Se vende

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No es que todas las madres suframos síndrome de Diógenes a pequeña escala -que también-, es que a medida que la familia crece los bártulos que acumulamos en casa se multiplican exponencialmente. Si, además, a ello le sumamos la cantidad de cachivaches y juguetes que acompañan la infancia de los niños ya tenemos el sarao montado. Nuestra casa se convierte en un auténtico almacén en el que, o ponemos un poco de orden y aligeramos espacio, o podemos acabar perdidas en un océano de cosas muchas veces innecesarias.

Cuna, minicuna, silla de paseo y para el coche, capazo, trona, hamaca, sacos, bañera, cuna de viaje, juguetes y ropa… mucha ropa ¿Hace falta que siga enumerando todas las cosas que se apilan en los altillos y armarios de tu casa, en lo más profundo del canapé y, en el mejor de los casos, en ese trastero cuya capacidad está llegando a un punto de no retorno?

O nos ponemos las pilas o haremos buena esa frase tan de madre: “Si meto algo más en casa tendremos que salir nosotros”. Nuestra compañera Ruth, que de mayor sueña con ser organizadora de casas, seguro que podría darnos algunos buenos consejos pero -asumámoslo-, es imposible que pongamos un mínimo de orden a todo este desastre sin antes deshacernos de muchas de esas cosas que ya no nos sirven. No hay dolor. Mentalízate, se realista y comienza a seleccionar. Esto sí, esto no, esto sí, esto no… pero, ¿qué hacer con el montón de cosas que ya no necesitas? Bueno, sería más correcto preguntarse ¿qué hacer con esa PARTE DEL MONTÓN de cosas que ya no necesitas y no van a acabar en el cubo de la basura?

Reciclar

Hay pocas cosas en la vida a las que no se le pueda dar una segunda oportunidad. Puede que a algunos productos específicos de la primera infancia de nuestros hijos sea imposible encontrarles otra utilidad de aquella para la que fueron creados, pero ¡nunca se sabe! Esta cuna reconvertida en escritorio es un buen ejemplo de ello, pero no el único. Con un poco de imaginación y tirando del -bendito- Pinterest todo es posible.

reciclar

Prestar

¿Acaso no recuerdas la historia de esa cuna que ayudó a criar a todos tus primos? Generación tras generación se impone legar muebles y productos infantiles a otros miembros de la familia. Y el que piense que eso es algo del pasado creo sinceramente que está equivocado. Es cierto, para qué nos vamos a engañar, que a todos nos gusta estrenar nuestra sillita de paseo, la cuna, la silla del coche… Si es el primer bebé de la familia, ¡ni te cuento! ¿A ver quién es el guapo que convence a las abuelas de que su primer nietecito va a pasar sus primeros meses de vida en la cuna de la prima de la amiga de tu vecina la del cuarto? Pero con el paso de los años y la llegada de más hijos/primos a la familia todos nos volvemos más prácticos y acabamos asumiendo que la reutilización es útil, reduce gastos -algo que, tal y como están las cosas, se agradece-, práctica y permite ahorrar espacio. Al fin y al cabo, sí es cierto que muchos muebles y “aperos” para los bebés tienen tanto uso que acaban destrozados, pero a otros muchos les pasa su momento sin apenas desgaste.

Donar

Y si no tienes cerca a nadie a quien prestarle las cosas, donar es la mejor forma de prolongar la vida útil de todo aquello que ya no necesitamos. Todos conocemos a alguna familia -por desgracia, cada vez más- que esté pasando un mal momento y a la que la ropa que a tus hijos les queda pequeña les ha sacado de más de un apuro. En las parroquias y muchas ONGs también gestionan este tipo de ayuda.

Yo, personalmente, prefiero entregar lo que ya no utilizo en mano porque, por ejemplo, los contenedores de recogida de ropa usada me generan muchas dudas. Recuerda cuando te acerques a uno de ellos que sí es cierto que algunos están gestionados por agrupaciones sin ánimo de lucro, pero detrás de otros se encuentran empresas que hacen negocio con lo que a ti ya no te sirve.

