Para los que nos quieren calladitas…

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Me ha pasado pocas veces, pero suficientes para invitarme a la reflexión, sobre todo cuando la crítica llega de una persona a la que tengo en buena consideración.

¿Podemos ser feministas y dedicar posts a tíos buenos o a nuestros reguleras? ¿Es compatible declararnos mujeres proigualdad en materia de género y presentar a hombres como sujetos de deseo, valorados (o no) por sus cualidades físicas? ¿Podemos reírnos de superficialidades sobre los atributos estéticos o físicos de un hombre sin ser tildadas de contradictorias, sexistas o incluso feminazis?

Las críticas deben ser siempre escuchadas, valoradas y meditadas. La única forma de revisarnos es someternos al escrutinio ajeno y escuchar (a veces hasta incluso admitir) su punto de vista sobre nuestro trabajo. Antes de entrar en harina, una pequeña matización: esto es una revista coral, formada por doce personas con sus ideas propias sobre cualquier tema y los posts individuales ofrecen el punto de vista de quien lo firma.

Aclarado lo anterior, que supone tanto como decir que la única responsable de este post soy yo, me confieso: soy feminista. Creo en el feminismo como movimiento ideológico, político y social que pretende una sociedad más justa y equilibrada, donde hombres y mujeres podamos vivir en libertad y desarrollarnos de forma plena sin que nuestro género predetermine quiénes podemos ser, qué tenemos que hacer en la vida y dónde podemos llegar. Un mundo, en fin, sin jerarquías, sin estereotipos y sin el binomio dominación-sumisión en función de lo que tenemos entre las piernas.

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La realidad es que esa sociedad no es la nuestra, y aunque vamos avanzando, el feminismo sigue siendo necesario, y lo digo como mujer y también como madre.

Hay quien considera que cuando una feminista redacta un artículo en el que se valora a los hombres según su físico, está haciendo con ellos lo que tanto critica que se haga con las mujeres. Para mí esto es hacer una lectura simplona y parcial de la compleja red de dinámicas relacionales, culturales y de poder que justifican la existencia misma del feminismo. Por lo tanto, se está midiendo con el mismo rasero dos cosas distintas y, además, se están mezclando churras con merinas.

Me explico.

Se considera que la utilización del cuerpo humano para fines sexuales, despojándolo de su contenido intelectual y valor moral es sexista y supone “cosificar” a las personas (convertirlas en cosas, en objetos destinados al placer sexual).

El concepto teórico de cosificación hunde sus raíces en el feminismo de la segunda ola pero, desde luego, la realidad que describe es mucho más antigua: en nuestra cultura, heredera del patriarcado, las mujeres como sujetos-objeto al servicio de los hombres viene de muy atrás. Sin embargo, es en la época actual en la que cobra especial importancia como conducta sexista, alimentada por la doctrina capitalista y consumista del “usar y tirar” de la que no se abstraen las relaciones sexuales. Así, es frecuente que veamos cómo se nos presenta el cuerpo de la mujer como una mercancía más en la publicidad, en los medios, en la televisión y en el cine, en los vídeos musicales e incluso en el deporte (véase la utilización de la mujer en el mundo del motor o en el boxeo).

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El cuerpo del hombre también se utiliza en la actualidad para fines publicitarios, es algo que ha cambiado, pero lo ha hecho – no nos engañemos – porque la mujer también tiene ahora capacidad económica para decidir qué compra y, por lo tanto, entra dentro del público al que se dirigen las campañas de marketing. La aparición del cuerpo del hombre como “objeto” no responde a un intento de “equilibrar” la situación ni es consecuencia de un modelo según el cual el lugar del hombre en la sociedad es el de complacer a la mujer, sino que la causa está en los avances que para la lucha por los derechos de las mujeres se han conseguido en ciertos ámbitos y que nos hace destinatarias de la publicidad.

En cualquier caso, en innegable que ahora los cuerpos torneados y tonificados de ellos también copan vallas publicitarias y anuncios de perfumes, que su cuerpo también “vende” y esto puede provocar en determinados hombres miedos y obsesiones sobre su aspecto físico (no en el caso de nuestros machos ibéricos). Sobre la presión social que existe con el aspecto físico de cada persona, sobre la desmesurada importancia que tiene hoy en día y cómo condiciona nuestra autoestima hablamos otro día porque es un tema que también nos preocupa.

