¿Qué es lo más raro que has llevado en el bolso?

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Lo mío va por rachas, o utilizo maxibolsos o poco más que carteritas con asa. En estás últimas es fácil controlar lo que llevo, básicamente porque para meter algo he de sacar otra cosa, pero en los primeros… ¡ay los primeros! Eso es ya otro mundo. De hecho, son un mundo en sí mismos… bueno más bien un agujero negro en el que las cosas entran, desaparecen y, con el tiempo, puede incluso que acaben regurgitadas. Además, como son gigantes, metes en ellos todo lo que te molesta para tener las manos libres -algo fundamental para una madre- y pasa lo que pasa que acaban apareciendo ahí cosas insospechadas. El equipo de Mujeres y Madres Magazine abre hoy sus bolsos para que veáis lo más raro que acumulan en ellos.

Lonchas de chorizo desperdigadas (Merak)

chorizo

Lo dicho. Que la niña tiene calor y se quita la chaqueta… ¡para el bolso!, que llegan de clase con cuatro circulares, el mandilón y el vaso… ¡para dentro!, que bajamos al parque con la merienda… ¡para dentro!, que tu suegra te manda un paquete de chorizo en lonchas… ¡pues también para dentro! Y claro, pasa lo que pasa. Porque el papel film tiene esa puñetera manía de despegarse y sucede lo inevitable, que pierdes unidades por el camino y lo peor es que ni te enteras hasta que el pestazo que tu has achacado al bocadillo empieza a ser persistente y con el calor el pringue se hace evidente…

Un dispensador de precinto (Sara)

dispensador de precinto
Yo ande o no ande, bolso grande. No sé cómo la gente se las apaña con un bolso diminuto si ahí cabe nada. En el mío suele haber de todo y además suelen ser cosas de lo más peregrinas, del estilo de dados de muchas caras (cuando no tenía hijos ni jugaba a rol), varios cargadores de los tochos para móviles varios, un juego ochentero de mesa, pegatinas de todo tipo… en fin, que mi bolso daría para un estudio por sí solo. Pesa tanto que el otro día mi marido se compró unas pesas para hacer ejercicio y me las metí ahí. Dos días más tarde descubrí que todavía las llevaba y ni siquiera me había dado cuenta.

Hubo una temporada en la que me dedicaba al marketing casi de guerrilla y me tocaba montar saraos en diferentes sitios. Era bastante habitual encontrar un rollo o dos de precinto en mi bolso pero el colmo fue cuando un día acabé llevando el precinto… con su dispensador.

Tres instrumentos afilados que causaron el pánico en la delegación de gobierno (Ruth)

cuchillos

No os lo imaginéis como en una película americana que me placaron y me tiraron al suelo, me esposaron y me pusieron un pie en la nuca para que confesara quién era el objeto del inminente asesinato. Si hubiera pensado en ello, no habría pasado el bolso por el escaner, claro está.

Nosotros en la oficina siempre teníamos alguna navaja o cuchillo para partir los bizcochos de los cumpleaños. Y la debí de meter en el bolso para lavarla o algo así, sin recordar sacarla de sus profundidades. Como era época de setas, pues también había en mi bolso un cuchillo para cortar boletus, no me preguntéis por qué estaba allí. Y para rematar, en una minibolsa de aseo que había en un minibolsillo medio oculto, había una navajita plegable, que una no sabe en que momento de su vida va a necesitarla. Pero seguro que usarla, la usas.

Cuando mi bolso pasó por el escaner, antes de alcanzar el otro lado, ya tenía a dos policías nacionales junto a mí, haciendo preguntas como “¿Por qué lleva usted, señorita, una navaja en el bolso?” “¿Dónde se piensa que va con un cuchillo por ahí?” ó “¿Sabe usted que está prohibido llevar instrumentos cortantes de más de 10 cms de filo?” Mi cara de ¡Uhmmmmm! debía ser tal que se quedaron la vajilla y me dejaron seguir mi camino.

Un espárrago hinchable (Patch)

espárragos Alf
Mini punto para el que sepa la canción de los espárragos de Alf

En una vida anterior trabajé en una agencia de comunicación y uno de los clientes era una conocida marca de espárragos que nos alegran con su casting año tras año. Pero no nos desviemos del asunto. Resulta que esa marca hizo un concurso y en el que había que adivinar qué cantidad de dinero había en una foto y el ganador se lo llevaba.

La ceremonia de entrega la hicimos en un centro comercial de su localidad y para marcar el territorio hicimos como un mini estrado que flanqueamos con cuatro espárragos hinchables que eran más o menos de mi tamaño. Estuvimos inflándolos un buen rato porque no se nos había ocurrido llevar un compresor (lo dejé en el otro bolso).

Por supuesto hubo lucha de espárragos y toda clase de chanzas llenas de clase al respecto de estos vegetales tan ricos y diuréticos. (Otro día os cuento lo del casting de carretilleros je je)

Una caja de preservativos (Verónica Trimadre)

preservativos-bolso

Ya sé lo que estáis pensando. ¿Qué tiene de raro llevar preservativos en el bolso? A ver, quizá no es lo más usual del mundo a cierta edad, pero tampoco es como para rasgarse las vestiduras. El problema es que la caja de preservativos que llevaba en el bolso, ¡no era mía! Me explico.

