20 años del Prestige, chapapote y solidaridad

El tango dice eso de que “20 años no es nada” pero no es verdad y lo sabemos, 20 años es mucho tiempo. Mucho tiempo ha pasado desde que se hundía el Prestige frente a las cosas gallegas. 20 años desde que aprendimos lo que eran chapapote y solidaridad masiva y espontánea. 20 años han pasado desde que vivimos el mayor desastre ambiental de nuestra historia y uno de las mayores de la historia de la navegación en todo el mundo. 20 años en los que hemos aprendido demasiado poco lo importante que es cuidar nuestro planeta. 20 años no es nada y lo es todo.

Un 13 de Noviembre se hundía el petrolero Prestige con más de 77.000 toneladas de fuelóleo frente a la Costa da Morte, al noroeste del país. Llevaba días de maniobras acatando unas órdenes que no siempre se entendían y que con el paso del tiempo, se demostró que no fueron las más acertadas.

Hablamos del mayor desastre ambiental de nuestra historia, afectó a más de 1.100 playas y a casi 3.000 kilómetros de litoral español, portugués y francés. Una tragedia medioambiental. Clic para tuitear

Uno de los accidentes más costosos de la historia. Limpiar el vertido y sellar el buque costó poco menos que lo que supuso el accidente de la central nuclear de Chernobyl y el doble que la explosión del trasbordador Challenger.

Para asociaciones medioambientales y proteccionistas como WWF o Seo Birdlife, por culpa del vertido del Prestige murieron en torno a las 200.000 aves en toda la zona.

«Desde el inicio de la catástrofe del Prestige, más de 23.000 aves fueron recogidas muertas, pero, dada la amplia extensión geográfica de la contaminación y el largo periodo de tiempo, la mortalidad total se estima que pudo afectar a 250.000 a 300.000 aves», han señalado desde WWF en alguna entrevista estos días.

Greenpeace ponía el foco estos días en que las condiciones para que volvamos a sufrir una tragedia parecida están aún presentes. La dependencia de los combustibles fósiles hace que por esa misma zona pasan cada año entre 35.000 y 40.000 barcos cargados de mercancías peligrosas en sus bodegas.

La flota mundial de buques petroleros ha duplicado su capacidad en estos 20 años, ya no son monocasco como lo era el Prestige, pero el peligro sigue en el mar. Delante de nuestros ojos como pasó en Noviembre de 2002.

«A día de hoy aún siguen apareciendo periódicamente manchas de chapapote identificadas como procedentes del vertido del Prestige», aseguran desde la asociación ecologista Adega, que además, a través de un comunicado, ha calificado de «preocupante» la «tendencia a abordar la cuestión de la protección de los océanos a golpe de siniestro».

Chapapote y solidaridad

Ese fue el revulsivo que descubrimos con la tragedia que provocó el vertido del Prestige, descubrimos que juntos somos mejores y más fuertes.

Los primeros que limpiaron la costa de esa pasta viscosa y negra a la que se llamó chapapote, en la que se había convertido el fuéloil del barco según iba abandonando sus bodegas y matando la vida en el mar; los primeros que se lanzaron a limpiar no fueron efectivos organizados por alguna autoridad o administración. Fue la gente de Galicia y a ellos se les fueron uniendo cada día miles de personas de todo el país y de distintos lugares del mundo.

Una marea blanca de voluntarios para limpiar la marea negra del vertido y de la mala gestión. Más de 65.000 personas fueron llegando a Galicia a limpiar sus playas. Nuestras playas. Las de todos.

La rabia por la mala gestión política, la solidaridad al ver las lágrimas en los ojos de ancianos y niños, el arrojo y la valentía al grito de “Nunca mais” es de lo poco que hemos aprendido de esta tragedia de la que estos días se cumplen 20 años.

20 años no son nada o lo son todo, para muchas de las personas que participaron altruistamente en esas labores de limpieza, 20 años son un mundo, un aprendizaje e incluso un cambio radical en el modo de ver y de sentir.

Pilar Fonseca

Primero fui mujer, después periodista, luego esposa y ahora además de todo eso madre. Esto último me obligó a reorganizar todo lo anterior.
Me gusta escribir y comunicar.
Disfruto con un buen libro, una buena película, una buena serie, un buen viaje y una buena charla con amigos.
Podría alimentarme sólo de queso y chocolate acompañados de un buen vino, una que es mujer de gustos sencillos.

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