Las desventajas de tener tres hijos

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Hola, me llamo Verónica y soy «trimadre», o lo que es lo mismo, madre por triplicado. ¡Vamos!, que tengo tres hijos, y llevo analizando y actualizando para el mundo las ventajas y desventajas de la trimaternidad como siete años. Ésta es la versión 2017.

Inevitablemente en mi círculo de amigos y conocidos ser trimadre es una cualidad que llama la atención y al respecto recibo casi diariamente comentarios de todo tipo. Desde los que admiran mi capacidad de organización, hasta los que se asustan con la logística en una casa con más de dos niños (a eso hay que añadirle el factor divorcio, pero eso lo dejamos para otro post). En el fondo, sé que muy en el fondo, muchas de esas conversaciones o comentarios esconden una intención secreta: las personas que los hacen quieren obtener información privilegiada para decidir si dan el paso y van a por un tercer hijo, o se quedan en la zona de confort (a.k.a., la parejita).

En este caso voy a tratar de sintetizar las principales desventajas de la trimaternidad, siempre bajo mi experiencia:

1. El aspecto físico y la lenta recuperación posparto

Parece una cuestión banal, pero no lo es. Vivimos en una sociedad en la que la imagen es importante y, nos guste o no, al cabo del día son muchas personas las que nos miran de arriba a abajo y nos juzgan por nuestro aspecto. Y más allá de las cuestiones meramente estéticas, están las relacionadas con la salud. Ya sabes, mens sana in corpore sano.

Pues bien: un tercer embarazo pasa factura en el cuerpo salvo que tengas una genética milagrosa y en mi caso hizo estragos. Mi recomendación desde entonces es siempre la misma: si andas barruntando un tercer embarazo, por favor, cuídate ANTES. Hay que intentar evitar a toda costa la diástasis abdominal y problemas en el suelo pélvico.

2. El aspecto económico

“Poderoso caballero es don Dinero”, que decía Quevedo. Cada uno sabe cómo están las cosas en su casa y si se puede permitir un tercer hijo, pero no hay que perder de vista que aunque podamos hacer “economía de escala” reciclando útiles y ropa y aunque consigamos los exiguos beneficios por ser familia numerosa, un hijo más supone un tercer riñón (o piso en Benidorm, según como lo veamos) y generalmente la compra de un vehículo familiar con un maletero (muy) generoso.

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3. Factor intendencia familiar

Con una familia de tres hijos y, especialmente, mientras uno de ellos sea un bebé, salir de casa es un trabajo en sí mismo y una rutina a veces agotadora. Ya no os digo nada cuando, osadas que somos, las familias numerosas nos atrevemos a salir de vacaciones. Eso sí, con la práctica aprendes trucos organizativos que te ahorran tiempo, como hacer los bocadillos en plan industrial: se abre la barra de pan, se mete el chorizo dentro, luego se corta en tres trozos, y no al revés (piénsalo).

Por otro lado, en los establecimientos, pasar de ser una familia de cuatro a ser una familia de cinco SE NOTA. Es más difícil encontrar sitio en un restaurante. Las mesas de seis son escasas y cuando pides que junten dos mesas de cuatro (ocho comensales) -en realidad, tú lo que quieres son dos menús de adulto y dos minis, porque el peque va por libre… como poco- te ponen mala cara. Otras, directamente, te dicen que te vayas a tomar por saco «lamentándolo mucho, mi superior dice que no es posible». Ja.

Los hoteles también se complican. No todos tienen las suficientes habitaciones «familiares» o «espaciosas» disponibles. Se reduce el abanico de posibilidades, como quien viaja con mascota.

4. Factor espacio

Con la llegada del segundo hijo, nosotros nos mudamos a una casa más grande. Creíamos que para el tercero lo teníamos todo controlado huequísticamente hablando. Pero es increíble el espacio que cada personita necesita en una casa. No me puedo creer que haya acabo echando en falta otro armario en casa, si cuando la compramos los empotrados que vienen de serie nos parecieron hasta exagerados… Yo decía: «Miraaaa… si hasta puedo llenar un armario sólo de zapatos como en el anuncio de Heineken…» ¡Ja! Flipada que es una.

5. Factor descanso

Lógicamente, a más hijos, más difícil es encontrar momentos de asueto personal, de descanso. Y ni siquiera la caída del día es garantía de nada. Cuantos más hijos en casa, más probabilidades de pasar noches toledanas. Que si teta o bibe, que si los dientes, que si pesadillas, que si sed… El abanico de posibilidades es inmenso y las probabilidades proporcionales.

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6. Factor decibelios

En una casa con tres hijos, en determinados momentos, hay ruido, mucho ruido. Ruido por las mañanas, aderezado con mucho estrés cuando se vive con el reloj pegado al trasero. Ruido después de comer hasta que consigo neutralizarlos media hora con una peli de dibus. Ruido en la piscina, ruido en una tienda, ruido al caer la noche, en el momento de las cenas y hasta que se acuestan. Incluso ya en la cama, los días más perros, hay ruido… porque todavía les queda un poco de energía que gastar.

7. Factor tiempo

Como es lógico, cada hijo supone un tiempo exclusivo de dedicación al día que lógicamente debes sacar de algún lado. Lo que menos cuesta es obtener tiempo a base de priorizar. Con cada hijo nace una madre más pragmática que la anterior. Eso es así. Es una verdad incuestionable. Incluso diría que las trimadres llegamos a ver absurdas o ridículas algunas de las preocupaciones de los unimadres, y que son exactamente las mismas que teníamos nosotras cuando éramos primerizas.

