¿Cómo lavar peluches?

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A pesar de que nunca han sido fanáticas de los peluches, mis hijas han acumulado una ingente cantidad de ellos en los últimos años. La pequeña tiene uno preferido, ese que la ha acompañado desde que tiene uso de razón y del que no se despega para dormir. Lucy, que así se llama, es especial, pero el resto de peluches no corre tanta suerte, así que, tras llegar a casa, pasan algunas semanas ocupando un lugar prioritario en la cama hasta que me canso de tener que colocarlos cada mañana y acabo enviándolos al “rincón de pensar”, léase aquí el altillo del armario.

En mi casa, el concepto más parecido a criar malvas para un peluche es acabar sobre el armario de la habitación donde no crían malva pero sí que acumulan una cantidad de polvo que no es ni medio normal. Sé que eso es insano y sé también que debería lavarlos con más frecuencia, pero es algo que me da tantísima pereza y a la larga es un tiempo tan perdido -total van a acumular polvo de nuevo-, que lo he ido postergando por años hasta que ha resultado inevitable.

Los he amontonado todos y, aunque lo que me gustaría realmente es marcarme un Marie Kondo, abrazarlos y dejarlos ir, me he armado de paciencia para devolverlos a su estado original. Así que aquí te voy a contar un par de truquillos para lavar con éxito y sin morir en el intento los peluches de los más pequeños de la casa.

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Lo primero que hago es organizarlos por material -no demasiado- y, sobre todo, por tamaño. Esto último parece una tontería, pero resulta muy útil a la hora de equilibrar el peso en la lavadora y evitar colapsos por sobrecarga. Porque sí, reconozcámoslo, todos hemos llenado alguna vez la lavadora por encima de nuestras (y sus) posibilidades.

Amontona los peluches, abrázalos y déjalos ir

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Más allá del tamaño, lo principal es identificar aquellos que tienen en su interior componentes electrónicos o/y baterías. Porque esos, como tu ya habrás imaginado, no pueden pasar por la lavadora. Hago la aclaración porque, en ocasiones, a mí ya se me ha ido la pinza alguna vez. En algunos casos, estos dispositivos se pueden extraer del interior, lavarlos y volver a colocarlo. Si es así, ¡perfecto! ¡adelante! De lo contrario, tocará plan B.

También es importante detectar cualquier desperfecto, sobre todo si están descosidos o rotos, para arreglarlos y evitar que pierdan relleno por el camino.

A la lavadora

Salvo contadas excepciones, la mayoría de peluches son “todoterreno”, así que no padecerán demasiado en su paso por la lavadora siempre que tengamos algunas precauciones: Lo mejor es meterlos dentro de una funda de almohada, en remesas de pocas unidades, y lavarlos con nuestra ropa delicada. Porque, precisamente, lo ideal para ellos es elegir un suavizante específico para prendas delicadas y un programa acorde. Normalmente ciclos cortos, en agua fría y centrifugados mínimos.

Secos y como nuevos

A mí, personalmente, el momento secado es el que más pereza me da. Si has seguido los pasos previos, incluido el del centrifugado a muy bajas revoluciones, verás que salen muy, muy pero que muy mojados de la lavadora. Como un perro de la ducha antes de sacudirse. Así que prepárate para un largo secado. ¿Que si se pueden meter en la secadora? Pues casi mejor que no te arriesgues, porque el resultado puede ser impredecible. Y sin secadora de por medio, prepárate para un largo periodo de tiempo al sol. Así que planifícate, estate atenta al parte meteorológico y reserva tu tendal por varias horas o días. Porque, recuerda, una de las claves para que el proceso sea satisfactorio es que el peluche acabe PERFECTAMENTE seco. Para acelerar el proceso, un buen truco es secarlo previamente con una toalla, apretándolo un poquito con cuidado de no deformarlo.

Cuidados especiales. Plan B

Si bien no quieres meterte en tanto jaleo y se trata solo de sacar un poco de polvo, o bien tienes entre manos un peluche muy viejecito -que suele ser también muy querido- o extremadamente delicado, hay que recurrir a otros métodos.

La primera alternativa es recurrir a la aspiradora para sacar todo el polvo y/o a un cepillo viejo. Si no es un caso muy grave de “gorrinidad” puede llegar con pasarle un trapo húmedo.

Si quieres hacer una limpieza más profunda pero la lavadora está descartada, puedes recurrir a un lavado en seco. Lo primero es humedecer el peluche ligeramente -solo ligeramente, insisto- con una toalla húmeda o un pulverizador, meterlo en una bolsa con bicarbonato sódico, cerrarla, agitarla bien durante algunos minutos. Después déjalo allí durante algunas horas y, finalmente, limpia los residuos con un cepillo.

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