Escritora, haz lo propio

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Habitación de escritora: ella a lo suyo

Ser escritora no significa vender muchos libros, ni forrarte a costa de tus lectores, ni tener una casa en Malibú o que Spielberg toque a tu puerta. No. Ser escritora significa que escribes. Nada más. El resto son cosas que pasan. O no pasan. Y bueno, tampoco te extrañes mucho si no pasan.

Eres escritora porque juntas palabras. Porque sientes la necesidad, la urgencia, de ponerte un rato a hilvanar frases para dar forma a tu pensamiento. ¡O para generarlo! Eres escritora porque para entender un problema has de ponerlo sobre el papel, hacer un gráfico y desglosar los datos para ver de qué se trata, porque te gusta ir por partes. Eres escritora porque estas leyendo esto. Si no lo fueras, habrías pasado de largo ¿no? Con la de cosas que tienes por hacer. Eres escritora, si dejas de leer aquí mismo para ponerte a escribir lo tuyo. Aunque también puedes continuar leyendo y ponerte al terminar.

Dicho esto. Ahora que tenemos claro que eres escritora… ¿Qué? ¿Qué vas a  hacer?

Ahora que sabes que, efectivamente, eres escritora, escribe. Lee y escribe. Además lee de todo. Ejercita el músculo. Escribe por el placer de hacerlo. Escribe para poder liberar tu mente de pensamientos. Para crear espacio para los siguientes. O para comprenderlos.

Escritora tejedora

Deja de soñar con que podrías escribir si tuvieras más tiempo o tu situación fuera otra… Ponte manos a la obra. Escribir es como tejer y como tantas otras cosas. Es ponerse. Es dar un punto detrás de otro y re-engancharlo, si se te escapa. Tienes el tiempo que tienes y la situación es la que es. Escribe en tus trayectos de metro al trabajo. Escribe mientras hierve el agua de la pasta. Escribe cuando tu bebé duerme.

Escribe antes de acostarte… Escribe del tirón o a ratos. Escribe durante tu pausa para comer -si comes sola porque, de lo contrario, ¡por Dios!, habla con la persona que tengas enfrente-.

Estos aparatos que tenemos permiten escribir en cualquier lugar y casi en cualquier momento. Pasas totalmente desapercibida en el bus, mientras el resto piensa que mandas un mensaje, tú ordenas ideas… o las creas. Y tu acto creador pasa totalmente desapercibido a ojos del mundo.

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Escribe para ver qué estás pensando. Escribe para conocerte. Para comprenderte y para perdonarte. Escribe porque el mundo ahí fuera es demasiado cruel y aquí dentro, en tu documento de texto, lo creas tú. Tan dulce, irónico o fantástico como desees. Refúgiate en tu escritura o libérate con ella.

Este, más o menos, es el punto en que suelo preguntarme “eeeer… ¿qué estaba diciendo?” Y creo que me voy a inventar un concepto: la “biografía p’alante”.

¿Y esto qué es? Te preguntarás y me pregunto. Pues esto es… lo de antes: Has decidido que quieres ser escritora. Pues ahora… escribe. Y así con todo.

Escritora biógrafa

Lo que digo es que las biografías deberíamos escribirlas hacia adelante y no de forma retroactiva. Si en lugar de contar lo que hicimos, contáramos lo que planeamos hacer, cómo y por qué queremos hacerlo, tal vez viviríamos de forma más consciente e intencionada. Dejaríamos de decir “no lo sabía”, esa frase que nos exime de la responsabilidad sobre nuestros actos. Y empezaríamos a actuar a conciencia. Lo que viene siendo “no dar puntada sin hilo”.

Si en lugar de hablar de nuestras relaciones a toro pasado, definiéramos de antemano cómo querríamos que fuesen, lo que esperamos, lo que en modo alguno toleraremos… crearíamos quizás relaciones más saludables. Más alineadas con nuestro yo interno.

No me quiero poner metafísica, pero de verdad creo que es bueno acotar de antemano cómo queremos ser. Cómo queremos ser tratados. Cómo queremos tratar a los demás.

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Pongámonos a dibujar nuestro perfil en lugar de dejar que resulte a partir de actos espasmódicos. Trazar la línea que perfila a la persona que queremos ser y dar los pasos necesarios para llegar a ser ESA persona y no otra. Porque cuando sentimos desasosiego es porque estamos siendo otra persona diferente de la que un día quisimos ser. Montemos nuestra personalidad a conciencia y no a salto de mata. Establezcamos nuestras propias pautas de conducta. Nuestras propias reglas de juego y respetemos ese proyecto de persona como si nos fuera la vida en ello, porque nos va.

No eres escritora porque escribes… Escribes porque eres escritora.

Lo dicho. Una vez tomada la decisión de quién quieres ser, selo… Ya sabes lo que te toca. 🙂 Que como bien dice Eminem: one shot, one opportunity...

Imagen: Art Gallery ErgsArt

9 COMENTARIOS

  1. ¡Que inspirador, Nuria! Me dan ganas de dejar de trabajar y ponerme a escribir… Y dejarme de excusas como: necesito una hora más ala día, cuando me inspiro no tengo papel y cuando lo tengo no me inspiro, etc, etc…

  2. Ay, tocaya, tocaya… Con cuánta razón hablas siempre. Y siempre en el momento justo llegan a mí tus palabras… Pos hale, ¡pa’lante!

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