He sido muy mala en el año que acaba

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-Más que de obra, de pensamiento. Mala malísima. Que me perdonen mi madre, mi paco y mis hijos- empezaba una amiga su relato, la otra mañana tomando café. Me decía, con bastante razón, que llegando a los 40, el cuerpo cambia. O los cambios que se han ido sucediendo, se hacen más visibles. Y con ese cambio físico, llega también el de la mente. Es como si durante la crianza de los hijos, hubiéramos tenido dormida una parte del cerebro y, a medida que se van haciendo mayores, nuestra mente vuelve a sus pensamientos de antes: de antes de nuestros retoños, de antes de nuestros pacos, de antes de nuestros anteriores pacos…

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-Este 2015, han renacido en mi mente pensamientos y deseos que no recuerdo haber tenido antes.

-¿Cómo cuales? ¿En plan qué? Porque pensamientos sucios, tenemos todas. De hecho tengo unas amigas que son del #teampepita y que clapean cada vez que ven a Quim Gutierrez o a Hugh Jackman (me uno a este, por cierto).

-Esos son niñerías en comparación a lo que me pasa por la cabeza por las noches. Y a la hora de la siesta. Para empezar, es como si me desdoblase. Mi mente se va de parranda y mi cuerpo se va detrás. Puedo sentir con el pensamiento tanto o más que si físicamente me empotrase un bombero contra la parte de atrás del camión para darme a conocer toda la potencia de su manguera, ¿sabes?

-Vale, creo que ya se por dónde vas…

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-Es que sueño, sueño mucho. Y como los niños ya no se despiertan por las noches, pues me da tiempo a alargar los sueños todo lo que puedo. Y me recreo en cada segundo que paso a solas con ese exnovio, al que hacía mucho que no veía (y sigo sin ver, es más, no quiero ni verlo) pero que me he encontrado subiendo una montaña. Y aparece allí, en el mismo refugio al que íbamos mi marido y yo. Y mi marido se queda dentro del refugio. Y yo salgo. Y mi ex, sale detrás de mi. Y tenemos apenas unos minutos para meternos mano como locos, para comernos a besos y follar en el suelo, entre la tierra y las hojas. Y volver al refugio como si no hubiera pasado nada, con el calor por dentro y el rostro “sonrojado por el frío, ya sabes cariño”. No te puedes imaginar como siento cada roce de sus manos entre mis piernas, como deseo que llegue arriba, me agarre las nalgas y mejoremos nuestros mejores recuerdos…

-¿Y solo te pasa con tus ex?

-¡Uf, que va! Con ex, con amigos que siempre quedó la duda de si eran algo más… Y con desconocidos. Esos suelen ser los mejores. O desconocidos conocidos, ya me entiendes

-No, no te pillo

-Pues esos tíos que no conoces de nada, pero que te has cruzado un par de veces y te han despertado algo. Esta claro que te lo despiertan, aunque tú no te das cuenta hasta ese momento. Pero te vas a la siesta una tarde cualquiera y, en esos 33 minutos, el desconocido aparece en la puerta de tu casa. Intercambias cuatro palabras y cinco miradas y está todo dicho. El ascensor, un baño de una cafetería, el sótano del colegio… todos los sitios son buenos para darse un meneo. Me encanta, porque después me despierto con una sonrisa y cuando me vuelvo a cruzar con el desconocido, nos sonreímos como si ambos supiéramos los que ha pasado.

-Creo que tengo un par de esos, sí. ¿No te ha pasado que, en tu mente, el desconocido hablaba de una forma y cuando le has dicho “hasta luego” con esa media sonrisa picarona y te ha contestado, su voz era demasiado aguda como para un polvo sexy?- estallamos en carcajadas. Ambas sabemos de que estamos hablando.

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-Y el top del pensamiento nocturno es el sexo lésbico. ¿No crees que nos hemos perdido cosas buenas, buenas?

-¿Y por qué hablas en plural?

-Bueno, chica, pues me lo he perdido. O me lo perdía, porque de vez en cuando aparecen en mi mente alguna que otra latina de buen ver, negraza de culo respingón incluso alguna inocente y virginal valkiria. Creo que en cuanto a mujeres, tengo un gusto más heterogéneo que para los hombres…

-Pues sí que sientan bien los 40- pienso en alto- Creo que me va a gustar el cambio de decena.

-Y yo creo que cada año que cumplimos, va a más el tema. Deseando estoy de llegar a los 80. ¿Invitas tú hoy, verdad? 😉

Fotos de Jose Manuel Rios Valiente/Flickr vía abc.es

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Soy de esas personas que siempre llega tarde, siempre tiene que hacer más de tres cosas para ayer pero siempre lo hace con una sonrisa puesta. Estoy encantada con mi vida, aprendiendo cada día, disfrutando todo lo que puedo. Y riéndome, que es el ejercicio más saludable de todos

2 COMENTARIOS

  1. Pero Ruth! No sabía que entre tus habilidades (¡y no son pocas!) se encuentra la de leer la mente?! Y lo digo porque parece que hayas contada una conversación conmigo! De esas que surgen entre caña(s) y caña(s)….Porque…..yo de eso no te he hablado, verdad?

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