Hace unos años me pasó una cosa curiosa. Fui de cena con amigas, luego llegaron las copas como suele ocurrir en estos casos y llegamos a las tantas a casa (cada una a la suya). Después de tomar mi vaso de leche antirresaca, me dormí con una pie fuera de la cama y apoyado en el suelo (como solía hacer cuando me sentía a la deriva en la cama).

A la mañana siguiente, mi novio -ahora marido- tenía una extraña pregunta que hacerme nada más despegué los párpados. Y es que había localizado en mi bolso abierto en la mesa de la sala una caja de preservativos RARA, RARA, RARA. Y cuando digo rara, es rara (marca, formas y colores). Y el buen hombre desconocía con qué fin estaba en mi bolso. No le culpo y el caso es que no tuve respuesta que darle, más allá de “se habrán equivocado”. La noche es confusa y en ella todos los bolsos son pardos.

Cloroformo (Nuria)

gatito

Lo del plátano no me atrevo a contarlo en público. Al fin y al cabo, tampoco era propiamente el bolso, sino la cesta inferior del cochecito. Ese olorcillo a salsa de soja… Mmm. No no, borra.
Creo que de lo más raro que he llevado yo en el bolso ha sido: ¡Cloroformo!
Me remonto claro está a tiempos inmemoriales (en que no había niños a quienes culpar) en que se puso de moda lo de hacer maquetas de proyectos con poliestireno. El cloroformo actuaba como disolvente y soldaba el material. Las juntas quedaban inmaculadas pero anda que no había fantaseado yo con mi botellita… Por supuesto, la broma jamás pasó de fantasía, que ya se sabe que algunas fantasías mejor dejarlas como tal.

Mirando hacia arriba… Menudo equipo de Mata Haris que estamos hechas. 😉

Una baraja de Tarot (María Jardón)

Cartas de tarot

Pues yo también soy de bolso grande y todo va para dentro. Que voy a comprar una lata de atún y un bote de tomate, para el bolso; que los niños recogen castañas, piñas o bellotas para su “colección”, para el bolso…eso por no hablar de abrigos, bolsas de gusanitos abiertas, botellas de agua, etc.

Pero al margen de todo lo que puedo llevar ahora que estoy segura que cualquier madre llevará cosas similares, tuve una época en la que me encantaba el Tarot, echar las cartas…En resumen, que era un poquito “bruja” y en el bolso siempre solía llevar una baraja porque, nunca se sabe cuando iba a necesitar echarlas, ya sabes, cosa de vida o muerte 😉

Una bolsa con huevos frescos (María José Sarrión)

Cuando vamos al pueblo es fácil que mi suegra me cargue de frutas y verduras varias, pero también es posible que sean huevos recién cogidos de las gallinas.  Y debió ser un día de estos, cuando descubrí el miércoles o jueves, dentro de la inmensidad de mi bolso que dentro de una bolsita, llevaba 2 huevos, que ya estaban rotos.

Cuando algo que habitualmente no pertenece al mundo de mi bolso entra en él, es fácil que me olvide de su existencia y por tanto, cohabite con el resto de vecinos pasando a formar parte de la fauna y flora local.

En mi defensa tengo que decir, que limpio el bolso de papeles, resto de bocadillos, juguetes varios y botellitas de agua vacías una vez cada quince días.

Galletas desmigadas (Lydia)

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Visto lo anterior, lo mío no es raro. Muchas veces llevo galletas, que no suelen ser para mí, pero se me olvida que están ahí, y con el ajetreo del bolso, los golpes con todo lo que hay en el interior, acaban desmigajándose y esparciéndose por el bolso. Suelen ir en paqueticos en papel de plata o bolsitas de merienda, pero esas migajas son muy escurridizas y se escapan.

Lo peor es cuando vas a meter la mano al bolso, para sacar algo que sabes que está en el fondo, como un boli, que siempre hay uno y no tienes claro donde, y metes la mano y la sacas llena de migas, metidicas entre las uñas. Un horror , un asco. Y lo que cuesta de deshacerte de ellas.

¿Y tú qué es lo más raro que has llevado en tu bolso?

10 COMENTARIOS

  1. Jajajajaja!!! Me parto de la risa!!! Lo que me he podido reír, entre el dispensador de precinto de Sara, las navajas de Ruth y el cloroformo de Nuria que son los tres que me ha parecido más raros…jajaja!!!

  2. Jajaja brutaaal lo que me he reído!! Sois lo peor!! XD

    Ah por cierto, a mi me ha cambiado la vida desde que llevo las galletas de los niños en un tupper! No se aplastan por el bolso y sólo es cuestión de irlo rellenando cuando se acaban.

  3. Me parto!!! muy buenos.

    Muchas veces llevo juguetes que me meten las niñas, y un dia,.abri el bolso y me encontre una pistola se juguete. El caso es que justo una compañera se quedó con el manillar de la ventana al intentar abrirla, en la mano. Se puso a hacer gansadas con él, apuntándinos como si fuera una pistola: manos arriba!!!!

    Qué oportuno! saqué mi pistola del bolso, y se lo dije yo a ella jajajajaja -caya corte, eso si es nivel- me dijo! que risas….

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