

Fantasías… Ay, las fantasías: comerse un kilo de helado de chocolate (con tropezones, y de los grandes) sin que pase nada (en ninguna parte de nuestro cuerpo), entrar en esos vaqueros dos tallas menos, la copa C (o la D, la E…), tirarte al camarero reguleras ése que te indoma (porque los camareros tienen ese “je ne sais quoi” que RRRRR, aunque sean feos). Fantasías. De éstas últimas, de las de camareros y barras, de playas y aviones, son de las que vengo yo a hablaros hoy. De primero un poco de “teoría”, y para terminar dos ejemplos prácticos, para hacerlo completo (el post, digo).

Lo habitual es pensar que una fantasía es un “algo” que, en el fondo, queremos realizar. Pero no es así, y esa confusión puede generar malestar, por aquello de que en ocasiones una se sorprenda a sí misma con fantasías “extrañas” (¿Qué clase de persona soy si lo que me enciende es envolver la “salchicha” con tranchetes?). He visto a muchas mujeres preocuparse por el contenido de algunas de sus fantasías (alguien que no es su pareja, varias personas, de varios colores, cuerdas y cabeceros, etc.), pero… ¿por qué? Tenemos “insertado” que pensar en algo es igual a hacer ese algo, y ahí es donde radica el problema.

Existen dos tipos de fantasías: las realizables, esas que sí que nos apetecería hacer, y que, además, son factibles, y las fantasías al cuadrado, aquellas que pertenecen puramente al terreno de la imaginación. ¡Y no pasa nada por imaginar (voluntariamente o en sueños) cosas nuevas! De hecho ésa es la función de las fantasías: son la herramienta (metafórica, no pensemos en…) para poder disfrutar de variedad, probar cosas nuevas (que puede que nos gusten, o puede que no), intentar algo imposible (o casi) en la realidad… (como el kiki en gravedad cero, ¿a que molaría?)

Es importante que hagamos esta distinción. Es clave que tengamos claro que “soñar” con una actividad concreta y excitarnos con ello puntualmente no significa que queramos realizarla. Paz de espíritu, hermanas. Y fantasead, que es sano, gratis, y muy muy placentero, porque si no, como decía la Emperatriz en “La Historia Interminable”: “la nada se comerá Fantasía”. Y eso es una pena, hombre.

Dicho esto, hablemos de mitos fantasiosos y de realidades, ¡ya verás, ya!

cocos

Todos hemos fantaseado alguna vez con la idea de echar un caliqueño on the beach. ¡Sería tan romántico! Imagina: el sonido de las olas, el olor a salitre, la luna reflejada en el mar, sus brazos rodeándote, la pasión se desata. Él sube tu falda, tú desabrochas sus pantalones, te toca, le tocas… No puedes más, os dejáis llevar y rodáis por la arena… Entonces esa arena se te mete por el culo (y en otras partes) y adiós muy buenas: el preservativo (que hay que usar, queridas mías) al carajo (prueba a frotar uno con azúcar en casa, verás qué guay), y tus partes, que estaban preparadas para recibir “una de cal” se encuentra con “una de arena” (en realidad nunca supe cuál era la buena, pero vosotras entendéis el concepto, ¿no?). Ay, amigas, vale, es cierto que la vagina tiene “paredes” pero no por ello hay que venirse arriba y hacerles gotelé. Follisquear en la playa no es tan bonito. Y eso que no hemos entrado en terreno “mirones/pajilleros”, que da para un post en sí mismo (o un programa de Callejeros).

  • Consejo: si crees que hay posibilidades de dar rienda suelta a la pasión en la playa, echa en el bolso ese tan grande que llevas (aka shopping bag) una toalla o una telita para proteger “cocos y palmera”.

