Cuídate para poder cuidar

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Hace muy poco fue el Día Internacional del Cáncer de Mama y me acordé de una amiga mía cuando acababa de someter a una mastectomía. Hablo de una mastectomía, no una operación de la vista para eliminar la miopía, una liposucción o cualquier otra cirugía para proporcionarnos más calidad de vida o para ayudarnos con la autoestima. A pesar de lo duro de lo que acababa de pasar y de lo que le quedaba por delante su mayor interés era encontrarse mejor para seguir cuidando de su familia.

Esto no tiene nada de raro. A menor escala siempre tengo la sensación de que las mujeres nos cuidamos poco. Recuerdo pocas veces a mi madre enferma y posiblemente no sea porque sea de titanio y los virus pasen por encima… es que nunca deja de cuidarnos a los demás. Mi padre en cambio (y también mi marido que para más señas es hipocondríaco) es un enfermo horrible y cualquier variación en su cuerpo ya la acusa. Si moquea un poco, drama, si va al baño poco, drama, si le duele cualquier cosa, drama.

No me entendáis mal: no creo que esto vaya ligado al cromosoma Y. Tampoco creo que sólo seamos nosotras capaces de cuidar. Somos de una determinada manera pero también hay factores ambientales, aspectos de educación que sin darnos cuenta nos han ido influyendo ¿cuánto? No lo sé. No soy socióloga, ni genetista, así que sólo puedo hablar de sensaciones.

Una amiga mía se quejaba amargamente de que su marido no hacía más que irse continuamente a hacer deporte y le dejaba a ella cuidando a su hija sin ningún reparo. Aunque mi opinión era bastante impopular, lo cierto es que creo que dedicarse tiempo a uno mismo no sólo no es un lujo sino que es necesario. Ahora bien, mal por él por no tener en cuenta que tal vez a ella también le gustaría hacer lo mismo y repartir el tiempo y mal por ella por no empoderarse y reclamar su hueco.

La culpa, esa compañía invisible que llevamos sobre nuestros hombros continuamente. Deberíamos deshacernos de ella como Florence and the machine en Shake it out, shake it out. Cuidarnos no es un lujo. Es una necesidad. Si no lo hacemos estamos cansados, de mal humor, con el ánimo por los suelos y tampoco estamos cuidando bien a los nuestros.

A mí la vida me ha dado varios toques de atención y la verdad es que ahora hago muchas menos tonterías. Si estoy enferma, paro y descanso. Si tengo fiebre, no trabajo. Y no es por ser una floja, os lo puedo garantizar. Tengo comprobado que si no lo hago en lugar de estar mala un día, me tiro a medio gas una semana y es muchísimo peor laboralmente porque no termino de rendir en mucho más tiempo. Y hay quien lo entiende y quien por el contrario lo ve como ser una floja. La verdad es que me da igual lo que piensen los otros (esta es otra cosa que aprendes con los años, a depender mucho menos de lo que opinen los demás) porque sé que en mi caso es lo que funciona.

Sólo cuidándonos, y haciéndolo de verdad, sin remordimientos, podremos cuidar al resto. Dejémoslo de ver como un lujo y entendámoslo como una necesidad. Sólo estando bien podemos hacer que los demás también lo estén. Y fuera culpa, que sólo está ahí para molestarnos.

Foto: Pixabay

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