La vida apacible del campo, campo

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¿Campo? ¿Pero cómo de campo?

Cuando les digo a mis amigas que nos hemos mudado al campo, me miran por el rabillo del ojo y me preguntan: “¿Có-Cómo de campo? Osea, cuando dices campo… ¿te refieres al campo, campo? ¿Al campo de las vaquitas? A ver dime, ¿a cuánto está de la civilización?” Lo que en el fondo quieren saber es cuánto de campo tiene mi campo.
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“Vivo en el campo” no basta. Es demasiado ambiguo. Me exigen que lo elabore. Hablemos, pues, de cosas tangibles:

“¿A cuanto está la pelu más cercana?” A 3 kms

“¿… Y la farmacia?” A 3km

“Y… ¿La guarde de tu hijo?” A 3km

“¿Y la estación donde recoges a tu nena?” Mmm… unos 3km (pero en LA otra dirección). Y nótese que ese LA tiene su importancia.

Osea, que básicamente TODO (menos los bomberos, la panadería y un outlet sospechoso) está en otro pueblo. Pero hay que matizar porque, claro, hay campos… y campos. Mucha gente tiene una imagen muy bucólica del campo (yo, por ejemplo). Hasta ahora, para mí, el campo era solo UNO pero, en vista de las preguntas que estoy recibiendo, empiezo a preguntarme si habré elegido el campo acertado o si, por el contrario, me habré metido en un berenjenal.

De momento, estoy como de subidón. Como la pelirroja pero sin gente mirando, ni edificios de fondo y por supuesto, sin tirabuzones.

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“Qué chulo es el campo, qué chulo es el campo…Es mi mantra estos días.

Mi campo, parece un campo chulo. No huele a caca y eso es un punto. Por otra parte, mis amigas empiezan a mosquearse, quieren saber más. No se lo acaban de creer. Necesitan que tenga una estación cercana o algo. ¡Y la hay!

… a unos 3 kms.

Los desplazamientos

A los niños, en los meses de frío glaciar, hay que llevarlos al cole en coche pero es una gozada circular por estos campos. Lo que tiene la vida suburbana es que sin coche no eres nadie. Yo que iba a todos lados a pie, en metro o en bici… De repente, me veo en plan desperate housewife, conduciendo mi buga, atravesando campos de girasoles de camino a recoger al nene del cole.

Su hermana va en tren pero la estación queda, como ya he dicho, un tanto apartada. Espero que el año que viene lo haga ya en bus, de momento, la acerco y aprovecho para hacer un par de trompos por el prado. wraith animated GIF  

Cuando no haga un frío del cagarse Con el buen tiempo, esas distancias las cubriremos en bicicleta o paseando. Aunque cada uno en su bici y Dios en la de todos, que dignidad todavía me queda la suficiente como para pedalear a horcajadas. Esta es otra de estas imágenes bucólicas no exentas de riesgo. Tanta feminidad sobre el manillar puede salir muy cara. Exactamente, el precio de una ortodoncia completa y el horno no está para bollos. Que precisamente por eso nos fuimos al campo. Por los bollos.

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El contacto con la naturaleza

Un par de urbanitas descerebrados (y su prole) que dejan atrás la ciudad. Atrás todas esas instalaciones culturales y de ocio (razón por las que muchos jamás abandonarían la urbe y que, no nos engañemos, visitamos de uvas a peras). Cambiamos el ajetreo de la ciudad por un lugar en que los niños puedan jugar en la calle… ¡Jugar en la calle y sin supervisión adulta! En un rapto de locura Tras una poderosa revelación, decidimos salir en busca de la naturaleza en bruto. En busca de escarabajos como puños y mosquitos como ratones. En busca de espacio abierto, de aire puro y esa maldita habitación extra y el segundo WC, que (con 5 culos en casa) nos faltaba como el comer.

Desayunar. Abrir la puerta de la calle, todavía con la taza de café en la mano, y dejar que entre la brisa fresca de la mañana y el silencio (y algún que otro mosquito). Abrir la puerta de tu casa y estar en la calle YA. Sin porteros, ni ascensores, ni escaleras, ni buzones… Eso es algo muy especial. Sobretodo, si te falta ese escalón, que por suerte nosotros sí tenemos.

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¿Compra o alquiler?

La casa no es comprada. No. Es de alquiler. Jamás podríamos comprarla y, evidentemente, es para una fase de nuestra vida. No para siempre. No podemos permitirnos comprar la casa pero ¡aunque pudiéramos! ¿Para qué? Cuando la familia se reduzca, emigramos de nuevo, como las golondrinas de Gustavo Adolfo, y montamos un nido más chiquitín. O alquilamos una habitación en un piso compartido con abueletes. (Sueño con las farras de la tercera edad. Una especie de fantasía senil que tengo, a la que he bautizado como “El Club de la Magdalena“. Todo llegará).