Polvo en avion

Volareeeee, uuuuoooo, cantareeeee (y follisquearé). Más o menos eso decía la letra de la canción, ¿no? Qué afición tenemos a fantasear con la idea de hacerlo en el baño de un avión, ¿eh? ¿Con un desconocido? ¿Con tu chati? Estás en pleno vuelo, ojeando tranquilamente una revista (¡Qué caro está todo en la tienda del avión, copón!), y entonces notas cómo él te clava… la mirada. Le observas de reojo, sigue mirándote. Disimulas y pasas la página, “Cacahuetes” y “Chocolatinas”. “Ummmm, me comería ahora mismo siete kilos”, piensas, y te relames, porque llevas a dieta un mes, y tienes hambre. Vuelves a mirarle y ahí sigue, observándote mientras se coloca el cuello de la camisa. Hace calor de pronto. Empiezas a ponerte nerviosa, ¿qué querrá? Optas por la huida y te diriges al baño. Está ocupado. De su interior surge, con prisas, una señora. Das un paso atrás y chocas con alguien. Una suave y cálida respiración recorre tu nuca, acariciándola. Te giras y… ahí está él, de pie, frente a ti. Una azafata pasa a empujones por el minúsculo pasillo y provoca que vuestros cuerpos se choquen. Os miráis a los ojos, cerca, muy cerca. Tu pulso se acelera, ¡joder qué labios tiene! Él te agarra de la cintura y, con un movimiento rápido, te lleva al interior del baño cerrando la puerta tras de sí. Entonces lo notas, está ahí, ese olor a “meao añejo” y a “truñillo de otro” que se te pega en los pelillos de la nariz. Él intenta quitarte los pantalones, pero la única manera de lograrlo sería si treparas a lo Spiderman por las paredes de ese cubículo de 1 metro cuadrado. Como no te la meta en el bolso, que es el único hueco que queda…

  • Consejo: Tampoco hay que hacerlo todo en la vida. Deja que esto se quede en el terreno de la fantasía al cuadrado, donde el espacio es amplio y huele a Ambipur.

Y es que, queridas mías, ya habéis visto que hay fantasías que no tenemos por qué llevar a la práctica. El mito es bonito, pero la arena pica, y el olor a pipí no es especialmente afrodisíaco. Como éstos hay muchos ejemplos, lugares y situaciones en las que, víctimas de las leyendas urbanas y el cine, nos encantaría vivir un tórrido encuentro: un ascensor, en el cine, un probador… Pero una cosa son las expectativas y otra muy distinta la realidad. Y de realidades, y arena, están las consultas de los ginecólogos llenas. ¡A fantasear!

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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34 COMENTARIOS

    • Jajaja y eso que hablamos del baño de un avión, si fuera el del AVE (como comentó Sara en Twitter -conversación de la que salió este post-) ya es que tienes que ser la mujer-lagartija (o la mujer compresa, extrafina, claro) porque… 😉

  1. Maldita arena, siempre que veo esa mierda me dan ganas de barrerla toda, hombre ya! Donde esté un buen pradito de césped que se quiten las playas arenosas! Además no sé cómo, pero se multiplica, parece que críe!

    • Hay un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre en el que Robin, tras pasar dos meses en playas argentinas pero ya de vuelta en New York, se pregunta de dónde demonios sigue saliendo arena en su piso. Es así, la arena es eterna, está viva, y por lo visto se reproduce más y mejor que nosotros. Y si que se meta en tu piso es un coñazo, no te quiero contar si donde entra es en… XD

  2. Ay madre cuanto daño ha hecho el cine, que enseguida nos imaginamos en isla tortuga, la playa del lago azul, donde Brook Shields perdió la virginidad, o imaginamos un beso como el que se dieron Burt Lancaster y Deborah Kerr en De aquí a la eternidad. Que no que no, que aquí la plebe se maneja en otro tipo de escenarios, con su arenita pegajosa y restos de medusa haciéndonos la puñeta…

    Y si de aviones hablamos, bastante tenemos con sufrir el síndrome de la clase turista, que estás pensando en comerle la oreja al guaperas que por un momento ha cruzado la mirada contigo, y tú lo que único que llevas cruzada es el maletroncho 3X4 en los pies, y que no te ha dado la gana facturar…está la cosa como para acomodar al maromo en tu asiento…

