Otra agresión sexual

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Es la hora de comer y en mi casa, como lo era en la de mi madre, eso es sinónimo de ver las noticias, así que enciendo el televisor. “Una mujer es violada por cinco hombres en la primera noche de San Fermín” escucho atónita. Otra agresión sexual. Me quedo paralizada durante unos segundos y, enseguida, noto que me sube la rabia y me pongo roja de ira, como en el Monstruo de Colores que tantas noches le leo a mi hijo. “Si fuera Michael Douglas en un Día de Furia -pienso- me liaría a tiros ahora mismo”. ¿Por qué las fiestas populares significan diversión para unos y miedo para otras?

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Me contaba una amiga hace unos días que en una dinámica en una clase de inglés les propusieron ordenar de mayor a menor las situaciones de peligro que les presentaban: conducir con exceso de velocidad, consumir productos caducados, ir en bici o hacer ski sin casco, caminar sola o solo de noche. Todos coincidieron en que la más peligrosa era conducir con exceso de velocidad. Para tres de las cinco mujeres de esa clase la siguiente fue caminar sola, mientras que todos los hombres la consideraron como la menos peligrosa y, además, no entendieron por qué se lo parecía a sus compañeras. No entendían que ese caminar solas es un posible preludio a otra agresión sexual.

Esta es la sociedad en la que vivimos. No se trata solo de que las mujeres seamos consideradas ciudadanas de segunda, sino que, además, buena parte de la población masculina, desde su posición de privilegio, demuestra no tener ningún tipo de conocimiento o empatía hacia nuestras vivencias. ¿Son ellos o es que la vida los ha hecho así? Supongo que la respuesta es que un poco de todo, pero la educación y la sociedad, desde su base hasta sus dirigentes, tienen que promover un cambio que aún parece lejano.

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Cuando miro atrás, a mi pasado, recuerdo taxistas esperando a que me metiera en el portal. De hecho, recuerdo una noche en la que paré un taxi a tres manzanas de mi casa porque un tipo me perseguía, literalmente, corriendo por el centro del asfalto de una calle de mi barrio. Recuerdo los pulsos en las sienes, el terror retumbándome dentro de la cabeza… y las copas que me había tomado aquella noche que se me pasaron de golpe ante el subidón de adrenalina provocado por el miedo, el miedo ante la posibilidad de otra agresión sexual.

Noche de Sanfermines en Pamplona. Ruido, alcohol, la muchedumbre convertida en masa, el diluirse en ella, el y tú más. La brutalidad convertida en cinco hombres acosando a una mujer en un portal. Violando a una mujer en un portal. Dejando un estigma imborrable en ella más allá del físico, una terrible vivencia convertida en permanente cicatriz. ¿No puede una mujer participar del ambiente festivo sin temer otra agresión sexual?, ¿tenemos que preocuparnos siempre de que alguien nos acompañe y nos deje resguardadas dentro de casa?, ¿por qué esto no les pasa a ellos?

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En mi artículo Que se avergüencen ellos ya os contaba situaciones machistas vividas por algunas de mis amigas. Conductas que muchas veces ni se afean por parte de los presentes porque están normalizadas e interiorizadas por el conjunto de la sociedad. Es algo que, tanto nosotras como ellos, vamos mamando desde pequeños: nuestra vulnerabilidad y su supremacía; nuestra delicadeza y su fuerza; nuestra dulzura y su rudeza. Siempre adjetivos contrapuestos, porque todo el mundo tiene bien claro qué debe ser una señorita y qué es un machote. Y parece que alejarnos de esos estándares, por desgracia, aún está lejos.

Dentro de este cambio social, me parecen interesantísimas iniciativas como la formación Ni Putas ni Princesas que propicia un cambio en la mentalidad de las madres que devendrá en otro en la crianza y educación de sus  hijas, que serán mujeres libres y empoderadas. De hecho, como tengo cursitis, me estoy planteando hacerla aunque mi hijo sea varón porque también me parece importante comenzar cuanto antes el cambio en el patrón de los chicos desde la conciencia del género.

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Sé que no llegué a la maternidad con todo aprendido, más bien al contrario, y que cargo con un montón de mochilas heredadas: estereotipos interiorizados, roles malinterpretados, prejuicios… que trato de controlar, sobre todo en la relación con mi hijo para que él no las cargue también, pero soy consciente de que no siempre lo consigo. Desde casa tenemos mucho que hacer para lograr este cambio. Porque no quiero que mi hijo sea el joven que se diluye en la masa y emplea la violencia. Contra las mujeres, tampoco contra nadie. Porque esta sociedad tiene que acabar ya con el estigma de la violencia de género. Evitemos otra agresión sexual. Caminemos de la mano.

Imágenes: Pixabay

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

15 COMENTARIOS

  1. DE hecho, creo que es fundamental que las madres de niños empecéis ya mismo a educarlos en la igualdad, en el respeto al otro (y a la otra), en el significado de un NO. Y desde los colegios, las Asociaciones de Padres y Madres tenemos mucho que decir y pedir: programas que abarquen todo esto, que conciencien en el respeto. Mucho trabajo por hacer, para que tu hijo o mis hijas, puedan disfrutar de la fiesta y la noche sin miedos.

    • Bueno, yo ya lo hago, Ruth, desde que Ojazos era bien pequeño. Siempre cuento lo de que cuando quiere darle un beso a su amiguita y ella no quiero le digo “No es no”. Creo que nunca es pronto para dejar eso claro. Nada de “machitos” en esta casa, que su madre es mujer y tiene conciencia de género. Un beso.

  2. A mí la noticia me dejó muerta. Nunca he estado en los sanfermines y desde luego con noticias como esta ni pensamientos me entran de ir. Pero es que encima dijeron que ese mismo día habían abusado también de una policía, mujer y que iba de uniforme ¡mátame camión! ¿Cómo van estos descerebrados así por el mundo y sin respetar nada ni a nadie?

    • No podría darte una explicación a cómo van así, pero lo cierto es que van. Me preocupa enormemente cómo es posible que después de encerrar a una mujer en el portal, agredirla, violarla, denigrarla y, además, grabarlo en vídeo siguieran haciendo su vida en cuanto terminaron con total normalidad. Uno a dormir y los demás a la plaza de toros para vivir el final del encierro. Es terrible. Como si fuéramos mercancía. Como si no fuéramos seres humanos. Puf. Vuelvo a sentirme como Michael Douglas en Un día de furia. Para que luego haya que aguantar que nos inventamos lo de la violencia de género.

  3. tu post es el que yo no pude escribir cuando supe la noticia…cuánta razón. Tenemos mucho trabajo que hacer para que la próxima generación de niñas no tenga estos miedos y la de niños ni piense en estas acciones

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