Sobre todo en Navidad, todos estamos muy concienciados de que donar juguetes es el mejor, más sincero y útil ejemplo de solidaridad que podemos dar a nuestros hijos. Pero, más allá de estas fechas, muchos hospitales y centros de menores recogen también juguetes y ¡libros! porque solemos dejar que nuestra biblioteca infantil coja polvo con títulos que por edad sabemos que nuestros hijos ya no utilizarán más.

trastero

Pero ¡ojo! que no solo de ropa y artículos infantiles hablamos. Sube a tu trastero y empieza a valorar qué ya no utilizas y a quién le podría venir bien. No se trata de saber a quién le vas a empaquetar tu mierda -con perdón-, sino de dar cosas en buen estado y a gente que realmente la vaya a utilizar (y bajo esta premisa me planté hace una semana en la oficina con un arenero para gatos, dos botes de bbcream que too much para mi tez blancucha, una moto de juguete y dos disfraces de bruja de distintas tallas).

Igual que existen bancos de libros, en algunos clubes y agrupaciones musicales están comenzando a arraigar los bancos de material deportivo e instrumentos con las donaciones que de forma altruista hacen los padres. Una idea fantástica teniendo en cuenta lo rápido que crecen los niños y la fugaz que resulta a veces su afición por una disciplina. Hoy por ti, mañana por mí.

Os sorprendería saber la de cosas que necesitan, por ejemplo, algunas fundaciones y ONG’s que gestionan pisos seguros para mujeres que han sufrido violencia de género o casas tuteladas. Ropa de cama, vajillas, pequeños electrodomésticos, muebles…

Y, que conste, que igual que me encanta “redistribuir” mis bienes, tampoco tengo ningún reparo ni escrúpulo en usar lo que me dan si lo necesito.

Vender

Y aquí llegamos a mi último gran descubrimiento porque, cuando todo lo demás falla -o no falla y te apetece recuperar unas pelillas- ¿por qué no venderlo? Gracias a internet el mercado de segunda mano ha sufrido un repunte. ¿Dónde hacerlo? Pues hay opciones para todos los gustos. Desde los más clásicos, como Ebay o los más específicos como Todo Colección o Percentil, dedicado solo a ropa. Mil Anuncios, Segunda Mano o Wallapop

Aquí he de decir que juego con ventaja, porque mi marido tiene alma de “feriante” y no tengo más que decir “esto ya no lo necesitamos, dale salida” para que empiece a moverlo. Y lo mejor es que ¡rara es la vez que no lo consigue! La tablets viejas, los teléfonos usados, todo el material infantil que no logramos “colocar” entre los allegados… a todo todito todo le ha ido dando una salida a un precio más o menos razonable.

Y, ahora, reconócelo, ya te ha picado el gusanillo. Nada más dejar de leer vas a empezar a abrir armarios y repasar cajones, hacer memoria porque el próximo fin de semana, sí o sí, toca limpieza.

Fotos: 1. Blog Bebé y Decoración / 2. Pixabay

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

6 COMENTARIOS

  1. Claro que sí!!! Y añadiría yo: los mercadillos familiares y o lo que en casa de mis padres llamamos “ir de compras por casa”. Quedamos en la fecha, llevamos toda la ropa que ya no nos ponemos y organizamos el sarao: pasan las tías, las primas, las vecinas… siempre salimos con modelito nuevo. Es cierto que con las tallas, hay problemas, pero mi ropa encoje, la suya se da de sí, los bolsos y complementos no tienen talla…

  2. Yo es algo que voy haciendo de vez en cuando, no queda otra cuando vives en un piso no muy grande y sin trastero…
    Pero a lo que venía: os animo a la que tenga más tiempo (¡qué chiste!) que averigüe dónde donar juguetes y nos ponga un listado.
    Hace un año o dos (ni me acuerdo, cómo pasa el tiempo) estuve investigando tras haber hecho limpieza de juguetes previa a Navidad y llamé y mandé mails a muchos sitios (hospitales, ONGs, etc) y todos me decían que gracias, pero que no. Al final encontré que en el punto verde (hablo de Barcelona) recogían para llevarlo a no sé qué asociación, pero me quedó un mal sabor de boca de no saber qué hacer con esos juguetes y pensar que podrían usarse con muchos niños…

  3. En mi caso es a quien le han prestado muchas cosas. Entre ellas mi madre que nos ha dado la cuna que usó con mi hermano y conmigo. Tal vez no sea tan cuqui como las que me gustaban, pero el dinero que me ahorro y el valor sentimental la hace perfecta. Y toda la ropa de cuna y del carrito también me la han dejado.
    Cuando mi gordi deje de usarlo lo guardaré todo por si algún día llega un hermanit@, pero luego habrá que hacer algo con todo eso jeje.

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