Regalos intangibles que toda madre necesita

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Un desayuno especial, tiempo para hacer “nada”, algo hecho por todos, un paseo en familia, un desayuno especial, algo material… son sólo algunos ejemplos de las cosas que, hace un año, las chicas de Mujeres y Madres Magazine escribíamos en nuestras lista de deseos para el Día de la Madre. Anhelos para todos los gustos. Algunos confesables, otros políticamente incorrectos, pero lo cierto es que si hiciésemos una encuesta entre las madres que nos rodean descubriríamos que la mayoría de las peticiones trascienden el plano estrictamente material para centrarse en aspectos más intangibles que siempre acaban redundando en lo mismo: tiempo y/o tranquilidad.

Precisamente, los dos activos de los que cualquier madre anda escasa lidiando con su prole en la frenética rutina diaria.

Yo quiero tiempo para mí, tiempo para la familia y tiempo para malgastar.

Tiempo que me permita tomarme un desayuno completo… y hacerlo, además, sentada a la mesa, disfrutando del aroma del café, saboreando el zumo y untando la mermelada con esmero.

Tiempo para depilarme ambas axilas en la misma franja horaria, recomponer esa melena que se asemeja a la de la Bruja Avería, recibir un masaje que me devuelva la consciencia de todos los músculos de mi espalda… y hacerlo, además, sin esconderme del resto de la familia como si fuese una prófuga de Alcatraz.

Tiempo para salir a correr, tejer una bufanda, enfrascarme en una novela, restaurar la cómoda de la habitación, colorear un libro para adultos, desempolvar la vieja guitarra y sacarle un par de acordes, leer la novela que me regalaron los Reyes, aprender lenguaje HTML, apuntarme a un curso de escritura creativa, escribir en mi blog… y hacerlo, además, sin tener esa abrumadora sensación de que cada minuto que empleo en mí se lo estoy robando a toda esa parentela que orbita a mi alrededor.

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Tiempo para ver una peli después de comer, remolonear diez minutos más en la cama, prolongar la ducha o hacer la croqueta en el sofá… y hacerlo, además, sin remordimientos que me acechen por “tanta” falta de compromiso doméstico.

Tiempo para prolongar la sobremesa familiar, oír historias del cole durante la comida, retar a las niñas al Just Dance y reclamar mi cetro al Super Mario -la que tuvo retuvo-; para cortar, doblar y pegar y hacer una tarjeta de colores, para peinar melenas y hacer trenzas, para leer un relato más antes de dormir y echar una partida al parchís tras hacer los deberes; para salir en bici, hacer palomitas en la sartén, preparar galletas y escuchar confidencias bajo las sábanas… y hacerlo, además, sin jalear a mi prole al grito de “¡vamos! ¡venga! ¡apurad! ¡más deprisa! ¡no os entretengáis! ¡no llegamos!”.

Yo quiero tranquilidad en mi rol de madre, en mi rol de mujer y en mi rol de profesional.

Tranquilidad para olvidar, aunque sea por un momento, las rabietas, los enfados, los caprichos propios de los terribles dos años, los terribles tres, los terribles cuatro, los terribles…; para no mediar en conflictos entre hermanas, para no escuchar durante un ratito el “ha sido ella”, el “me ha tocado”/”me ha mirado”/”me ha dicho”; para que el mando a distancia no sea fuente de discordia, que papá disfrute de Peppa Pig y a las nenas les guste el fútbol.

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Tranquilidad para que hacer deberes no sea una guerra diaria y las extraescolares enriquezcan nuestra vida en vez de ahogar nuestro día a día. Tranquilidad para que un catarro no sea el fin del mundo y la visita al médico no me obligue a hacer malabares con la agenda. Para que el festival del cole no me exija demasiada destreza como costurera y encontrar la forma de escaparme de la oficina un par de horas para ver a las “artistas” sobre el escenario. Para que no se me olvide la cita con la profe, ni pagar la piscina, llevar chandal el día que hay educación física y la flauta cuando hay música, galletas cuando tocan cereales y fruta el día que en el recreo comen fruta.