    Pues eso, busquemos alternativas y no dejemos de fantasear…aunque por momentos se conviertan en alucionaciones…. Salu-dox

    • Bueno, bueno, bueno… lo del beso de aquí a la eternidad es que lo iba a poner, porque ahí es donde empezaron a vendernos la moto. Vamos a ver, los dos tiraos en la orilla, en la mismica orilla, donde rompen las olas, ¿de verdad? ¿No había una mala tumbona en esa playa? Que viene la ola y ya no sabes si lo que tienes en la boca es la lengua de tu chati o un puñao de algas (y mira, las algas serán muy sanas y todo lo que tú quieras, pero no saben besar).

    • Jijiji Es gracioso, pero también es un drama… Piensa en todas esas mujeres que, presas de la pasión, acabaron encajadas entre el wc y el lavabo de un avión. Esa postura no está en el Kamasutra. Jajaja

  3. jajajajajjajajaja, sencillamente amiga eres una crack en esto de hacernos reír con el cuasisexo y las pajas mentales (never better said) XD

    • Jajajaja paja mental!!! En este caso sería “Ver la paja en el baño ajeno, y no ver la arena en el ojete propio” (creo que este dicho resume el post)
      ¿Cómo que cuasisexo? Ay, ay, ay, ¿he sido demasiado light? No me tientes, no me tientes… XD
      Gracias, hermosa!!!

  4. Me partoooooo! Pues yo soy súper pro caliqueño on the beach, debidas precauciones. Es lo más. Y dentro del agüita con las olitas también. Lo del baño del avión… es que nunca me ha parecido nada especial y ya con tu descripción olorífera… No lo podré olvidar. Muy divertido todo, cochinota. Gracias por alegrarme la tarde, que me voy a un curso y me da perezón. Me entretendré con fantasías varias, que por cierto yo voy a vieja verde porque cada vez tengo más y más “especiales”. Besis, amiga

    • Bravo por lo verde, y bravo por fantasear en mitad de un curso!!! Ventajas de ser mujer: podemos ponernos indomables ebrigüer, que no se nos nota (salvo que te entren los sudores de la muette o te hagas un “Cuando Harry encontró a Sally”). 😉

  5. Hola preciosa! Pero qué razón tienes…. He pasado por ahí, sí, me siento muy identificada…. Sobre todo recuerdo las palabras de un novio malagueño al que se lo propuse… Jajaja! – Pero Xiquilla… tú sabes lo que estás diciendo? Con el aire los pelos en la cara, te aparece de pronto uno que ha salido detrás de una farola y tres días más tarde aún te estás sacando arena del culo… – 😉

    • ¡Gracias, guapi! La verdad es que, fuera de coñas, fantasear es de lo más sano que hay, ¡no debemos dejarlo! Además, como decía, es gratis y se pueden hacer tantas cosas… sin arena, sin olores… 😉

    • ( 🙂 Yupiiii!) Ains, yo no sé de dónde nos vendrá esa querencia… ¿Será de las pelis de James Bond? ¿Tendrá la culpa el jet privado del chati de Samantha en Sexo en Nueva York? Porque cualquiera que haya estado en un avión normal y corriente tiene claro que “eso no va a pasar”.

    • Efectiviwonder, con la infraestructura necesaria lo de la playa bueno que bueno, pero lo del avión/AVE, ¡puaj! Claro que si tiramos de medios, en un jet privado o en primerísima primera clase quizá… Vamos, que es como todo, si tienes pasta no hay problema de ná. XD

  6. Me ha encantado. Lo de la playa nunca me ha llamado la anteción; tenía claro lo de la arena, pero lo que no hedescartado es lo del mar…. Mmmm. Por cierto, no todos los WC de los trenes son pequeños. En Austria subí a unos trenes en los que los lavabos eran espaciosos, se podía entrar con silla de ruedas y los revisores entraban y salían constantemente con el flis flis con lo que olían aceptablemente… O sea que si teneis pensado un viajecito por Austria; mejor en tren que en coche. 😉

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