Historias del autobús

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Me encanta ir en autobús urbano. Da igual que me siente o me quede de pie. Me oculto tras las gafas de sol y observo y escucho.

 

historias del autobúsMe gusta entrar en la historia imaginada de las personas que van en él… Las miro, las analizo y dejo volar mi imaginación. Invento historias, fantaseo con situaciones, y les creo vidas imaginarias.

Veo abuelos con nietos, recogiéndolos del cole, mujeres leyendo el Hola (Confieso: que intento ver el contenido con el mayor de los disimulos) y comentando con su vecina de asiento, sobre si la “la tonadillera de turno y el torero” arreglarán o no sus diferencias, jubilados que vuelven del Mercado Central y repasan la lista de la compra, por si se les ha olvidado algo de la lista, y me sumerjo en sus vidas. Me asomo por la ventanita de las conversaciones ajenas, sin ningún pudor. (Incluso a veces tengo que contenerme para no opinar).

Suben y bajan personas variopintas, personajes curiosos: hombres que imitan cantos de pájaro, el ofendido con el mundo que se pone a dar voces mientras todos los ocupantes bajamos la mirada para no salir mal parados y no tener que darle la razón. Evitamos mirarnos a los ojos, para no establecer mayor vínculo que el del “buenos días” al subir. Son historias pasajeras, fugaces.

Fantaseo con las personas: Esta señora seguro que va con sus nietos, porque sus hijos trabajan, y no tienen para pagar la guardería. La señora que viene de El Corte Inglés cargada de bolsas, súper maquillada y arreglada  tiene una relación paralela a la suya con su marido, porque aún lleva la alianza de casada, pero en cambio está hablando por el teléfono móvil, en voz muy baja y suave, mientras sonríe picarona. El padre que va con 3 hijos, y qué poco acostumbrado está, que esa cara de agobio no se la quita nadie. Quinceañeras con pantalones a ras de culo, con los bolsillos colgando, y jovencitos con gorras y hablando por sus móviles a voz en grito, contando “cuentos chinos”. Dejo volar la imaginación, y les rediseño su vida, como a mí me apetece… estableciendo prejuicios, que borraré al bajar.

 

historias del autobúsHay días que todos estamos dispuestos a enfadarnos con el mundo, y los ocupantes del autobús tienen la excusa perfecta: los que ceden el asiento y los que no, los que se ofenden porque se lo ceden, y los que se ofenden porque no se les cede. Ancianos, provistos de bastón, que atropellan sin ningún escrúpulo. Carreras por ocupar un asiento libre. Entre dientes mascullan improperios y ofensas, y tenemos dos opciones, enzarzarnos o no. Yo siempre prefiero la segunda.

Y ahí estoy yo, como mera espectadora, observadora de historias. Dramas que se cuentan como si fueran telenovelas; adolescentes que chillan. Personas inmersas en sus propias vidas, individuos que no interactúan, y personas que te dan conversación, cuando tú sólo quieres seguir observando.

Gente que sólo mira el móvil, mientras wasapea o juega al Candy Crash, o que como Let aprovecha esos viajes para hacer hasta diez cosas diferentes. Los que leen libros y los que como yo, observan por esa rendijita que queda abierta.

Historias del autobús que olvidas al bajar.

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María José Sarrion, profesional de los RRHH y blogger de La Alcoba de Blanca desde hace más de 4 años. Necesito como respirar contar lo que me pasa por la cabeza. Soy mujer y madre de 2 niñas, que han sacado facetas nuevas en mí. Multiapasionada, creativa e inquieta. Y con ganas de hablar de otros temas distintos a la maternidad. Porque como decía una buena amiga “hay vida más allá de la maternidad”.

13 COMENTARIOS

  1. A mi eso mempasa en el metro. Nonpuedo dejar de imaginar de dónde vienen, a dónde van, a qué se dedican, por qué viajan a esa hora.
    Sin embargo el bus, que me gusta muchísimo más, es una vía de escape para aurar la ciudad , descubrir cosas nuevas en trayectos sabidos, fijafmw con detalle en el paisaje…

  2. Ais, es una de esas cosas que hecho de menos de vivir en Madrid. Subir al autobus o el metro y como una desconocida asomarme a la vida de los demás, con todo el disimulo que es posible. Y reirme de algunas cosas que oía o veía, desde luego dan para un libro todas esas cosas jajajaja
    Ahora en una ciudad tan pequeña como Ciudad Real, en el único lugar donde puedes hacer lo mismo (aunque no es igual) es en los bares y terrazas lo que verdaderamente se llena hasta los topes en esta ciudad jajaja
    Besos!!

  3. Ay… me ha encantado. Nuevamente es como si te hubieses metido en mi cabeza. De hecho tengo el inicio de una novela que empieza así, con esas reflexiones mías de autobús que ahora descubro que compartimos.
    Grande
    Besazos

  4. Yo odio ir en bus. Me agota el calor, el roce y la lentitud. Siempre que lo cogía para ir a un trabajo que tuve bastante lejos, me sentaba al final y hacía cómo tu, mirar varias escenas. Me recorría toda la línea y daba para mucho rl viaje. Entonces no estaban tan modernizados los móviles!

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