Cohousing, o cómo envejecer entre amigos

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Compartir piso con nuestros amigos fue un anhelo que la mayoría tuvimos de niños y adolescentes. Con el tiempo, y después de que muchos tuviésemos que hacerlo por obligación o devoción en alguna etapa de nuestra juventud, descubrimos que eso de cohabitar con los “colegas” no era en ocasiones la panacea que pensábamos. Sin embargo, ya de adultos, con nuestras vidas y pensamientos más o menos en orden, la idea de envejecer al lado de esos amigos de verdad, de esas personas que hemos elegido y con los que sentimos tanta afinidad, vuelve a resultar ciertamente atractiva. ¿Y si no fuese del todo descabellado? Te presentamos el cohousing, la tendencia que cobra fuerza en Europa y Estados Unidos.

cohousing

En los países nórdicos, durante los años setenta, algunas jóvenes familias conformaron pequeñas comunidades con el objetivo de gestionar de una forma armónica en su seno las necesidades generadas por un modelo de vida en el que el trabajo, la familia, el ocio y las aspiraciones económicas colisionaban por momentos. A diferencia de las “comunas” tan extendidas en aquellos tiempos, estas familias mantenían un alto grado de independencia, con una economía propia y una vivienda privada; pero era capaces de satisfacer de forma colaborativa otras demandas de tipo doméstico, del cuidado y educación de los hijos…

Cuando estos pioneros comenzaron a envejecer encontraron que, si bien el sistema funcionaba, sus necesidades vitales habían mudado y comenzaron a adaptar los servicios a las demandas propias de la nueva etapa de su vida. Estamos ante el germen del cohousing, comunidades colaborativas en las que envejecer rodeado de iguales.

El aumento de la esperanza de vida ha convertido a la población “senior” en uno de los colectivos más amplios y con peso dentro de la sociedad. Sin embargo, el modelo de vida actual, también ha hecho de la soledad y de la falta de asistencia y seguimiento de los ancianos uno de los grandes males de este arranque de siglo XXI. Con tal perspectiva, la posibilidad de pasar esta etapa de la vida acompañada de tu pareja -de tenerla-, en el seno de una comunidad con la que se comparte afinidades, necesidades y demandas, pero sin perder independencia gana enteros como una buena opción de futuro.

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Siendo sinceros, y por muy buenos servicios que ofrezcan la mayoría, casi ninguno nos vemos en el futuro viviendo en una residencia de ancianos, sobre todo si física y mentalmente nos encontramos bien. Sin embargo, pensar en hacerlo en una comunidad rodeados de amigos resulta mucho más atractivo. Y es que muchos llegan al cohousing pensando en no ser una “carga” para sus hijos o para evitar la soledad, pero pronto se dan cuenta de que los beneficios van mucho más allá.

El cohousing se basa en una solución habitacional -ya sean casas colaborativas, urbanizaciones, pequeñas comunidades, aldeas…- en las que cada unidad familiar mantiene su espacio privado -vivienda individual y economía propia-, pero en la que las personas comparten servicios y espacios comunes, actividades de ocio y recreativas, servicios de comedor, lavandería, limpieza, asistencia sanitaria…

Muchas de estas comunidades tienen su origen, precisamente, en grupos de amigos que después de toda una vida juntos deciden ir un paso más allá y compartir y apoyarse en sus últimos años de vida. Que se trate de personas que se conocen previamente, que probablemente compartan afinidades, gustos y, seguramente, también afectos, lo hará todo más sencillos.

Muchos de estos proyectos nacen de la nada y sus protagonistas se implican incluso en su construcción, tomando partido de hasta el más mínimo de los detalles. Son modelos arquitectónicos específicos adaptados a las necesidades propias de sus inquilinos y que prestan especial atención a aspectos como la accesibilidad o la salud. Además, se desarrollan tanto en entornos urbanos como rurales, en función de los gustos de sus impulsores. A partir de ahí, la comunidad puede incluso ampliar su población más allá del grupo original. De hecho, la mayor parte de ellos se constituyen como cooperativas y cuando uno de sus miembros fallece, son sus herederos los que tienen el derecho sobre su propiedad. De no ejercerlo, la propia cooperativa gestiona una lista de candidatos.

Uno de los grandes beneficios, además de aprovechar servicios y sinergias, radica en el empoderamiento que sus miembros experimentan al estar directamente implicados en la toma de decisiones. Llegados a cierta edad, nuestros mayores se sienten arrinconados, menos dueños de sus vidas, incapacitados para tomar según qué decisiones. Después de una vida plena y activa, para muchos resulta un trauma que el fin de su etapa laboral suponga también una merma de parte de su actividad social e intelectural. En los proyectos de cohousing, por el contrario, todos los miembros participan activamente de las decisiones y el rumbo que sigue la comunidad promoviendo un envejecimiento rico y activo.

Aquí te dejo un mapa de algunos de los proyectos diseminados por España. Quizás alguno te pille cerca y, si no, siempre puedes hablarlo con tus amigos y emprender uno nuevo…

Fotos: Shutterstock

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