El mito del macho ibérico

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Se dice se comenta que el auténtico macho ibérico, el hombre que habita “la piel de toro”, es un torrente de testosterona, un ser viril elevado a la máxima potencia y siempre con ganas de dar rienda suelta a la pasión. Y sí, a nosotras nos vuelven locas, ya no tenemos reparos en decirlo, pero sobre todo los que “cumplen” con el estereotipo. Porque hay mucho mito al respecto y hoy nuestra colaboradora Marisa Madre Estresada nos lo cuenta…

Aquí está otra vez, roncando, como si su vida dependiera de ello… Ronca cari, ronca. Ronca mientras me dedico a recordar aquellas primeras noches en las que me prometías amor eterno y a todas horas. Eterno, sí, el insomnio que me producen tus ruidos nocturnos, ése sí que es eterno. Ya lo decía Miguel Gila: hemos pasado de “qué lunar más bonito” a “chate p’allá con la verruuuga”.

No es que mi Cari me prometiera follar a cada rato, no, es que cuando por fin empezamos a vivir juntos ya me avisó de que él lo del salto del tigre no lo veía, que era de hacer el amor tranquilo y cada dos o tres días. ¿Tranquilo? Sí, con tanta pachorra que me da tiempo a ir a la nevera, acabarme el chocolate, volver a la cama y ha cambiado un poquito la posición de la mano a ver si me encuentra la entrepierna, y no por alargar los preliminares, es que se me va durmiendo y me toca hacerlo a mi todo.

“Tú marcas el ritmo”, me dijo un día. Que le gusta más verme encima, dice, ¡para no mover ni un dedo! De hecho, estoy convencida de que los ruidos y jadeos son otra manera de roncar. Luego un suspiro fuerte, un ahh, qué gusto, después se da media vuelta y si te he visto no me acuerdo.

2016 bored whatever unimpressed confetti

Esos arrumacos del después de las pelis nos han hecho crearnos unas falsas expectativas que van a costar más de un divorcio, os lo aseguro.

He hablado con mis amigas. La Mari dice que su churri (churri, de chuchurrío) si le abraza después, en realidad, no es que la abrace, es que entra en fase sueño profundo tan deprisa que ni le da tiempo a girar. Que ronca en cualquier posición, vamos.

Hubo algún momento que pensé que tenía alguna amante, y por eso tenía tan pocas ganas y tanto sueño por las noches, y pensé en mirar el móvil y su tarjeta de crédito, pero lo descarté enseguida. ¡Si no sabe hacer funcionar el wasap! Mi cari habla entre ronquidos, y se le oye, “¡árbitro!, ha sido penalty” y otras mil expresiones malsonantes sobre el equipo contrario, pero ningún nombre de mujer ni nada similar. Tampoco se ha equivocado nunca de nombre en la cama. Aunque también es verdad que sería difícil, no articula ninguna palabra. Se convierte en un ser que solo gruñe. Yo preferiría una bestia parda, pero no. Solo son sonidos guturales.

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El otro día, mientras le ponía la cena intenté hablar del tema. “Oye, cari, tenemos que hablar. Que yo sé que me quieres y eres buena gente y eso, pero es que en la cama…” ¿Y sabes lo que me soltó? Que no sea tan tiquismiquis, que a él no le enseñaron a remeter las sabanas de pequeño y hace lo que puede. Que total, para deshacerla por la noche, lo mismo da cómo estén colocadas las almohadas.

“¡Pero cari! Que yo quiero que la deshagamos a fuerza de revolcones, no que me quites el edredón!” Pero nada, cogió el mando de la tele, puso el fútbol y le debió dar también al botón de apagarme, porque ya no me hizo caso.

La verdad, mi vida era muy triste, trabajo, niños, casa…. Hasta que descubrí las redes sociales. ¡¡¡¡Todo un descubrimiento!!!! Ahora tengo follamigos digitales. Me hice de una web de esas de buscar novio con un perfil falso. En vez de poner Paca Pérez, que no tiene ningún glamour, me puse Pica Priz, busqué una foto de una modelo, dije que vivía en una granja aislada cuidando a una anciana muy rica, y que dedico mi tiempo libre a escribir una versión moderna y feminista del Kamasutra y que no puedo desplazarme. Y voy ligando con todo bicho viviente.

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Conclusión: hay mucho casado triste dispuesto a charlar… y lo que surja, mientras escucha los ronquidos de su media naranja. También me he comprado un par de cacharros de esos de revitalizar el suelo pélvico (jejeje). Revitaliza, sí, ¡vaya si revitaliza! Mi amiga, la Mari, dice que eso también es poner los cuernos, pero yo le digo que es lo que mantiene vivo mi matrimonio… Y mi entrepierna.

Nota de la autora: les recuerdo que en este mundo virtual nada es verdad o mentira. Todo depende de quien lo lea… y quien lo escriba. No se lo crean todo, hasta yo me invento finales de cuento.

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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