lunes, mayo 16, 2022
InicioLifeStyleSer madre me ha enseñado a...

Ser madre me ha enseñado a…

Que no se me estrese nadie, que no vengo aquí a pontificar. Que con hijas de 9 y 12 años, a mí me queda mucho que criar y mucho que aprender de maternidad. Pero sería absurdo negar que con más de una década de maternidad a mis espaldas no he llegado a algún que otro convencimiento. Hace tiempo, nuestra querida Vero, ya nos contó la revolución interna que para ella supuso la maternidad. Hoy, yo también quiero relataros que “ser madre me ha enseñado a…”

A ser más tolerante

No se si ha sido la maternidad o simplemente los años pero, en general, me he convertido en una persona cada vez más tolerante y abierta, más empática y receptiva con las posturas ajenas. Salvo con los antivacunas, que no comulgo, me parece estupenda y no oso cuestionar ninguna decisión que un padre tome respecto a sus hijos. Que colecho, colecho; que en su habitación desde la segunda semana, a su habitación; que lactancia prolongada, prolongada; que formula, pues fórmula; que porteo, porteo; que no brazos, pues no brazos; que la dejo ver la tele, pues viva la tele; que no le dejo dispositivos electrónicos, pues ¡opa! -en mi idioma opa es equivalente aquí a bravo, pero podría ser también un saludo (opa’hi), un vale con retranca (opa por ti)…-; que los sobreproteges, me parece bien; que le das más margen para que sea independiente, pues también perfecto…

Hace algún tiempo leí un estudio sobre educación del que dos cosas se me quedaron grabadas a fuego: La primera, que los hijos agradecen que se les pongan normas, porque les hace sentir que sus padres se preocupan por ellos. Y la segunda, y que viene aquí a cuento, que ya sea un padre permisivo, un padre estricto o un madre moderado, todas las decisiones que toman los padres respecto a sus hijos lo hacen pensando que son lo mejor para ellos.

Y eso a veces se nos olvida cuando cuestionamos otros tipos de crianza o, incluso, cuando somos demasiado críticos con nuestro ejercicio de la maternidad/paternidad: que todas y cada una de nuestras decisiones están guiadas siempre por el infinito amor que les tenemos a nuestros hijos y un convencimiento absoluto de que lo que hacemos es lo mejor para ellos. Y esto me lleva, directamente, a lo siguiente que he aprendido…

A asumir que no hay verdades absolutas

Al menos en la maternidad. Y de hecho, pensar que existen, aferrarse a que estamos en posesión de ellas, nos va a poner en una situación inmovilista que nos impedirá crecer como personas y como padres y nos impedirá hacer esa autocrítica, que a mi modo de ver es tan necesaria para mejorar en cualquier orden de la vida. Probablemente muchas ya lo sabréis, otras os estaréis dando cuenta poco a poco, pero hay un periodo en la maternidad, sobre todo en los primeros años, que inevitablemente vas a estar muy en contacto con otros niños, otros padres y otras formas de criar. Pensar que estás siempre en posición de la verdad absoluta en cuestiones de maternidad va a generaros infinidad de conflictos y malos rollos absurdos.

A que un “no nunca” es igual que escupir al cielo

Resulta inevitable que por educación, imitación o convencimiento todos lleguemos a la maternidad/paternidad con una mochila de ideas preconcebidas y pautas que prendemos aplicar en nuestra recién estrenada faceta. El problema es que una cosa es ser madre “en teoría” y otra es serlo “el la práctica”. Y como al final, de lo que se trata es de sobrevivir, vas haciéndote más laxa en algunos de tus principios hasta que te das cuenta de cuantos “yo nunca” se han quedado por el camino. “Yo nunca dejaré a mis hijos ver la tele”, “yo nunca daré chuches a mis hijos”, “yo nunca impondré mi criterio con un ‘porque lo digo yo'”… Hace falta que siga u os hacéis una idea. Esta última es especialmente graciosa, porque el “porque sí nunca es una respuesta válida” me duró a mí lo que tardaron mis hijas en acercarse peligrosamente a la adolescencia. Yo que iba a ser toda concordia… ¡cuantas veces no habré zanjado una conversación con “porque lo digo yo y punto” ¡Y tan ancha!

