Y llegó el ayuno intermitente

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A priori puede que parezca de lo más inoportuno animarnos con el ayuno intermitente en plena cuarentena pero quizás, si lo pensamos un poco más tranquilos, quizás no sea el peor sino el mejor momento para organizarnos mejor y conocer con más datos de qué estamos hablando cuando hablamos de ayuno intermitente.

Resulta que no sólo es bueno para adelgazar sino que también es beneficioso para nuestra salud así que, vamos a darle una oportunidad a la idea.

Cada día podemos oír más voces de científicos que hablan sobre los beneficios de este comportamiento dietético. Desde su impacto positivo en el hígado a la mejora de la composición corporal, el hecho de que favorece la quema de grasas y la autofagia (que es algo así como que las células se comen lo peor de ellas mismas, que de todo hay).

ayuno intermitente

En la antigua Grecia era muchos los pensadores, médicos y filósofos que defendían los efectos terapéuticos del ayuno y desde entonces, las investigaciones no han hecho más que reafirmar estas conclusiones.

En entornos más afines a la filosofía oriental se plantean no sólo las llamadas «ventanas de alimentación» sino la conveniencia de no levantarse de la mesa excesivamente satisfecho, empachado o habiendo ingerido alimento en exceso.

Las ventanas de alimentación en el ayuno intermitente

Se le llama así «ventanas de alimentación» a los tiempos que se dan para romper el ayuno, para comer. Está en torno a las seis u ocho horas al día y no más. No se trata de comer como si no hubiera un mañana durante ese tiempo, sino comer con cierta moderación y sobre todo con sentido común.

Luego hay todo tipo de variaciones a gusto del consumidor, desde quien come sólo durante dos horas cada día a quien abre más la ventana por distintos motivos personales que le hacen más cómodo mantener así este estilo de alimentación.

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Resulta que este tipo de ayuno, según un estudio publicado hace unas semanas por la Universidad de Sidney (Australia), afecta a las proteínas en el hígado y tiene un impacto positivo sobre el metabolismo de los ácidos grasos, ayuda a controlar el colesterol LDL (el llamado colesterol malo) y los niveles de triglicéridos en sangre.

Otra Universidad, la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins (EEUU), después de haber estado realizando un estudio durante la friolera de 25 años, ha publicado que el llamado ayuno intermitente tiene un impacto positivo en la salud de quien la lleva a cabo y en la calidad de vida durante el envejecimiento.

La tolerancia a la glucosa, el metabolismo de los ácidos grasos en el hígado y la regulación de la diabetes mejoran también con esta forma de alimentación según nos cuentan distintos expertos en alimentación, nutrición y salud en términos generales.

Resulta que el ayuno consigue que bajen los niveles de glucosa e insulina, se disminuye la producción de sales biliares y de glucosa por el hígado. Es verdad que algunos señalan que si el ayuno se prolonga demasiado aumenta la producción de cortisol y las hormonas de estrés.

El ayuno intermitente y el envejecimiento

Una de las sociedades con una esperanza de vida más alta es la japonesa y una de las constantes de la población japonesa y sobre todo de la que va cumpliendo años, es que se levantan de la mesa siempre con la sensación de que podrían comer aún un poco más.

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Es uno de los principio fundamentales para que el envejecimiento no sea arrollador y lo podéis encontrar en libros como «Ikigai» del que os hablaba hace algún tiempo después de leermelo con muchas ganas.

La restricción calórica mejora nuestro envejecimiento porque así obligas a tus células a hacer una especie de limpieza constante.

Podríamos hacerlo como hacen los japoneses, levantándonos de la mesa con una leve sensación de hambre. O podemos hacerlo separando las comidas entre sí pero comiendo también una cantidad de comida que nos alimente sin que nos sature.

Las células hacen ese proceso de limpieza automáticamente cada noche por lo que el sueño sigue siendo una de las bazas más importantes para frenar la velocidad de nuestro envejecimiento. Dormir por lo menos en torno a las siete horas cada noche es algo fundamental para nuestra salud.

El azúcar sigue siendo un elemento de nuestra dieta a tener muy controlado entre otras cosas por las alteraciones que produce en nuestro metabolismo.

El ejercicio siempre es positivo para mejorar nuestro metabolismo, para organizar los niveles de insulina y azúcar en sangre e incluso para la liberación de hormonas del bienestar. Un ejercicio moderado que active la limpieza celular es siempre una recomendación que deberíamos tener en cuenta.

¿Quizás no sea tan mal momento este para plantearse el ayuno intermitente después de todo lo leído?