Esas costumbres molestas

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Hace unos días, mientras viajaba en el metro, algo me hizo sentir la necesidad de escribir este post: alguien puso de manifiesto una de esas costumbres molestas. Sí, este es un post de enanita gruñona, que ya os había contado que hay una que vive en mí, y hace mucho que no la dejo salir. Además, debe de ser cosa de familia, que mi hijo en el carnaval del cole tuvo que ir de personaje de cuento infantil… y a ver si adivináis a quién eligió. En fin.

Resulta que hay cosas que hacemos sin ser conscientes pero que molestan al de al lado y puede que, incluso, le compliquen un poco la vida. Bueno, esto quizá sea una ida de olla, que habrá quien me diga que no es para tanto… y puede que tenga razón, pero ya que he dejado salir a la enanita de paseo dejemos que se suelte la lengua.

costumbres molestas ascensor

Costumbres molestas #1: querer entrar sin dejar salir

Mira que es de cajón de madera de pino, oye: para que unos puedan entrar hay otros que tienen que salir… ANTES. Sobre todo si se trata de sitios pequeños, como los ascensores o el metro de Madrid -supongo que en el de todas las ciudades pasa lo mismo, pero este es el mío- en hora punta. El espacio disponible es el que es y si entra uno no podrá salir el otro. Hay quien parece que no lo entiende y se sigue empeñando en hacerlo al revés. A mí me resulta incomprensible.

Costumbres molestas #2: pararte en medio para esperar a que salgan los demás

Un clásico del metro o cercanías y eso que hay dibujitos explicativos por todas partes para que NO lo hagas. Pues bien, aún así todos los días puedes ver gente parada en todo el medio de las puertas cuando se abren para así poder entrar los primeros y, a ser posible, pillar sitio, da igual de pie o sentados. Así la vida no fluye, de verdad. Otra variante son los que no tienen prisa por entrar pero se quedan parados de igual manera esperando a que el resto salga. Cosa harto difícil con ellos en medio. Y ahí tienes la pescadilla que se muerde la cola.

costumbres molestas metro

Costumbres molestas #3: viajar apoyado en la puerta y no moverte ni cuando se abre

Sí, se nota que en el metro viajamos mucha gente -y que yo lo hago a menudo- porque, como se puede observar, esta lista se centra en él. Si todo lo anterior ya crispa un poco los nervios, el que se lleva al premio gordo en la categoría es el que va apoyado en la puerta y no se quita de ahí ni cuando el tren para. Vamos, que te deja para entrar o salir la mitad del espacio que deberías tener. Y no porque el tren vaya atestado, que eso es completamente comprensible, sino porque él o ella lo vale. Un ¡olé yo! en toda regla.

Costumbres molestas #4: hablar por el móvil a gritos

Esto sí que es molesto y me río yo de los que se quejan de los peques. Vamos a ver, la conversación es privada, PRI-VA-DA, entra las dos personas que la mantienen. A los demás nos la traen al pairo los problemas de trabajo, con su cónyuge, con su amante, con el albañil que le está haciendo la reforma o con su madre o padre. Sea lo que sea, no lo queremos oír y menos en un tono de voz que nos taladra el tímpano. Como, además, sea uno de esos días en los que tienes dolor de cabeza, el drama está servido. Las ganas de aplaudirle en la cara pueden llegar a ser muy fuertes. Ojocuidao.

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Costumbres molestas #5: este es mi espacio, este es tu espacio

Qué poco respeto tienen algunos y algunas por el espacio personal ajeno. Digo respeto pero también hablo de cortesía, sobre todo cuando no hay confianza. A algunas personas no les gusta la cercanía física. Así que cuando se juntan con otras de esas que tocan o que acercan demasiado la cabeza cuando hablan  lo pasan realmente mal. Si tienen confianza lo manifestarán abiertamente, pero si no es así buscarán la mejor forma de marcar esa distancia que el otro no deja. 

Lo de “este es mi espacio, este es tu espacio” se aplica también cuando vas conduciendo. La distancia mínima de seguridad es importantísima para poder reaccionar en caso de emergencia. Y no lo digo yo, lo dice la DGT. Así que, ya sabes, cuando te pongas al volante, no le comas el culo al de delante. Que si ocurre algo se lo vas a acabar comiendo pero bien.

Pues ¡hale!, ya me he desahogado.

Me gustaría terminar con una reflexión. Cuando nos vemos inmersos en uno de estos episodios puede que no todo sea culpa del otro, quizá nuestra predisposición a enfrentarnos a la situación la pueda empeorar o mejorar. Ir con una sonrisa por el mundo facilita bastante la vida y también las relaciones humanas ;).

¿Me he dejado algo por el camino? ¿Qué te molesta a ti? Libera a tu enanita gruñona en los comentarios.

Imágenes: Pixabay.

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

3 COMENTARIOS

  1. Fresquitas las traigo de hoy mismo, aunque son de cada día: pararse en una acera enana a charlar con carro atravesado y todo! imposible no interrumpir para que te hagan el inmenso favor de dejarte paso.

    La que peor llevo son las que se paran en medio de la puerta del cole…con cigarro a la altura de los ojos de los niños para más inri. Me ataca los nervios! enana gruñona total!

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