A relativizar las cosas

La maternidad es una fuente inmensa de felicidad, pero también, no nos engañemos, una carrera de obstáculos, en la que estás siempre sorteando problema(illas). El bebé no se agarra a mi teta, mi hijo no duerme toda la noche, no puedo con las rabietas, este niña no me estudia, me han llamado del cole para hablar, se ha peleado con los amigos, ¡ay que triste lo veo!… No quiero decir que, en el momento, no tengas que preocuparse por todas y cada una de estas cuestiones y un sinfín más que seguro que todas conocéis bien. Evidentemente tenemos que preocuparnos, buscar soluciones, lidiar con ellas de la mejor forma posible… ¡Peeerooo! De ahí a hacer un drama hay un mundo. ¿Cuántas veces te ha sacado el sueño cuestiones que con el paso del tiempo asumes que eran una estupidez? Pues eso. RELATIVIZA.

Aunque algún día profundizaré en el tema, os dejo un vídeo de Victor Kuppers que me tiene emocionada. Os lo recomiendo entero, pero si tenéis prisa, a partir del minuto siete está lo que para mí es verdaderamente importante.

Que las rutinas son necesarias, pero los horarios están sobrevalorados

Importantes no, importantísimas. Los niños necesitan rutinas, sobre todo de pequeños. Con el tiempo te das cuenta de que, como los adultos, hay algunos que las requieren más que otros porque necesitan de la necesidad que les aportan. Pero, en cualquier caso, que las rutinas sean necesarias, no quiere decir que no podamos romperlas. No podemos hacer un drama cada vez que nos salimos de la rutina. Primero porque mentalmente no es sano vivir en ese estrés permanente y más cuando lo que te traes entre manos son niños, que son auténticos expertos en generar situaciones imprevisibles. Pero también porque, si nosotros mismos no somos capaces de asumir que a es necesario salirse del guion, nos será difícil transmitirles a ellos capacidad para adaptarse a las situaciones que vayan surgiendo.

“¡Llego tarde! ¡Llego tarde!”

Nunca viví obsesionada por los horarios, pero ya os digo yo que, si pudiese resetear mi maternidad, todavía sería más laxa en ocasiones con ellos. Sí, tu hijo necesita dormir, y sí, ha de acostar se pronto, peor ¿realmente pasa algo por que, ocasionalmente, vayamos al cine entre semana y en vez de a las nueve y media se acueste a las diez? ¿o por que se nos haya prolongado la tarde en el parque y tengamos que saltarnos el baño antes de la cena? En serio, no. Y esos breaks acabarán reportándoos más satisfacciones y buenos momentos de los que podéis imaginar.

Educa, que algo queda

Ser madre, a veces, es como predicar en el desierto. Te pasas la vida tratando de educar a tus hijos, ya sea con palabras o con tu ejemplo y parece que nada les cala. Te aseguro que sí lo hace. Quizás no lo veas hoy, o mañana, pero un día descubrirás un detalle, un gesto, un argumento, una palabra que te harán ver que todos los esfuerzos no han sido estériles, que aunque parezca que no oyen/asimilan, realmente todo lo que les dices les queda ahí y acaba germinando… ¡Ojo! Tanto lo bueno, como lo malo, así que nunca pierdas la oportunidad de ser un buen ejemplo.

Que no hay que darle a todos lo mismo, sino a cada uno lo que necesita

¿Criamos los padres a todos nuestros hijos igual? Ese es el eterno debate. A los padres nos gusta pensar que sí, pero la verdad es que no. Resulta imposible. Hay tantos condicionantes que es imposible reproducirlos todos. Pero ¡oye! que eso no es malo. Sí es cierto que en las líneas maestras coincidimos, pero al final, de lo que se trata, no es de darlo lo mismo a todos nuestros hijos, sino lo que cada uno necesita en cada momento.

