miércoles, octubre 27, 2021
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Sipi, nopi… la revolución de los cromos

Coleccionar cromos es, sin duda, una de esas actividades que inevitablemente asociamos a la infancia. Esas «estampitas» que pegábamos con esmero tratando de no pasarnos con el Supergén, esos tacos de cromos atados con una goma, esos recreos al ritmo hipnótico del «sipi,nopi», esa emoción de acudir al quiosco con 25 pesetas en la mano y abrir con cuidado los sobres confiando en que no nos tocase ningún «repe»…

Seguro que con la maternidad/paternidad los cromos han vuelto a vuestras vidas. Y seguro también que, como nuestros padres entonces, cuando uno de vuestros hijos e hijas aparece con un álbum debajo del brazo, de esos que dan a la salida del cole, os entra un sudor frío pensando cuánto os costará -de dinerillo hablo, no de esfuerzo- completarlo. Os voy a contar un secreto. Coleccionar cromos ya no es lo que era. Gracias a las nuevas tecnologías e internet resulta más cómodo, fácil y asequible. Puede que se pierda parte del encanto de ver desfilar ante los ojos infantiles una sucesión de «estampitas» en busca de la idónea pero, a cambio, ya no hay colección que se resista.

Yo, en cuanto a cromos, toco de oído. En casa, el que se encarga del coleccionismo en general es el padre de las criaturas. Como os conté alguna vez tiene una vena friki solo a la altura de la mía propia, así que el afán por los cromos de sus hijas le ha dado la vida.

Así que hoy lo he invitado a tomar la palabra para que comparta con vosotros toda su sabiduría y que, como a él, no quede colección sin completar en vuestras casas. Os dejo con Raúl:

«Cuando era un chaval adoraba los cromos. Mi primer álbum me lo regalaron a las puertas del cole en 1982. Era un compendio de los mejores jugadores de la Liga. La estampita más buscada era la de Maradona. Se contaba que llegaron a ofrecer 1.000 cromos a cambio por ella. Aquello no parecía real porque, en realidad, el jugador más buscado de aquel álbum se llamaba Peñín y jugaba en la UD Salamanca. En verano llegó el Mundial 82, el de Naranjito. Y aquel álbum de pastas verdes fue todo un descubrimiento. Además de poder acceder a montón de datos (los nombres de clubes, ciudades, idiomas…) el álbum de Panini supuso para mí un flechazo definitivo.

cromos

Con los años, los cromos pasaron a un segundo plano y de ahí al desván. Muchos álbumes se quedaron sin completar y otros permanecieron guardados. Hasta que llegó la siguiente generación y, de nuevo, a la puerta del cole, aparecieron los álbumes para completar. Peppa Pig, Animales, Violetta… cambiaban los protagonistas, pero la esencia era la misma.

Sin embargo, 30 años después de aquellos comienzos, hoy en día coleccionar resulta mucho más fácil. Además de poder intercambiar en el colegio, los álbumes se completan en un tiempo mucho menor. Solo hay que rastrear la red. Así comencé yo. Primero a través de Panini, el mayor fabricante de cromos del planeta (existen otros como Topps, Upper Deck) que posee una zona de intercambio a través de su web y redes sociales. Son los coleccionistas los que se organizan para contactar y realizar los intercambios.

Sin embargo, fuera de la red oficial, hay varias páginas de referencia. A nivel español la mayor es cromosrepes.com. En esta web con la sola inscripción ya puedes entrar a formar parte de un club en el que miles de usuarios participan de millares de colecciones.

A través de un intuitivo sistema, puedes elegir la colección, indicar los cromos que te faltan y tus «repes». Con una sencilla búsqueda de aquellos cromos que necesitan te saldrán al instante todas las posibilidades de intercambio.

Mientras seas un novato -esta etapa se supera cuando completes diez cambios con éxito-, tendrás dificultades para encontrar a algún “amigo” que se arriesgue a intercambiar contigo -los cromos son un bien preciado y por el mundo adelante hay mucho irresponsable-. Pero, a partir de ahí, todo serán facilidades.

La plataforma funciona como motor de búsqueda de cromos y como herramienta para que los usuarios contacten pero, a partir de ahí, el intercambio propiamente dicho se arregla entre los protagonistas. 

Yo habitualmente utilizo el correo postal, el de toda la vida. Una vez cruzadas las direcciones, es el momento de envolver adecuadamente los cromos y enviarlos. Una vez recibidos, se evalúa al usuario que te ha enviado el paquete. De este modo, si valoras positivamente y eres evaluado, tu reputación aumentará y te saldrán más intercambios.

No siempre intercambias cromos, en ocasiones, si mi interlocutor no tenía nada que me interesase, he llegado a intercambiar sellos para financiar mis envíos. Como veis, es otro mundo que, por otra parte, también permite recuperar el correo postal más allá de la propaganda electoral y las cartas del banco 😉

A nivel europeo existen otros puntos de referencia semejantes (Laststicker, Collectors, Paninimania) y todos funcionan del mismo modo: contacto previo, negociación, acuerdo, envío y recepción del material».

Bueno, y aquí nuestra experiencia familiar con el intercambio de cromos. Espero que os haya inspirado y que, a partir de ahora no dejéis de completar ninguna de vuestras colecciones.

María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
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