Si priorizando no basta, continúas arañando tiempo recortando de tu ocio, de tu espacio, de tus momentos. Esto empieza a doler un poco más. Pero os confieso una cosa: A mí lo que más me duele es el tiempo que tengo que ganar renunciando a mis propios hijos. Eso conecta con el siguiente inconveniente…

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8. Factor (in)disponibilidad

Si trabajamos fuera de casa, nos vemos necesariamente obligadas a pasar más de siete horas al día separada de nuestros hijos, así que es normal que cuando acabe la jornada nos guste estar con y POR ellos. Destaco el POR porque el matiz es importante. Me encanta compartir juegos, involucrarme en sus minidelirios, reírme hasta que me duele la tripa, abrazarles y darles besos. Es como si quisiéramos recuperar los abrazos que se han difuminado en el aire cada vez que nos hemos acordado de ellos y no los teníamos a nuestro lado.

Pero cuando esos momentos de mimos, juegos y atención se tienen que dividir entre tres hijos de edades y necesidades tan dispares, el choque de trenes (y sentimientos) es inevitable. Los requerimientos se suelen solapar y muchas veces hay que priorizar (otra vez), y hacerlo sin argumentos sólidos, la mayor parte de las veces. Intento evitarlo… Pero hay veces que es imposible…

En esos momentos, envidio profundamente a las mujeres que tienen un solo hijo y pueden entregarse en alma y cuerpo, con todo su ser, a él. Me encuentro desorientada, perdida… Siento que me estoy perdiendo un trocito de cada uno de mis hijos y que la trimaternidad me queda grande.

9. Factor des(control)

Cuando tienes un hijo, hay ocasiones en que te sientes desbordada por los acontencimientos. Sola o aislada o apabullada por las demandas del miniser. Cuando una tiene tres hijos esos sentimientos tienen poca cabida porque nunca tienes tiempo para experimentar la soledad. Pero de lo que sí tienes oportunidad es de sentirte DESBORDADA por sus comportamientos. Por sus gritos, por sus demandas, por sus requerimientos. Por conductas que son normales (aun reprendibles) en los niños, pero que multiplicadas por tres dan la sensación de vivir en sodoma y gomorra. De forma que, en determinados momentos, consideras que la trimaternidad te está haciendo perder absolutamente el control de tu manada.

Normalmente, todo vuelve a la ¿normalidad? en seguida con un poquito de firmeza y/o de paciencia. Pero puedo prometer y prometo que en ocasiones creo que voy a volverme loca de atar.

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10. Factor «epicentro de comentarios»

Es un hecho compartido por todas las madres que los comentarios y opiniones de ajenos y extraños sobre nuestra manera de entender la crianza, además de muchas veces absurdos, son cansinas, plomizas y hasta desesperantes. Pero los aceptamos como un mal inherente a la maternidad.

De lo que nadie me avisó es que convertirme en trimadre iba a suponer la llegada de comentarios ridículos y sectarios a más no poder. Pase sentirme observada cada dos por tres… Pase esas miraditas de las abuelas mezcla de emoción, mezcla de compasión, cuando me ven rodeada de tres churumbeles. Pero no soporto comentarios hirientes y mezquinos, del tipo:

– Pero muchacha, ¿tú te lo has pensado bien? (No, gracias por recordármelo, machote. No sé qué haría sin vecinos como tú)

¡Ya le digo a mi mujer, estos son del Opus Dei, fijo!– (Jajajaja. Me parto la caja con la bromita)

– Para cuándo el próximo, porque con lo coneja que eres… (Mejor coneja que comadreja como tú, nena!!)

¿Y tan joven con tres hijos? Ufff… Te has cargado tu juventud (Te muerdes la lengua y te envenenas… Hace falta mala baba…)

Como veis he sido buena publicando este post en diciembre, para que no incluyáis la trimaternidad como deseo de año nuevo, así a lo loco entre las copas de cava y los polvorones. Dejamos para enero el estudio de las ventajas, que las cosas meditadas y en estado sobrio, se piensan mejor.

Trimadres que nos leéis, que sé de buena tinta que sois unas cuentas, os animo a completar las frasecitas que nos dedican y también a sugerir nuevas desventajas, aunque creo que me he dejado nada, ¿no?

5 COMENTARIOS

  1. Alguna cosa buena tendrá, ¿no? Otro día habla de los besos babosos por tres. De los abrazos por tres. Y de los «te quiero» a coro de tres voces. Y no, yo solo tengo dos, pero si tuviera tiempo infinito, dinero infinito y espacio infinito tendría un tercer hijo.

  2. Ay madre, que yo quería 3 mochuelos. este post se lo tengo que ocultar a este hombre porque si no no lo convenceré jamás. Me preocupa lo de las vacaciones ¡qué hondura de pensamiento tengo, oye! Porque lo de la juventud perdida ya no me va a pillar. 😛

  3. Soy trimadre y para mí lo has bordado. No sé si es mi proverbial desmemoria para las cosas malas, por mi también proverbial despiste o porque he tenido mucha suerte, no recuerdo comentarios desagradables. En su día me hizo gracia que bastante gente dio por supuesto que la tercera había sido un descuido (cuando en realidad fue premeditada y buscadísima) pero no me molestó porque, tal y como están las cosas, tampoco era una locura pensarlo. También hubo gente que nos preguntó para cuándo el cuarto muy convencidos, como si una vez roto el límite de dos hijos les supiera a poco que tuviéramos tres 😀
    Intento ser comprensiva y generosa con los demás porque también me descubro teniendo pensamientos no demasiado agradables de otras personas. Intento evitarlos pero…

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