Otra pregunta muy buena que me hacen es:

¿Estas segura?

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¡No! Claro que no estoy segura. Fue una corazonada… pero pocas cosas hay por las que valga más la pena correr riesgos. ¿O no? Pero centrémonos. ¿Dónde estábamos? Ah, sí. En el campo. En ese campo que no se cómo definir para que mis amigas lo visualicen y se atrevan, por fin, a visitarme. Que me fui al campo… ¡No a la China!

La vida en comunidad

Este es otro tema que me intriga. No se muy bien como comportarme en sociedad. En la ciudad es más fácil, puedes pasarte 5 años diciendo “hola” y “adiós” a la mayoría de tus vecinos. Sin embargo, me da la sensación de que esto aquí es diferente. Aquí, para empezar, esa mayoría está unida por lazos de sangre. Somos el cuerpo extraño. ¿Seremos un cuerpo extraño tipo lente de contacto (que uno al final agradece) o tipo mota en el ojo? O nos integramos o nos echan a mordiscos. No sé si preparar una quiche de esas y un barril de ponche e ir tocando puertas para hacerme amiga de las vecinas… ¿Cómo se hace esto? Estoy deseando que lleguen las fiestas del pueblo para romper el hielo.

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Ah, y una última cosita. Una pregunta quiero haceros, gente de pueblo. Sí ya sé que soy (todavía) una panoli de ciudad, que conduce absorta mirando al infinito pero… ¿es necesario adelantarme todo el rato? En serio. Que son 3 putos kilómetros… Y el primero y el tercero tienen velocidad restringida. De verdad, ¿es necesario? ¿Qué pretendéis? ¿Ganar el concurso de “a ver quién llega un minuto antes a casa”? Pues para vosotros el premio. Para mí, los campos de girasoles y las calabazas.

Un brindis al sol

A riesgo de mi integridad física y mental yo ya he dado el paso. Sé que no soy la primera en M&MMagazine, que cambia la ciudad por el pueblo e intuyo que no seré la última… ¿Quién será la siguiente?

¡Por la vida de campo!

(PERO CON WI-FI, NO FASTIDIES)

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Imágenes: Giphy / Imagen destacada en slider: Daniele Febei

28 COMENTARIOS

  1. Yo adoro vivir en el campo. No estoy tan en el campo como tú porque estoy “dentro” del pueblo, aunque estoy en el mismo borde y delante de mi casa sólo hay monte.

    Ayer mismo me comentaba una amiga mía que no entiende cómo me gusta vivir así, tan apartada del bullicio y yo me reía porque yo soy la que no entiendo cómo a ella le gusta vivir en la ciudad, con una casa pequeña, sin sitio para aparcar, ruido, tráfico, polución…

    Yo creo que no te vas a arrepentir 😉

    • Yo he sido esa: la del bullicio, la del “pero cómo puedes vivir en un sitio tan aburrido”.
      De repente, ese sitio aburrido se me antoja tranquilo y apacible… Supongo que hay tiempo para todo.

      En definitiva, uno no puede estar toda la vida haciendo lo mismo. Sé que, como todo, tendrá sus pros y sus contras. Voy a intentar disfrutar a tope de los pros hasta que vuelva a sentir la llamada de la urbe. 😉

  2. Me encanta que te hayas ido al campo porque así ya no me toca por estadística a mí. A mí que no me busquen en un pueblo madreeeeeeeeeee (sí, lo sé, no puedo ser más urbanita)

    • Pero a salvo del todo no estás. Ya sabes cómo se nos dan los números con lo de los tercios y los cuartos… Podría acabar tocándote por un error estadístico! Sería el colmo de la mala suerte pero todavía no podemos descartarlo, así que no cantes victoria (que te veo ramo de girasoles en mano 😉

  3. Jajajaja que bueno Nuria! Yo también el centro de Madrid por un “pueblo” a las afueras de Oviedo, no es campo, campo pero créeme que el cambio fue drástico. No me arrepiento, empiezas a disfrutar las cosas de otra manera ya verás. En el fondo me da un poco de envidia tu campo, campo jejeje

    • Jaajajja! Mi campo es tu campo, María…
      Al final, desde el punto de vista del que viene de gran ciudad, todo lo que tiene más verde que gris es campo ¿o no?