Fotos: Pixabay

María L. Fernández
María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
RELATED ARTICLES

Most Popular

Recent Comments

María L. Fernández on Problemas maternales del primer mundo
Alejandra deF on ¿Eres supersticiosa?
Alma Rosa Calderón Herrera on ¿Tute gratuito? ¡No, gracias!
Juan Luis on Odio Star Wars
María L. Fernández on Mis 10 blogs de cocina IMPRESCINDIBLES
Irene on A veces grito
Silvia - Mimette.com on Mis zapatos depilados, gracias
Ana (Pequeña Hormiguita) on Corresponsabilidad esa gran desconocida
La loca del Pelo Gris on Encorsetar a una hija (escoliosis)
Anya on Verano ¡ven!
Natalia Martín on Encuentro MMM a la vista
Natalia Martín on Encuentro MMM a la vista
Cata de mamatambiensabe on ¿Por qué tenemos miedo al feminismo?
Natalia Martín on iMMMprescindibles de abril
Emmanuel rivera on Odio Star Wars
marisa, la estresada on iMMMprescindibles de abril
Maria José on Esas costumbres molestas
Natalia Martín on ¿Tú no tienes papá, mamá?
Omar on Odio Star Wars
Limonerías on Londres, de niño a niño
Natalia Martín on Cariño, ¿te gusta tu escroto?
Madreexilio on Educar sin género
Sara Palacios on Música para follar
Maria José on Música para follar
Violeta Rodríguez Fotografía on Ama, vive y come
Marta on Ama, vive y come
Natalia Martín on Ama, vive y come
Noelia - Golosi on Querido Fassbender
Noelia - Golosi on Querido Fassbender
Julieth montaña on La frustración y la maternidad
Natalia Martín on Nuevo año o vida nueva
Natalia Martín on Nuevo año o vida nueva
marisa, la estresada on Nuevo año o vida nueva
Ruth de Rioja on ¡Feliz 2017!
anya on ¡Feliz 2017!
Limonerías on Inocentadas de bombero
marisa, la estresada on Inocentadas de bombero
Susana on Querido Fassbender
Sofia Sanchez peña on Sobrevivir a la Navidad en familia
Limonerías on El juguete de tu infancia
Epaminondas on Hablemos de princesas
Alejandra deF on ¿Eres puta o princesa?
Ana Guillén on Agendas bonitas para 2017
Noelia - Golosi on Agendas bonitas para 2017
Sara Palacios on Tu juego de mesa favorito
Juegos de mesa Addicted on Tu juego de mesa favorito
marisa, la estresada on Tu leyenda urbana favorita
La maternidad de Krika en Suiza on Tu leyenda urbana favorita
Paola Velázquez on El segundo hijo o el segundón
Verónica Reng on El segundo hijo o el segundón
Natalia Martín on El segundo hijo o el segundón
Sara Palacios on Todos somos Chenoa
AniPatagonia on Todos somos Chenoa
Johanna Arco on Todos somos Chenoa
Sara Palacios on Todos somos Chenoa
Sara Palacios on Todos somos Chenoa
Noelia - Golosi on Todos somos Chenoa
Ana [Mi mama es asesora de lactancia] on Tu nombre de pueblo favorito
Limonerías on Mi luna de miel
anya on Mi luna de miel
Limonerías on Tu juego de mesa favorito
Laura Arceo on Homeopatía y caries
Marisa, la estresada on La llamaron “loca”
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Harry Potter y el Legado Maldito
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Harry Potter y el Legado Maldito
Alfonso de Lozar on Asúmelo… ¡eres tu madre!
Vestidos para bautizos on De tutús, pelucas y masculinidad
Aprendemos con mamá on Cerrar etapas para…¿abrir otras?
Sara Palacios on Mujeres y libertad
Noelia - Golosi on Mujeres que son historia
Noelia - Golosi on Mujeres que son historia
Johanna Arco on Mujeres que son historia
Virginia A. C. on Mujeres que son historia
Sónia Cristina Relvas Luciano on Mujeres que son historia
Noelia Martin on Mujeres que son historia
Jess vaquero cuervo on Mujeres que son historia
Patricia Barreiro on Mujeres que son historia
Lupe Soria on Mujeres que son historia
