La vieja que quiero ser

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Con todos mis respetos y desde el cariño, cuando digo vieja me refiero a señora mayor, muy mayor y que lo aparenta. Y está encantada de serlo, ¡yeeeahhh! Me pasa muchas veces, cuando voy por la calle y me cruzo con una señora de estas, que me gusta por su forma de vestir, de caminar, de hacer algo concreto… Entonce pienso: esta es la vieja que quiero ser. 

La vieja del gimnasio y la bicicleta

vieja bicicleta 2

En el puesto número 4 está la vieja del gimnasio. ¡Waaaalaaaaa! Está en plena forma, tiene tiempo para ir por la mañana y si quiere repetir por la tarde y encima sabe coger el punto al tema deporte, para no pasarse ni tener lesiones. Le da igual ponerse unas mallas u otras, que la camiseta sea de la que regalaban en la última andada que fué o una que le dejó su hija porque “se le ha quedado grande”. Practica deportes de interior, pero en cuanto puede, se recorre el país en bicicleta o sube andando a no sé que montaña. ¿Deportes de riesgo? Sí hombre, que será vieja, pero no está loca. Eso lo deja para quién quiera sensaciones fuertes. Ella las vivió hace tiempo.

La vieja que se siempre lleva sombreros

vieja sombreros 2

En el puesto número 3 está la vieja de los sombreros. La veo y pienso ¿por qué no usaré yo sombrero a todas horas, con lo bien que le quedan/quedan/me quedan? “Esa vieja atesora una colección que casi alcanza a la de la Reina Madre“, pienso para mí, muriendo de envidia sana. Los combina bien, sin ser estridente ni pecar de modosita. Ella ya no necesita ser discreta, aunque no quiere verse ridícula. Y cuando le place, se pone uno de esos enormes, o con muchos adornos o rojo pasión, porque a su edad, todo vale.

La vieja de los libros

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El puesto 2 lo reservo para la vieja de los libros, la que se pasa el día en la biblioteca, leyendo o estudiando por placer. La que ha comenzado antropología a los 70 y va a curso por año. La que sale de la facultad y va a clases de japonés, por el placer de aprenderlo y lo bonita que es la grafía. No le importa que sus compañeros sean 40 años más jóvenes o que la confunda constantemente con una profesora o ella use términos “antiguos” que les hacen reírLa vieja de los libros tiene tiempo para ir a charlas, talleres y viajes. ¡Ahhhhh! Esa es la parte que más envidio, la de los viajes. ¿Y cuándo la veo en una terraza, al sol de invierno, leyendo la prensa un martes por la mañana? Suspiro, gran suspiro

La vieja de las bodas

vieja bodas

Está en el top de mi lista. Es la que se pone loca bailando en las bodas. Suele ser la tía de la novia o del novio y es su momento darlo todo en la pista. Las bodas son para ella el evento del siglo. Qué digo del siglo, de su inminente eternidad. La reconocerás de inmediato, porque le da igual bachata que salsa que rock’n’roll. Ella sabe que le queda poco tiempo y lo da todo. Esta mujer ha vivido mucho, y quizá parte de ese tiempo de su vida lo haya pasado encerrada en casa. Así que en estos momentos ella es la protagonista. Y lo refleja bailando en la pista.

Levanta los brazos por encima de la cabeza y los agita, es su seña de identidad. Las que posiblemente somos 30 años más joven, la miramos con envidia. Porque estamos en ese momento vital en el que nos encantaría que todo nos diera lo mismo, pero no es así. Todavía nos quedan los posos del “qué dirán” ese que nos acecha constantemente. Somos mujeres, pero todavía tenemos cuentas de la adolescencia pegadas en la piel. De las viejas de las bodas admiro su desparpajo y su insistencia para que su marido baile con ellas. Porque aunque se saben las protagonistas enteras de la fiesta, no tienen reparos en compartirla. La fecha de la boda es para ellas como la Navidad. Ha ido a la peluquería, se ha probado mil y un modelos. Seguramente se habrá comprado un vestido o un traje caro. Y seguramente, como a mí, los zapatos de tacón le aprietan los pies. Pero a ella le da igual. Un modelo a seguir

Al hacer la recopilación, me he dado cuenta de que hay varios factores comunes a todas ellas: tienen tiempo, tiene ganas y no les importa el que dirán. Supongo que lo del tiempo, es lo que más envidio hoy por hoy. Lo de las ganas, espero que nunca falten. Y lo del que dirán…en esto, tengo parte del recorrido hecho 😛

Y tú, ¿ya sabes que tipo de vieja quieres ser?

Imágenes: www.bbc.comtwinbirds.blowapp.com.arwww.enbicipormadrid.es

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Soy de esas personas que siempre llega tarde, siempre tiene que hacer más de tres cosas para ayer pero siempre lo hace con una sonrisa puesta. Estoy encantada con mi vida, aprendiendo cada día, disfrutando todo lo que puedo. Y riéndome, que es el ejercicio más saludable de todos

8 COMENTARIOS

  1. A mí me gustaría ser la de la mirada serena, la que da la experiencia sin haber perdido la esperanza. Y también la del asombro: llegar a vieja y seguir sorprendéndome al descubrir cosas nuevas.

  2. Yo quiero ser la vieja llena de arrugas de las que se forman al reír, no de las que marcan el ceño. Las arrugas de la cara nos cuentan una vida, yo quiero que mi cara arrugada sea de haber reído y sonreído mucho.

  3. Qué bueno, Ruth!!!
    La mitad de la vegüenza ya la perdimos. Nos falta que los niños se independicen para salir a comernos el mundo del todo.
    Yo quiero ser la vieja que queda contigo para tomarse un café a las 10 de la mañana en el que planear las perrerías del día.
    Bueno eso… y volver a tocar el tambor 😉
    Y colarme en todas las bodas que pueda.
    Y pintarme el pelo de azul…
    😉
    Gracias por amenizarme el trayecto!

    • Lo de la vergüenza es cierto, no se dónde la dejamos!! Te aseguro que si quedamos al café de las 10, a las 20 horas no habremos colado en un par de bodas o tres… ¡Cuidado con nosotras!

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