Yo también soy gay

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Lamento haberos mentido en el titular de este artículo al deciros que “yo también soy gay”. Lo cierto es que no, no soy gay, por más que en esta revista hayamos fantaseado con ello, soy hetero. Tremendamente hetero. Hago la confesión, así, a letra abierta, de la misma manera que se ven obligados a hacerla miles y miles de personas homosexuales a lo largo y ancho de este planeta. Lo hacen porque se supone que tienen que hacerlo en vez de vivir con total normalidad una parte de sí mismos, la sentimental y sexual, que no le importa a nadie, salvo a ellos. Lo hacen sabiendo que en muchos lugares del mundo no solo está prohibido serlo, sino que, además, puede costarles la vida. No quiero ni imaginar el calvario que deben de vivir quienes se ven obligados a esconder su esencia por miedo a las autoridades, pero tampoco quiero imaginar cómo debe de ser tener que callar por temor a la reacción de tu entorno. Duro, muy duro.
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Me alegra poder decir que vivo en un país en el que se aprobó el matrimonio homosexual hace más de diez años, convirtiéndose así en uno de los primeros del entorno europeo en hacerlo, a pesar de que no somos una de las sociedades más avanzadas. Eso es así. Por eso llama mucho la atención que en otros países que tienen recorrido un camino más largo en cuestiones de índole social, los gays, lesbianas y el colectivo trans se sigan viendo ninguneados en sus proclamas y reivindicaciones. A mí me da lo mismo con quien se acuesten los demás tanto como de quién se enamoren. Simplemente, no es de mi incumbencia.

Ayer en un local gay de Orlando tuvo lugar una matanza terrible. Un hombre armado asesinó a cincuenta personas, hiriendo a otras cincuenta y tres más, que están hospitalizadas, algunas con pronóstico grave o muy grave. Un acto de terrorismo, ya que el ISIS ha asumido la autoría, que abre de nuevo el debate acerca de la posesión de armas en EE. UU. porque hace muy fácil atacar, hace muy fácil quitar una vida.

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Desde las páginas de Mujeres y Madres Magazine hemos hablado en muchas ocasiones del poliamor y respetamos todas las opciones amorosas, sexuales y sentimentales, así como los sentimientos religiosos de cada quien, todos somos bien recibidos. Aquí cabemos todos. Pero sí queremos manifestar que creemos en una máxima suprema de respeto: el amor por encima de todo. A la pareja, a los amigos, al trabajo, a la propia vida… el amor es lo que mueve el mundo. Con esa bandera por delante la vida se hace mucho más fácil.

Tras lo acontencido anoche volvemos a preguntarnos, tal como hicimos tras los brutales atentados de París, qué mundo estamos dejando a nuestros hijos, si el miedo será una moneda de cambio con la que jugar. Y una vez más, nos reafirmamos en que tenemos que levantar la cabeza y mirar con firmeza al horizonte porque, si les tememos ellos, los que sólo quieren hacer daño son más fuertes. Ojalá consigamos un mundo en el que los niños no hereden nuestros odios, rencillas y guerras, un mundo mejor en el que no temamos al de al lado, un mundo en el que las guerras sean cosa del pasado y construyamos el futuro de la mano.

Desde la redacción de Mujeres y Madres Magazine, enviamos nuestras condolencias a las familias de los fallecidos y nuestro apoyo a los supervivientes, con el deseo de que el odio jamás domine nuestras vidas. Paz y amor, que dirían en los ’60. Si es que ya se sabe que la historia es cíclica.

Imágenes: Pixabay

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

6 COMENTARIOS

  1. Es horrible lo que ocurrió. Pero peor aún todo los comentarios de Twitter a favor de matar gays, ¿pero estamos locos?
    Como tú dices, a nadie le importa de quien nos enamoramos y mantenemos relaciones, no nos incumbe.

  2. Es una pena que se siga usando el miedo y que sigamos sin respetar la vida de los demás, ya sea por su sexualidad, su forma de ganarse la vida, su religión, su pasado o cualquier otra cosa.
    Quiero pensar que podemos ayudar enseñando a nuestros hijos que todas las opciones son “normales”. O quizá no debamos hacerlo ya que si es lo ” normal” tampoco es necesario destacarlo por encima de los demás o darle una importancia especial.

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