      De momento, flipo con la cesta de la compra. Antes compraba en cuentagotas en el super de la esquina, a diario. Ahora no voy cada día y lleno más el carro (antes me bastaba la cestita) pero el caso es que me da la sensación que lo que pago NO es proporcional, sino a mi favor. (Pero igual es el subidón que me hace cagarla con los números. Esto tengo que estudiarlo más a fondo).

  4. aixx, recuerdo cuando mi mejor amiga nos dijo que se iba a vivir al campo con su medio limón. Me quedé atónita. Y aunque de ella me lo podía esperar, de él no. Al final, es verdad que ella está genial en el campo, y él viene cada día a la ciudad y echa de menos su vida de antes. Y tienen la estación de tren a 10 km.
    Yo… bueno, yo me adapto, pero si puedo elegir, elijo vivir en un pueblo, antes que en una ciudad. Pero necesito vivir en el pueblo, no en los alrededores y que la estación de tren esté allí mismo. Pq?? Pues porque así todo lo hago andando! jejejejeje.
    Saludos

    • ¡Te doy la razón, Mami Reciente! Con lo del ir a pie a todas partes.
      Incluso cambiar el “a pie” por “en bici” y, de hecho, lo veo factible. Sólo necesito la ropa y las luces adecuadas para circular por esta niebla (suena un poquito a excusa, ¿eh?) ¡¡pero lo voy a hacer!! en cuanto suba un poquito la temperatura (más excusas). Todavía ando acobarda con mi chip de ciudad… 😉
      Saludos!!

  5. Como bien has dicho, es para una o dos fases de la vida… Yo a veces lo pienso, pero no encuentro campos bonitos que me gusten.. Así que me conformo con el pueblitobueno una vez al mes 🙂

    • Tampoco es mala opción!! Un poquito de aquí y un poquito de allí…
      Yo es que como creía que el campo era campo y punto, pues no llegué a plantearme lo del campo bonito… ;-P Ya te contaré si lo es o qué. ¿O te animas a visitarme?

  6. Disfruta.
    Cuando lleves miles de kilómetros de ida y vuelta en coche, bajo cualquier tipo de inclemencia, y miles de horas de tren, le verás el lado negativo al campo. Es un inconveniente grande, pero que muy grande. Al menos esa es mi experiencia. Al principio no lo notas, pero cuando van pasando los años sí.
    Claro que, probablemente, cuando llegue ese momento, ya será hora de cambiar el nido. Así que, a mi modo de ver, has hecho una buena elección.

  7. Siento MUCHA envidia (sana) de todos los que vivís en el campo. Llevo algunos meses planteándome hacerlo y, aunque ya he convencido a mi medio limón, no sabemos por donde empezar. Trabajo, familia… espero que antes de que nazca el minilimón, consigamos algún cambio.

    • Hola Arantxa!
      Bueno, yo llevo UN mes de vida camprestre y te digo que hace tan solo un año me parecía imposible.
      En Navidad lo visualicé y fue una imagen tan nítida que hasta me sorprendió. Lo vi claro. Claro, una cosa es verlo claro y otra es que se den las circunstancias.
      Lo cierto es que al cabo de 7-8 meses surgió una posibilidad. Una de esas sobre las que has de saltar raudo y veloz antes de que se esfumen. Si no lo hubiéramos visualizado de antemano, no habríamos podido ser tan ágiles y este sueño se habría esfumado (como tantos otros).
      He estado mucho tiempo buscando de forma activa pero infructuosamente (y sin estar convencida al 100%). Creo que si lo tenéis claro. El primer paso está dado y os permitirá tener los ojos abiertos y verla venir. Y vendrá. Ya verás. Te lo deseo de todo corazón. ¡Un abrazo!

  8. Nena, que me has convencido!!! que me voy al campo!!! Bueno, ya sabes que me convenciste el día que me contaste que no era para toda la vida, sino para un ratito. Pero ya sabes que yo, en mi mente de españolita ya me veía con una hipoteca de por vida atada a los mosquitos como pájaros y las cucarachas como ratones. Total! que me mudo, pero siempre que te tenga a tí como vecina.
    Ah! y que sepas que eso de los adelantamientos yo le llamo “jefecillos locales” y son de los peores especímenes al volante. Ten cuidado, my friend!

