Domingo por la tarde después de comer… no tienes nada que hacer y acabas en Netflix sin intenciones de ver nada muy profundo. Le das a la lista de películas y te empiezan a salir un montón de películas random con títulos que siempre contienen alguna de estas palabras: amor, romance, boda, novio… Hay un montón de estas películas, muchas de ellas producidas por Hallmark (sí, los de las tarjetas de felicitación de hace mil años, que se han pasado a producir TV movies) y la verdad es que son todas iguales. Son telefilms, películas sin ningún tipo de chicha, malas a morir… y que sin embargo te atrapan en su invisible red.
¿Qué tienen todos los telefilms de amor?
Sí, vale son todos iguales. Pero para algunos son auténticos placeres culpables. Vale, son un asco, malas a morir, pero oye, ahí que estás viéndolas. Todas tienen más o menos los mismos ingredientes (y nos encanta que así sea, qué narices)
Una protagonista joven e inocente con mala suerte en el amor
La protagonista es siempre una rubia pizpireta (pelirroja si es estilosa a veces puede ser, las morenas suelen ser rara avis), jovenzana e intercambiable con cualquier otra. De hecho, es que todas se parecen bastante ¡y tienen siempre el mismo corte de pelo!

Un hombre disponible y deseable
El hombre del que sabes que se va a enamorar irremediablemente suele ser siempre un hombretón, guapo, alto y muy caballeroso. Los típicos del sur, vamos. Estas pelis lo que prima es el amor cortés, la seducción, el juego, la conquista.
Personajes habituales: el viudo ¡lo que le gustan a estas pelis los viudos!, un amigo de la infancia al que se le perdió la pista, un compañero de trabajo o bien alguien con un título nobiliario de un país remoto.
Generalmente uno de los dos, la chica o el chico, está a punto de casarse o por el contrario ya ha perdido la esperanza en el amor.

Empleos atractivos
Ahí no hay obreros del metal, salvo que esto implique ir con una camisa ceñida y aparecer sudorosos marcando músculos. Por lo general todos tienen profesiones cuquis: ellas pueden ser reposteras, organizadoras de bodas, trabajar en marketing o similares. Ellos tienen profesiones muy de chicos: poderosos banqueros (o gente que se dedica a sus negocios, sean cuales sean estos), rudos vaqueros, o la siempre agradecida profesión de rico, bien sea por ser un heredero o por ser un príncipe. Lo normal, vamos.

Secundarios que le arropan
En estas pelis los protagonistas siempre tienen un confidente, el que sea. Ahí se permite más variedad racial. Si las protas tienen que ser altas, rubias y con tipazo, los secundarios pueden ser más variados: gordos simpáticos, señoras con arrugas o negros, no vayan a decir que somos racistas. Los gays son menos bienvenidos. La vida es así en las Hallmark movies, no la he inventado yo.

Alguna estrella venida a menos
Lo curioso de estas pelis es que a veces encontramos a actrices y actores venidos a menos que necesitan ganar algo de pasta y acaban recalando en estas películas. He visto a Lori Loughlin y Jodie Sweetin de Padres forzosos, a Danica McKellar de Aquellos maravillosos años, a Andie MacDowell, Morgan Fairchild o a Lauren Holly (la de abajo).

Escenarios bucólicos
En estas series todo es glamour y hay películas para cada gusto: ¿Que te gustan las películas en el medio oeste? Perfecto ¿Eres más fan de los escenarios campestres? Genial. ¿Te gusta la ciudad? Maravilloso. Hay una peli para cada uno. Y, por supuesto, la estación estrella es la Navidad, que tiene un género sólo para ella. En Netflix si tienes calor en verano siempre puedes ponerte un maratón de malas películas navideñas, que hay un porrón.

Diálogos un poco forzados
Vale, que esto es serie B y los actores no son precisamente Marlon Brando. Los guiones son un poco cutres y las cualidades actorales de algunos dejan mucho que desear pero ¿a quién le importa?

Un giro ¿inesperado?
Todas estas películas son iguales: ellos están separados por el motivo que sea y se conocen. Al principio no se gustan / hay impedimentos pero sin querer se van enamorando y al final triunfa el amor. Planteamiento, nudo y desenlace. Lo típico.
Por otro lado hay una extraña obsesión por meter momentos de baile random en los que se miran a los ojos y ¡OH SORPRESA! se enamoran que tú los ves que les aplaude la almejilla.

Un final previsible
Y, al final, pues el buenorro forrado y la inocente rubia acaban juntos y dominan el mundo. Qué puedo decir. Nada que no sepas a los cinco minutos de empezar la película.

Son rancias, previsibles, so white, muy conservadoras y carecen de interés cinematográfico pero ¡a la mierda! Veo un telefilm ¡y me tiro en plancha!
Mi madre dice que todos los telefilms ocurren en el mismo acantilado de Cornualles. Hasta que nacieron mis churumbeles, los domingos de comida en casa de mi madre acababan siempre con las dos enganchadas a alguna pastelada de estas (hasta que irrumpieron en nuestras vidas los programas de bodas y reformas) y este hombre echando la siesta de aburrimiento olvidado en una esquina del sofá.