Dame sexo y quítame años

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Beber mucha agua, proteger nuestra piel de los rayos del sol, evitar el tabaco y el alcohol, dormir lo suficiente y ahora, también practicar sexo. Pero no cualquier sexo, no. Mucho sexo. Al menos tres veces por semana. Eso es lo que recomiendan los especialistas en gerontología si queremos mantenernos lozanos y evitar que los años nos pasen factura. En una sociedad en la que la esperanza de vida aumenta a pasos agigantados, todos aspiramos a llegar a viejos, pero cada vez nos preocupan más las condiciones en las que lo hacemos. Queremos acumular años a nuestras espaldas, soplar velas en nuestra tarta, pero no queremos vernos, ni mucho menos, sentirnos decrépitos. Nos hemos empeñado a exprimir al máximo cada uno de los años que nos toquen vivir, esquivando enfermedades, cansancio y confiando en evitar o, cuando menos, ralentizar nuestro deterioro físico y mental. Y ello ha hecho de la medicina “proaging” o “antiaging” la fuente de la eterna juventud, el elixir de la vida del siglo XXI.

slide sexo

Parece que es el signo de nuestra vida. Todo lo bueno/sano/ beneficioso nos obliga a acumular sacrificios, uno tras otro. No trasnoches, evita las grasas, olvídate del alcohol. Ingiere agua hasta que parezcas un surtidor, embadúrnate en protector solar y duerme todo lo que puedas y más. Una tiranía. Afortunadamente, nos ha salido un aliado, el doctor David Weeks. Este neuropsicólogo, ex jefe de Psicología para la Tercera Edad del Hospital Real de Edimburgo -Escocia- determinó que practicar sexo con regularidad, concretamente tres veces por semana, nos podría sacar una media de diez años de encima sin pasar por el quirófano.

El bueno de Weeks llegó a esta conclusión después de estudiar los hábitos de 3.500 sujetos de Europa y América de distintas edades y comprobar que, en la franja de 40 a 50 años, aquellos que parecían más joviales, dinámicos y jóvenes eran los que se prodigaban con esa regularidad en sus escarceos amatorios. Pero ¡ojo! que el tema tiene truco. Una vida sexual -en palabras del propio doctor- “vigorosa” es determinante para darle esquinazo al envejecimiento, pero de ella debemos excluir el sexo casual, que lejos de ser beneficioso acaba por pasarnos factura debido al estrés y preocupación que Weeks asocia a saltar de “pareja de juegos” con demasiada frecuencia. Total, que sexo sí, pero en el contexto de una relación estable en la que ambas personas sean compatibles y complementarias física y emocionalmente. Así que ya podemos convertir a nuestro Avelino en un semental a base de ejercicios de potencia y resistencia para garantizarnos la eterna juventud.

Y no os hagáis ilusiones, porque las matemáticas aquí no cuentan y la ecuación “cantidad de sexo-rejuvenecimiento” no se rige por una relación directa. Tres relaciones por semana nos hacen lucir diez años más joven, pero por mucho que nos apliquemos en el tema de ahí no vamos a pasar. Así que, si esperas ser el nuevo Dorian Grey a base de entregarte con fruición al arte amatoria siento desilusionarte. Mi gozo en un poco.

Ya sabemos el cuánto y el cómo, ahora llega el momento de determinar el por qué. Aquí ya hablamos de lo buenísimo que resulta masturbarse, así que ahora nos toca desgranar dónde radican esos beneficios del sexo placentero y regular.

No nos servirá para quemar la suficiente grasa como para adelgazar, pero lo cierto es que, para empezar, el sexo es un muy buen ejercicio físico que nos reporta un gasto energético significativo, similar al de otras actividades cardiovasculares -científicos de la Univesidad de Quebec cifraron entre 4,2 y 3,1 calorías por minuto- y que nos permiten mantenernos activos como una parte importante de nuestra terapia antiedad.

¿Recordáis vuestras primeras relaciones sexuales y el temor irracional a que vuestra madre os notase en la cara lo que habíais hecho la noche anterior? Pues la verdad es que, si nuestras progenitoras hubiesen sido más observadoras, podrían haberlo descubierto. Durante las relaciones sexuales se liberan endorfinas, lo cual, además de tener efectos analgésicos y reducir la ansiedad, nos envuelven en un halo de felicidad, así que esa carita de tontuela que creías que se te ponía no era una sensación, era pura realidad. Con las endorfinas llegan también sus primas la dopamina, que activa el placer y la motivación, y la serotonina, que alivia el estado de ánimo. ¡Vamos! Que si la felicidad es clave para sentirse jovial, el sexo nos ofrece el mejor cóctel hormonal para conseguirlo.

Y hay más. Eso de que el sexo es bueno para el cutis no es, ni mucho menos, un mito. El sexo aumenta la circulación sanguínea y con ella el oxígeno fluye desbocado por nuestro cuerpo. Ese oxígeno extra libera hormona de crecimiento que nos permite tener la piel elástica y luminosa. Además, se produce colágeno de forma natural, lo que nos permite luchar contra las terrible triada: arrugas-flacidez y manchas.

En los hombres, el sexo se asocia a la liberación de hormona de crecimiento y testosterona, que refuerzan músculos y huesos. También se generan sustancias beneficiosas que refuerzan el sistema inmunológico, algo de lo que nosotras también nos beneficiamos.

Pero, ¿de qué hablamos aquí? ¿de sexo o de orgasmos? La verdad es que Week dio por hecho que quienes aseguraban mantener un mínimo de tres relaciones sexuales llegaban con ellas al orgasmo. Sin embargo, muchos estudios contradicen esta postura, pues resulta igual de reduccionista supeditar el sexo a la penetración -como nos contaba nuestra compañera Verónica- como hacerlo al orgasmo. Así que, abramos nuestra mente y asumamos que ya sea con penetración u orgasmo, con ambos o sin ninguno, lo importante del sexo y el origen de su beneficios radica en el placer que nos reporta.

Y ahora, llegó el momento de la terrible confesión. Si bien las conclusiones del estudio respecto a los beneficios del sexo son rigurosamente ciertos, si leemos la letra pequeña descubriremos que todavía más determinante que el sexo para mantenernos jóvenes es… ¡la práctica de ejercicio! Si es que está visto que no nos libramos del gimnasio. Pues ¡hala! abandona el ordenador y tu vida sedentaria y ponte a correr, porque no solo de sexo vive el hombre ni, por supuesto, la mujer.

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

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