¿Está muerta la televisión convencional?

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Recuerdo cuando era un poco mucho más joven. No es que nos hiciera gracia pero sí que teníamos asumido que en lo que se refería a la televisión teníamos que esperar constantemente. Teníamos que esperar a que echaran algunos programas que sabíamos que ponían en otros países pero no aquí. Teníamos que esperar a interminables bloques de anuncios en los que perdías la vida entera y que hacían que casi casi te olvidaras de por dónde iba la película que estabas viendo. Tenías que esperar a que alguien tuviera a bien acordarse de programar esa película que estabas esperando o bien bajarte al videoclub a alquilarla si no tenías paciencia para ello. 

Nuestra generación tenía la paciencia bien entrenada, por la cuenta que le traía. Aquellas eran las reglas del juego: o lo tomabas o lo dejabas o te dabas a actividades que no eran estrictamente legales, pero eso sólo me lo han contado

Televisión antigua

Era terrible depender de la programación y rezar para que no maltratasen a la serie que estabas viendo. ¡Menudos cabreos cuando cambiaban una serie de horario! De repente esa serie que te encantaba acababa programada a las tantas de la madrugada y había que ser muy fan y/o tener buena memoria para acordarte de programar el vídeo para poderla seguir. No veías necesariamente lo que más te gustaba, sino lo que coincidía que ponían en el horario en que podías ver la tele. Así, había series que prácticamente sabíamos todos de memoria de tantas veces que habíamos visto y otras que poco menos que había que ser un héroe para poderlas seguir. 

Sin ir más lejos en su día yo no pude ver Las chicas Gilmore porque sencillamente era incompatible con mis horarios. Una pena, porque ya entonces yo sabía que era una serie que me iba a gustar ¡y no la pude ver por motivos ajenos a mí! 

El cambio en el paradigma

Estábamos esperando que llegaran las televisiones por streaming como agua de mayo conscientes de que aquello iba a a suponer un antes y un después en el modo de consumir televisión… y así ha sido. Han bastado dos años para que la manera de consumir televisión de antes no tenga nada que ver con la de ahora. Podríais decir, “sí, pero Movistar estaba antes”. Y es cierto, pero ni sus precios ni su accesibilidad tienen nada que ver con Netflix, HBO o Prime Video. Digamos que Movistar es televisión antigua vestida como si fuera nueva. La prueba es que aquello no cambió sustancialmente nada. Pero la llegada de Netflix primero y apenas un mes más tarde del resto de televisiones online lo han cambiado todo. 

“No veo la tele, sólo veo Netflix”

Reconozco que esta frase, que oigo mucho, no deja de sorprenderme porque técnicamente el aparato es en muchos casos el mismo. Lo que está claro es que la gente establece una diferencia porque para ellos Netflix no es televisión pura y dura

Yo estoy encantada, la verdad. Mis hábitos viendo la televisión han cambiado radicalmente, como los de la mayoría. Las cadenas mayoritarias y tradicionales sólo las veo para programas de entretenimiento muy concretos y cuando éstos terminan dejo de verla por inercia como a veces hacía antes. Este momentum sólo lo tengo con alguna cadena de la TDT: sí que puedo tener en algunos momentos Divinity en bucle porque estoy enganchada a los programas de reformas y simplemente no tienen competencia

Las televisiones en streaming han quitado a la mayoría de la gente (salvo a los muy pro) las ganas de piratear. Esto prueba que la piratería crece exponencialmente cuando la gente tiene la sensación de que le están pidiendo un precio abusivo ¿para qué vas a descargarte películas o canciones si tienes maneras de hacerlo legalmente sin tener que empeñar un riñón y que implica cero esfuerzo? Mientras los precios y la accesibilidad son asumibles la gente no busca grietas en el sistema. 

television antigua

Las plataformas digitales lo que nos han quitado es la necesidad de esperar. No hay anuncios, que cada vez toleramos peor. Antes aceptábamos con resignación más o menos cristiana las interminables pausas para los anuncios. Ahora mismo no estamos dispuestos a tolerarlas y no volvemos. Aceptamos que nos corten más veces pero que duren mucho menos tiempo. Más de dos anuncios es algo que llevamos muy mal. Tampoco llevamos bien el esperar a que una serie vaya sacando los episodios cada semana. Salvo que sea una serie que realmente esperas con ansia (y, sinceramente, con la proliferación de éstas que hay cada vez son menos) preferimos verla de un tirón. No tenemos ni paciencia ni ganas de verla al ritmo que las cadenas nos mandan: queremos ser los dueños de nuestro tiempo. 

 No tenemos ni paciencia ni ganas de ver las series al ritmo que las cadenas nos mandan: queremos ser los dueños de nuestro tiempo. 

El espectador de hoy en día quiere ser soberano. Quiere elegir si dedica un poco de tiempo a su serie favorita o quiere darse un atracón en forma de maratón y que esto no dependa de terceros. Elegimos entre un catálogo muy extenso que conoce nuestros hábitos y que nos sugiere cosas para ver en función de nuestros gustos personales (¡y aciertan!). 

¿Va a acabar la tele en streaming con la televisión tradicional? De momento me atrevería a decir que no porque hay una generación que no está acostumbrada a lo que viene … pero tiempo al tiempo. Tendrá que necesariamente evolucionar hacia otra cosa, adaptarse a los tiempos que vienen porque las personas que verán la tele en un futuro no son el tipo de espectador al que están acostumbrados. Para empezar porque son gente que le da mucha más importancia a lo que ven en Youtube y no sacralizan nada a los medios tradicionales. Pero esta es otra historia que tendrá que ser contada en otro momento. 

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