Noelia Martin on Por qué me gusta Peppa Pig
Marisa, la estresada on Río 2016: olimpiadas y machismo
Natalia Martín on Visitar Valencia este verano
rosi marugan on Ser madre y opositar
Sari - Hechizos de Amor on Tácticas amorosas: el tira y afloja
Julia Martín on Montessori para novatos
Sara Palacios on La fiebre de las minicasas
Immi on Extranjera eres
Marisa, la estresada on Extranjera eres
Raquel on Extranjera eres
Laura on Extranjera eres
Esther on Extranjera eres
madrexilio on Extranjera eres
Limonerías on La vieja que quiero ser
Marta García on 7 días sin beber coca-cola
anya on Tengo cursitis
Noelia - Golosi on ¿Hacemos la tortuga?
Noelia - Golosi on Talentos ocultos
notengowhatsapp on Queridas madres del Whatsapp
Marta Capella on Queridas madres del Whatsapp
Alejandra deF on Queridas madres del Whatsapp
Sara Palacios on Queridas madres del Whatsapp
María José on Eres viejuno
La Sonrisa de Mini Yo on No quiero morirme sin visitar…
Limonerías on Eres viejuno
Natalia Martín on Eres viejuno
Noelia - Golosi on El profesor de balonmano
Limonerías on Yo también soy gay
La Sonrisa de Mini Yo on Cómo destrozar Grease
Bobyshaftoe on Cómo destrozar Grease
Natalia Martín on Cómo destrozar Grease
marisa, la estresada on Querido Marido 1.0
Noelia - Golosi on El chico perfecto tendría…
María trinidad espinosa guirao on No, esa frase ya no se dice
Padres en pañales (@Padresenpanales) on El lado Wonderful / Puterful de las cosas. Tú eliges
Mamagnomo on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sandristica on Querido Fassbender
Natalia Martín on Querido Fassbender
Vidas_pixeladas Carla on ¡Maldito Mickey Mouse!
marisa, la estresada on ¡Maldito Mickey Mouse!
Verónica Reng on Calladita estás más guapa
Noelia - Golosi on Calladita estás más guapa
cata de mamatambiensabe on 12 cosas que adoro de ser autónoma
Ana - Querubino on Calladita estás más guapa
Carmen on ¡Adoro Divinity!
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Claves para elegir un buen regalo para un recién nacido
MamaCloud on 7 días sin enfadarme
Limonerías on 7 días sin enfadarme
madre estresada on Cosas que me irritan…
Mónica de Objetivo Tutti Frutti y Blogger Paso a Paso on 7 días sin tomar azúcar ni harinas
Auxi on A veces grito
Teresa - El Rincón del Peque on A veces grito
Daniells on A veces grito
Lorena on A veces grito
VANESA ALONSO CIMAS on A veces grito
Natalia Martín on A veces grito
Carol on A veces grito
Carmen Abián on Confesando mi adicción
Sandristica on Confesando mi adicción
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Así viví #elVermmmut
Madre Exilio (@Madrexilio) on Así viví #elVermmmut
Verónica Trimadre on La brutal sensación de estar viva
Verónica Trimadre on La brutal sensación de estar viva
Verónica Trimadre on La brutal sensación de estar viva
María on Ladrones de tiempo
Alejandra deF on Hay amores que matan…
Cata de mamatambiensabe on Ladrones de tiempo
Eduardo Muñoz on Micromachismos intolerables
Sandristica on Cómo volverle loco
Vyacheslav Dudkin on Las Monas de Pascua más feas
Chica Perika on Dale a tu cuerpo alegría
Natalia Martín on Dale a tu cuerpo alegría
Mamá Resiliente (@MamaResiliente) on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
El espacio del bebé on Fantaseando… o quizá no
Cuestion de Madres on ¿Cómo comunicaste tu embarazo?
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Fantaseando… o quizá no
Noelia - Golosi on Modas ideales que vuelven.
Johanna Arco on Modas ideales que vuelven.
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo
marisa, la estresada on Adolescentes y Sexo