  9. Si es que ahora nos llama mucho la atención cuando algún conocido nos dice que se va a vivir al campo… supongo que igual que antes cuando alguien decía que se venía a la ciudad, ¿no?
    A mí me encanta el campo, pero hasta que los mosquitos y demás bichos no aprendan que el campo pa’ ellos y la casa es nuestra, me parece a mí que seguiremos yendo de visita al pueblitobueno, como dice Ruth 😉

    • Jajajaja! Es cuestión de sentar unas bases de convivencia y firmar algún tratado de no agresión… Ya te contaré cómo avanzan las negociaciones entre los animalicos y nosotros. De momento, y mientras escribo, me entrego con fruición al calor gatuno…
      🙂 Un abrazo!!

  10. No sé si será por esa imagen de española emigrada a Alemania en pueblito pero yo es que veo que te pega mil el campo., con tu sueño de construir casas de madera, tu forma de ver la vida, tu conexión con el Lejano Oriente y tus orígenes en la ciudad Condal…es como si viera que es el momento ideal para que lo hagas. Conste que yo, que te haria todas esas preguntas que dices mientras me tomo un café, en la ciudad, contigo, muero de envidia. Porque a pesar de que la ciudad me encanta, a la vez me mola mucho esa imagen por la ventana de las vacas y el horizonte, esas estrellas en verano, esos desayunos con la brisa limpia en la cara. Y como no, esa habitación extra que sería MÍA y sólo MÍA.

    Y lo que me río yo con tus posts…me encantan.

    • Ay, Bego! Gracias por leerme!
      Qué bonita me has pintado mi vida… A lo de las estrellas y los desayunos mirando las vacas no he llegado pero me han entrado unas ganas!
      Gracias por proporcionarme todas esas imágenes! Tal vez escriba otro en medio año… para contar la evolución. 😉
      Besotes!!! Me encanta que te rías!

  11. Ja ja me parto yeso que yo vivia en eñl campo con vecino pero erl campo y hay siguen mis padres cvoche para todo y el cole a media hora, veinte minutos andando , no se sei volveria, creo que un ratito solo

  12. Yo cambié el bullicio y el ruido por la calma y el silencio, el coche por la bici, y sobretodo, sobretodo el stress por la tranquilidad. Aquí en Suiza, no puedes más que dejar ir solitos a los niños al colegio a los cuatro años y no puedes más que interesarte por los vecinos y desearles un muy buen día si te quieres integrar. Y sí, funcionó. No lo cambiaría por nada ahora. Pero como bien dice mi antigua colega de estudios de arquitectura, hay un tiempo para todo. Y mi tiempo ahora es dejar a mis niños corretear por los campos con sus amigos, hacer cabañas de madera y pasear a los caballos mientras yo, serenada, cuchicheo en mi interior y me digo “valió la pena el esfuerzo”. El tiempo dirá.

    • 🙂
      … y atrás quedaron esas farras.
      21 de octubre de 2015 es un buen día para que alguien de tu pasado aterrice por sorpresa en tu vida presente… para descubrirte, que después de tantos años y a pesar de la distancia, habéis evolucionado casi en paralelo.

      Eva, gràcies per la teva visita i per compartir un trocet de la teva vida aquí.

  13. hola a tod@s.
    en principio la idea es encontrar una mujer dispuesta a vivir en el campo conmigo,tengo 54 años y soy de la provincia de ciudad real.
    dispongo de mi trabajo,una casa en un pueblo y una finca en sierra morena donde abunda la caza mayor y crio algunos animales, ovejas,gallinas,conejos, un perro y varios gatos.
    en su epoca siembro huerto que produce tomates,pepinos,pimientos,cebollas, etc, osea lo que se siembra.
    por extraño que parezca casi todo lo regalo a familiares,vecinos,amigos, etc, ya que yo la mayoria del tiempo vivo en hoteles que me paga la empresa, pero a la vez voy a la finca un dia si otro no para atender los animales.
    por eso me he planteado conocer a alguien y vivir en la finca, yo iria a mi trabajo y volveria cada tarde.
    es evidente que tiene que ser una mujer que le guste el campo, los animales y sino le gusta la caza…al menos que no le moleste que yo cace.
    no me importa la edad dentro de unos margenes o la etnia, solo que le guste el campo y este dispuesta.
    un saludo
    63*******

  14. […] Todavía está fresco y vigente mi propósito de poner orden a mi vida y a mis cosas. Pues bien, resulta que esa simplificación que anhelo tiene un nombre y número creciente de adeptos. El término no me es ajeno. De hecho, todos tenemos imágenes en mente de lo que en arte y en arquitectura se conoce como minimalismo. Salones blancos, inmaculados, vacíos… El minimalismo puede parecer extremista y poco realista, si vives en pareja y tienes hijos. Vamos, es del todo una utopía peeeero, dejadme hablar que ya sabéis que me gusta y últimamente ya no me atienden ni los girasoles. […]

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