Ya lo decía la canción: “Breaking up is hard to do”. Bueno, a menos que pilles a tu amorcito en la cama con otra pareja, que eso (estaremos todos de acuerdo) facilita mucho las cosas. Si la cosa es un simple “se nos acabó el amor de tanto usarlo” cuesta mucho dar el paso y romper la relación. Nuestra razón nos dice una cosa (huye, lárgate, vete, CORRE) pero nuestro corazón se ha quedado enganchado en la relación y nos cuesta cortar el vínculo.
En muchos de los casos, en el fondo es que apreciamos a esa persona que ha compartido la vida con nosotros durante más o menos tiempo. Sabemos que si acabamos la relación posiblemente nuestra relación con ella cambie y simplemente es que no lo queremos en nuestra cama pero sí cerca de nosotros. Y por otro lado está el miedo. A lo desconocido, a no saber qué va a ser de nosotros ¿moriremos solos? Y ya, si dejamos la imaginación volar, acabaremos poniéndonos en supuestos cada vez más inquietantes ¿volveré a tener sexo alguna vez? ¿seré demasiado exigente? ¿Cómo estará el mercado? ¿Sólo quedarán restos de serie, como si esto fuera un outlet de la vida? ¿me convertiré en la vieja de los gatos?
La realidad es que nadie sabe qué va a pasar a continuación, pero deberíamos plantearnos que estar atrapados en una relación que no nos hace más que daño no es la mejor de las opciones y es mejor adiós con la manita. No es cierto que vayamos a pasar de Guatemala a Guatepeor: posiblemente YA ESTEMOS en Guatepeor. Pero ¿a qué signos debemos hacer caso para saber que una relación está acabada del todo y es mejor seguir con nuestra vida?
Estas son las 10 señales que marcan el principio del fin.
1. Falta de comunicación
Estáis en la típica reunión de amigos y de repente tu pareja empieza a contar cuáles son sus proyectos y tú te quedas con cara de seta: “¿pero y esto? ¡No tenía ni idea!”. No es necesario saber todas y cada una de las cosas que pasan por la cabeza de tu pareja (sois novios, no siameses, podéis y DEBÉIS tener una vida y pensamientos propios), pero cuando tu pareja son más las cosas que no sabe que las que sí deberíamos preocuparnos. ¿No las sé porque no me importan? ¿No le importa lo que yo piense? Una de las mejores cosas de tener pareja es precisamente el hecho de poder compartir cosas, tanto lo bueno como lo malo.
2. Todo lo que hace te irrita
Cuando conociste a tu chico pensaste que era genial cuando iba al baño y recolocaba las toallas para que estuvieran todas a la misma altura. Años más tarde te recuerda inquietantemente a esa película viejuna de Durmiendo con su enemigo en la que él era un psicópata de manual. Cuando estás harta de tu pareja todo, absolutamente todo, te molesta. Esas cosas que te parecían adorables, te molestan. Lo que te parecía odioso, te parece MÁS odioso si cabe. Y si no hay nada que te saque de quicio, te lo inventas.

3. Insultos y peleas
Hay parejas cuya dinámica incluye frecuentes peleas con sus ardorosas reconciliaciones. Es normal tener desavenencias de vez en cuando porque es imposible del todo estar siempre de acuerdo (mira lo que les pasó a los empalagosos Seal y Heidi Klum que pasaron de recasarse anualmente y dejarse notitas por toda la casa a separarse de un día para otro), pero si tu casa se parece más a un ring que a un hogar, en serio, ¡para!. No merece la pena. Ni por el sexo de reconciliación.

4. Se pierde la confianza
Como decía antes, encontrarte a tu pareja con otro en la cama es como para que la confianza se tambalee, esto es así. Aún así, si decidimos seguir con nuestra relación lo que no podemos es estar sacándolo a colación cada dos por tres. O perdonamos o seguimos por otro camino, no hay más. No existe la opción de nadar y guardar la ropa. Si vamos a estar echándolo en cara constantemente porque no nos fiamos ¡eso no es vida!

5. Siempre estás de malhumor
Porque da lo mismo que antes fueras un cascabel, una suerte de Marisol que iba sonriendo por la vida con cara de buen rollo (la vida es una tómbola, ton, ton tómbola). Tus amigos a menudo se preguntaban qué te habías fumado (¿tal vez una compresa de esas que huelen como las cosas que no huelen?) porque siempre estabas feliz como un unicornio cagando purpurina. Ahora tienes ojeras y ninguna gana de sonreír. Siempre estás de mal humor. Amiga, háztelo mirar. Algo no va bien. Algo no funciona.

6. No tienes ganas de mambo
Cuando acababais de comenzar os pasabais el rato en la cama, esto es así. Bueno, quien dice en la cama dice en el ascensor, en el sofá, en la cocina… #yatúsabes. Con el tiempo, es normal que no tengas ganas de ir violándolo por las esquinas porque lo tienes ya muy visto y en esa lista de lugares en los que practicar el sexo ya tienes muchos más siles que noles. Pero mujer, de ahí a convertirte en una monja cartuja y que se te regenere el virgo pues hay un paso.

7. Nunca te viene bien irte de la oficina
Da igual que tengas un trabajo fantástico de esos soñados: bien pagado, con reconocimiento, que te encanta. No nos engañemos: la mejor parte del trabajo es cuando termina y podemos irnos a nuestra casa a tocarnos el pie a dos manos o whatever. Esto es así. Si por alguna incomprensible razón te apetece quedarte con el culo pegado a la silla porque se está mejor ahí que en casa ¡¡¡PELIGRO!!!

8. La diversión ha desaparecido
No todas las parejas son un festival del humor ya desde el principio, pero quien más quien menos pasa un buen rato con su media naranja. Lo que cada uno considera “un buen rato” sin duda varía. Para unos consiste en ir a una fiesta super glamourosa, otros (los menos) consiguen convertir una visita a Ikea en el no-va-más y otros encuentran la diversión jugando a rol. ¡Uno mismo con su mecanismo! Pero si después de estar un rato con tu pareja te quedas sin temas de conversación o directamente te entran ganas de echarte a llorar… malo.

9. Tu familia lo tiene claro
Tu madre no lo dice no, pero lo mira mal. Nadie como la familia o las amigas cercanas para oler la porquería a distancia. Las madres, por defecto, saben que hay algo que no funciona. Sabe que su hijita (aunque haga tiempo que pasó la mayoría de edad siempre será pequeña para ella) lo está pasando mal en cuanto la miran y si todos los indicios apuntan en la misma dirección recuerda: si es blanca, tiene pinta de leche y sabe a leche, ES leche.

10. No tienes planes de futuro
Pero la señal definitiva es que si no te ves en un futuro con esa pareja, si no te ves envejeciendo a su lado, o lo que es más triste, sin él a tu lado pasado mañana (y no eres un personaje de Juego de Tronos, claro, que ahí la mortalidad va a su ritmo) en serio, déjalo. Si te pasa todo esto y no te importa es que eres una triste de la vida. Si te importa, cuanto antes pases página, mejor. Romper con tu pareja seguro que no es lo peor: lo que estás viviendo YA es lo peor.
Dios mío, voy a morir, ¡¡¡salgo en Juego de Tronos!!!Imagen destacada: Película Abajo el amor
Enorme compañera. Hasta esto lo cuentas con gracia. A veces no hay más ciego que el que no quiere ver. Un besote
Regeneración de virgo en curso… No te digo más.
Cualquier escusa es buena para decirme que no.
Es buen motivo para planteárselo???