La música de la vida de … Verónica

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Si cierro los ojos y pienso en mi infancia… oigo música. Si trato de visualizar una estancia especial de la casa donde crecí, veo la “biblioteca” con su tocadiscos y las decenas de vinilos que mi madre clasificaba con esmero cada semana.

Muchos recuerdos de mi vida están enlazados a canciones determinadas y escucharlas, algunas veces por casualidad, otras fruto de una búsqueda deliberada, me permite revivir aquellos momentos que parecen congelados en un hueco profundo de mi memoria, y que sin embargo, recobran vida al son de los acordes adecuados.

Todos los días de mi vida escucho música. Lo necesito. Mientras me ducho, en el coche, mientras cocino… Está presente como fondo. En otras ocasiones, simplemente me siento a escuchar viejas canciones o a dejarme llevar viendo videoclips en YouTube. A veces, cuando los peques  se muestran irascibles o nerviosos, o yo misma, utilizamos la música y el baile  como forma de liberar las tensiones.

Con estos antecedentes sería lógico pensar que me ha costado muchísimo hacer una selección de “las canciones de mi vida”. Me ha costado. Y en el proceso, muchas han quedado fuera… Hago mío eso de “no están todas las que son, pero desde luego son todas las que están”.

La primera, una de las más importantes es Entre dos aguas (1973), del mago Paco de Lucía. No me gusta el flamenco, ni la copla, ni los toros pero ay… La guitarra española en las manos de este hombre despierta todas las cuerdas de mi alma (esto última suena a canción de cole de monjas, xD)

Mi hermana es ocho años mayor que yo, así que crecí al albur de diferentes boy bands y demás musiquillas para adolescentes. No mencionaré a los New Kids on the Block que me entraron por un oído y salieron por el otro, pero sí a Roxette, cuyas canciones he escuchado por imposición y por propia elección millones de veces.

De entre todas ellas, destaca It must have been love (1987) que formó parte de la banda sonora de Pretty Woman, pero no puedo olvidarme de Spending my time (1991) y You don´t understand me (que me llevé a mi propia adolescencia porque era PERFECTA, nadie me entendía  y Roxette lo expresaba como nadie).

En esta selección no podía faltar Mediterráneo que mi compi Patch ya señaló como canción de su vida, pero sobre todo, no podía faltar la gran Bonnie Raitt, que con su canción Nick of time (1994), mezcla de folck, blues y country dejó hipnotizada a mi madre. La recuerdo escuchando ambas canciones en bucle, así que las adoro por eso.

Seguimos para bombo con una canción romanticona a más no poder, Without you. Yo la aprendí a amar de la mano de Mariah Carey (1994), aunque era una versión de la original de Badfinger. Con esta canción aprendí inglés, pronunciación y memoria. Memoricé hasta las respiraciones de la cantante para calcar mi interpretación. En fin. Así era yo a la tierna edad de doce años. Pava, muy pava.

Sin embargo, hay buenas noticias, la edad del pavo se cura cuando entramos en la edad de gallina de corral. Es cuando para ser tú crees que tienes que sentirte rebelde y ser  más chula que un ocho. Así, que amplié mi repertorio musical para acabar escuchando “lindezas” como Ska-P o Molotov porque había que gritar y enfadarse con el mundo. De aquella época, prefiero quedarme con Blur y su Charlessman, y sobre todo con Oasis, especialmente con la inolvidable Don´t look back in anger (1996).

Poco a poco, esa ira contra el mundo tan superficial y endeble como la cáscara del huevo, fue cediendo en mí incluso en lo musical. Así, me enamoré de nuevo del amor con Killing me softly, originalmente de Roberta Flack, y versionada por The Fugges (1996). ¡Qué buena onda me da(ba) esta canción!

Coincidió en el tiempo con mi “despertar” adolescente en todos los sentidos, incluído la internacionalidad. El paneuropeísmo llegó a mí en forma de amigos y con ellos canciones nuevas que aquí in Spain no llegaban o lo hacían tímidamente. Es el caso por ejemplo de Maria, Maria de Santana o de Lenny Kravitz con su himno I belong to you (and you, you belong to meeee, too).

Entrando ya en la fase preadulta, descubrí mis dos pasiones musicales: canciones para bailar / canciones para sentir.

Del primer grupo destacaría cualquier canción de Daft Punk, pero especialmente Chase the sun (2000) y One more time (2001).

Dentro del grupo de las bailables, tengo que incluir un descubrimiento made in my lovely sista Nathalie, que seguro que no conocéis. Os va a encantar Point of view de DB Boulevard (2002). ¡Dadle al play!

Dentro de la categoría de canciones para sentir, tengo que hacer referencia a Fallin´de Alicia Keys, a Feel de Robbie Williams y sobre todo a I´m like a bird de Nelly Furtado.

En esta selección de la música de mi vida no puede faltar mi GRUPO. Desde el año 2000 sigo absolutamente todo lo que sacan al mercado. Estuve a punto de ir a un concierto cuando estaba embarazada de mi tercer hijo pero al final me eché para atrás por el (más que posible) cansancio. No cejaré en mi empeño de ver cumplido mi sueño. QUIERO IR A UN CONCIERTO DE COLDPLAY #Prayforme

De todas sus canciones, me quedaría con… todas. Cada una es especial, pero por ser mi “descubrimiento”, las que provienen del disco A rush of blood to the head son lo más de lo más. De entre aquéllas, elijo  In my place, The scientist y sobre todo CLOCKS.

Y como esto se está haciendo más largo que un día sin pan, os digo así por encima que no me gusta U2 #ElConcepto pero me chifla su canción City of blanding lights (2004), que otro de mis grupos favoritos es Keane, cuya particularidad radica en no utilizar guitarras en su canciones (al menos al principio) y en hacer del piano el instrumento estrella como se puede apreciar magistralmente en Somewhere only we know.

También digo así en abierto que adoro las canciones de Maná, en especial En el muelle de San Blas y Rayando el Sol, pero que Mándame una señal (2006) es especial porque me recuerda a cuando nació mi primera hija. Le encantaba escucharla desde que estaba en mi tripa.

Ya más cerca de la actualidad reconozco tener dos canciones fetiche dentro de la categoría sentir. Son ambas de Birdy, y me refiero a Wings (2013) y sobre todo a People help the people. ¡Me ponen la piel de gallina!

Y para acabar esta selección musical, no una, sino tres canciones que me dan subidón psicomágico a lo Jodorowsky: una, Magic de Coldplay, otra A sky full of stars de … oh sorpresa! Coldplay, y por último, la súper novedad 40 principales Are you with me, de Lost Frequencies. 

¡Ésta es energía pura!

A bailaaaar

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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3 COMENTARIOS

  1. Qué buen rollito ese Sky full of Stars, con la gente coreando la canción por la calle!!

    … y qué importante es la música para acompañarnos en nuestro sentir y ayudarnos a trabajar nuestras emociones!!
    Momentos de alegría y éxtasis reforzados, penas de amor relativizadas… Qué gran selección. Da para un buen rato! 🙂

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