Tranquilidad para que la abuela no crea que abrigo poco a las niñas, la vecina que corren demasiado por casa y mi amiga que comen demasiadas “chuches”. Para que el pediatra no me riña porque no comen suficiente fruta ni alguien en Facebook me censure por compartir fotos de mis peques.

Tranquilidad para marcar los tiempos y disfrutar de mi trabajo; para alimentar la carrera profesional que escogí sin que ello me obligue a elegir entre ella y mi familia; pero también para que nadie cuestione mi decisión de aparcar mis aspiraciones laborales porque ahora lo que me pide el cuerpo es ejercer de medre full time.

Tranquilidad para disfrutar de mi pareja, redescubriéndonos cada día sin permitir que la rutina nos convierta en dos extraños que comparten piso. Para preservar nuestro espacio y alimentar nuestra relación sin riñas absurdas por quién pone hoy la lavadora y quien retira el mantel. Para cocinar el sexo a fuego lento, sin que sea una obligación porque “ya toca, ¿no?”. Para tener ganas y oportunidad o las ganas para buscar la oportunidad.

Así que, por si no os quedó claro, el domingo, por el día de la madre, quiero tiempo y tranquilidad -paz, cero conflictos-. Los quiero y los necesito para regresar el lunes con fuerza renovada y seguir siendo la madre que todos necesitan y esperan pero, sobre todo, la madre que quiero ser.

Pero si lo veis complicado, os dejo algunas alternativas más mundanas para que nadie me acuse de ser demasiado “intensa” en mis peticiones…

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1. Fitbit Blaze / 2. Nexus 5X / 3. Balneario Laias / 4. Collar Zara / 5. Zapatillas Converse

Fotos: Pexels (John Willink, Dominique Felwiks)

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

11 COMENTARIOS

  1. Merak, los quiero todos, los tangibles del final también 😉 A veces regalar es tan sencillo como ponerse en la piel del otro y analizar su día a dia. Lo de depilarte las axilas en la misma franja horaria… me ha llegado al alma.
    Un besote.

    • Para regalar y para un millón de cosas nos falta ponernos en la piel del otro. Pero sí, en este caso, un poquito de empatía ayuda. Besos

  2. No suelo comentar pero os leo siempre. Suscribo de principio a fin este post. Y añado una más por experiencia propia (y esta misma mañana): tranquilidad para ir en el metro sin que ninguna señora me diga/le diga a mi hijo cómo tiene que ir sentado, y de paso le dé lecciones a todo el vagón sobre lo mala madre que soy cuando decido marcharme para no seguir aguantando impertinencias…

    • Las señoras en los vagones de metro son lo peorcito, jajaja. Pues sí, que nos regalen más sonrisas y menos juicios o consejos no solicitados. Y me alegro muchísimo que te hayas decidido a salir de la sombra y compartir unas líneas con nosotros. Besazos

  3. Tu eres de las mías. Pedimos un hora más al día, que seguro que con esa tengo de sobra.. Al menos este mes. Si eso, en mayo que me den dos horitas más.
    Pero como eso es imposible… Pues quiero un Apple Watch, una bicicleta eléctrica, un nuevo Mac o una TMX5. Y si no puede ser, pues que me regalen lo de la horita más… 😛

    • A dios rogando y con el mazo dando. Si es que, en el fondo, a las madres se nos conquista con pequeños detalles. Al fin y al cabo, qué es eso de romper el continuo espacio temporal y proporcionarnos días de 25 o 26 horas!!!!!

    • Eso se llama ser práctica. Ahora bien, o el tuyo es de los espabilados o deberás aclararle muy bien tus intenciones con el envío 😉

  4. Pues yo quiero un I-pad.

    Naaa! Es broma! Yo también quiero MOMENTOS. Y no hace falta que me los envuelva que me los llevo puestos. Momentos con la gente que me gusta. 🙂 Como tú!!

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