La adicción a las compras compulsivas crece entre los adolescentes

Desde que arrancamos con las acciones comerciales por el BlackFriday o el CiberMonday, pasamos a la temporada del año de mayor consumo, la que se envuelve en papel de regalo y viene de la mano de la navidad, para terminar con los últimos coletazos de compras durante las primeras rebajas del año. La adición a las compras compulsivas no deja de crecer, el no parar de comprar se ha convertido en una realidad para el 7% de la población mundial y tiene un nombre: oniomanía, es un problema muy serio que parece que no deja de extenderse.

El bombardeo es prácticamente continuo pero si hay una época en la que estamos más expuestos a los mensajes que pretenden empujarnos a comprar es justo en la que estamos ahora. 

Vivimos en una sociedad en la que el “tanto tienes tanto vales” es uno de sus principales dogmas. Poseer bienes materiales, productos de nueva generación, lo más rápido, lo más nuevo, lo más moderno, son aspectos que se valoran mucho más de lo que se debería y que nos empuja a no parar de comprar o por lo menos, comprar más de lo que realmente necesitamos o de los que realmente nos hace felices.

Este afán, en demasiadas ocasiones deriva en un comportamiento compulsivo y exagerado que termina convirtiéndose más pronto que tarde en una adicción a la que se le denomina por los expertos en este tema: oniomanía, adicción a las compras compulsivas.

Es verdad que el acto de comprar algo provoca sensaciones y sentimientos agradables, sobre todo si es algo que queremos desde hace tiempo, algo que nos hace especial ilusión o incluso algo que necesitamos. Lo malo es que aquellas personas que tienen dificultades para sentir esas sensaciones y sentimientos en otras parcelas de su vida pueden encontrar un efecto muy negativo precisamente en este sencillo acto de comprar algo.

Desde ansiedad a frustración, pasando por una falta de autocontrol ante las compras que deriva en un consumo irresponsable que provoca sentimiento de culpa y en muchos casos incluso depresión. Clic para tuitear

“A la hora de comprar influye la dopamina, neurohormona transmisora de la impulsividad y de la necesidad de recompensa inmediata, que provoca, por lo tanto, la pérdida de control. Quienes padecen de adicción a las compras compulsivas, tras adquirir el producto, suelen sentirse culpables y deprimidos. Solo piden ayuda cuando la realidad se les impone, bien por deudas o por verse afectados en otras parcelas de la vida”, señala Lina Romillo, Psicóloga Sanitaria.

El consumo online no ha hecho más que agravar este problema que ya padecen un 30% de los jóvenes en todo el mundo. No parar de comprar está siendo la ruina de muchas familias y no solo en términos económicos.

“Actualmente el consumo por internet facilita la proliferación de este trastorno y aumenta un 16% las compras compulsivas, dato que resulta preocupante. El pago con tarjeta, paypal, bizum y otros servicios online facilitan el gasto y generan una gratificación inmediata, lo que los lleva a no ser tan conscientes del gasto que están realizando y a un aumento de este trastorno entre este tipo de consumidores”, explica la doctora Romillo, miembro de la plataforma médica Top Doctors.

“El perfil del comprador compulsivo puede presentar una sintomatología ansiosa, bajo estado de ánimo, poco autocontrol y baja tolerancia a la frustración. Ciertas patologías, como el trastorno bipolar (especialmente en fase maníaca) o trastorno límite de la personalidad, suelen padecer oniomanía”, explica la Dra. Sandra Farrera especialista, Psicología Clínica y miembro también de Top Doctors.

5 consejos para parar de comprar

La Dra. Sandra Farrera da 5 consejos para controlar las compras compulsivas y acercarnos al consumo con consciencia:

1º.- Ante la avalancha de mensajes que incitan al consumo, lo primero que deben preguntarse los compradores es: ¿podría vivir sin ello? Y, sobre todo, ¿cómo te sentirás dentro de cinco días si se adquiere ese producto? Es muy importante basar las compras en el control de la acción, del gasto y por lo tanto de la propia vida.

2º.- Otro pensamiento a tener en cuenta es qué podrías hacer con ese dinero si lo guardas para otro fin. Así se toma conciencia de las “necesidades” que puedes tener, y por lo tanto dónde derivar los gastos.

3º.- Dale la vuelta, piensa que realmente NO te venden, sino que TÚ compras. Es importante no caer en la tentación de todos los mensajes publicitarios y comerciales que se reciben. Es importante comprar no para satisfacer la ansiedad, el impulso o el bajo estado de ánimo, sino porque el artículo es realmente necesario

Y piensa lo bien que te sientes al tener el control de las compras, de los gastos y principalmente de la vida.

4º.- Aplicar la técnica de los 10 minutos. La dopamina es un neurotransmisor de la inmediatez, pero se reduce pasados 10 minutos. Es por eso que los mecanismos de recompensa inmediata dan lugar al control de esa acción y a poder discernir con más calma si es necesaria la compra o no.

5º.- Consigue realizar únicamente compras por necesidad, y en empresas locales y comercios de proximidad o apuesta por reciclar prendas y artículos. Es una forma de promover valores que se alejan del consumismo. 

“La compra con conciencia y la corriente por ejemplo del slow fashion hacen que los consumidores reflexionen antes de comprar, hagan una compra pensando en un producto de larga duración, conociendo el lugar de procedencia, la forma de producción, materiales, etc” explica la Dra. Lina Romillo.

El movimiento Slow se consolida como nuevo concepto de consumo, con más conciencia y valores y organizaciones implicadas con la defensa del medio ambiente, como Ecologistas en Acción han hecho un llamamiento a la ciudadanía para que el último viernes del mes de noviembre, conocido como Black Friday, se empiece a definir como “El día Mundial Sin Compras”.

Pilar Fonseca

Primero fui mujer, después periodista, luego esposa y ahora además de todo eso madre. Esto último me obligó a reorganizar todo lo anterior.
Me gusta escribir y comunicar.
Disfruto con un buen libro, una buena película, una buena serie, un buen viaje y una buena charla con amigos.
Podría alimentarme sólo de queso y chocolate acompañados de un buen vino, una que es mujer de gustos sencillos.

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