Pero a lo que vamos hoy, entonces ¿cualquier uso del cuerpo humano como estímulo visual es sexista? Para mí no, porque considerar tal cosa sería tanto como negar el erotismo, el juego de la seducción y la recreación del cuerpo como templo del placer. ¿Dónde está pues el límite, la frontera, entre lo que es divertido y erótico y lo que supone una cosificación del cuerpo en el marco de una práctica sexista?

Referido al cuerpo de la mujer, Orbita Diversa tiene un magnífico post en el que se explica la teoría de Caroline Heldman que nos permite diferenciar entre utilización erótico-lúdica de la imagen femenina y la cosificación de la mujer. Recomiendo fervientemente su lectura, pero por si tienes poco tiempo, así entiendo el post haciendo la teoría extensiva al cuerpo del hombre y su uso en los medios: considerar el cuerpo – femenino o masculino- como estímulo sexual no tiene nada de malo per se. Lo que resulta sexista es su utilización perversa, y eso ocurre cuando por ejemplo se enseña solo una parte del cuerpo (los pechos, el culo…), éste sirve como soporte como objetos, se muestra el cuerpo de varias personas presentándolos como “intercambiables” desde el punto de vista sexual y se muestran actitudes vejatorias o humillantes, entre otras pistas.

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Así que cuando las mujeres – ¡y encima las que nos declaramos abiertamente feministas! -, hablamos sin pelos en la lengua sobre los hombres que nos gustan o nos parecen atractivos y por qué, mostramos sus fotos como prueba de lo manifestado y, además, osamos utilizar el humor para enfocar el artículo como en “5 Polvos que no son infidelidad”, no estamos cayendo en lo mismo que criticamos, no estamos siendo sexistas ni cosificando a los hombres. Estamos siendo espontáneas, estamos mostrándonos como lo que somos, mujeres con preferencias estéticas y sexuales, poseedoras de deseo y con ganas de compartir con otras mujeres nuestros gustos y divertirnos en el proceso.

No amigos, no. Las mujeres reclamamos la igualdad para todo, no solo para formar parte del mercado de trabajo y hacerlo casi siempre a órdenes de un hombre, soportando el mayor peso de la (in)conciliación con la vida familiar o para estar peor remuneradas. Las mujeres reclamamos también poder hablar de gustos y de preferencias sexuales y hacerlo sin tapujos.

Hablar del físico de los hombres y utilizar para ellos unas fotos no nos convierte en sexistas, en “cosificadoras” de hombres, porque en primer lugar y desde la perspectiva de lo social, del contexto socio-cultural en el que nos desenvolvemos, utilizar el cuerpo masculino no puede tener las mismas implicaciones que utilizar el femenino, por lo que no se nos puede exigir tener el mismo recelo ni la misma sensibilidad ante ello, como parte perjudicada que somos de las relaciones de dominación-sumisión. No entender esto es un claro ejemplo de miopía patriarcal y es a lo que me refería con lo de “hacer una lectura simplona y parcial de la compleja red de dinámicas relacionales, culturales y de poder que justifican la existencia misma del feminismo”.

Desde lo individual, desde nuestras motivaciones, es evidente que lo hacemos sin vejar ni humillar a nadie, ni utilizar a las personas como objetos; más al contrario, buscamos empoderarnos como mujeres abstrayéndonos del concepto puritano del sexo y en un claro contexto de humor. A esto es a lo que me refería cuando decía más arriba que esas críticas suponen medir “con el mismo rasero dos cosas distintas, y que además, están mezclando churras con merinas”.

Por nuestra parte, no hay cosificación del cuerpo masculino (si sigues creyendo que sí, haz click, te lo ruego), sino exaltación del que nos resulta agradable a la vista. A ver si ahora vamos a tener también la culpa de expresar lo que nos provoca el Invictus de Paco Rabanne. Así que… Si nos quieren calladitas (por feministas), va a ser que no.

Imágenes via Pixabay y Duncan Quinn.

6 COMENTARIOS

  1. Decir que me ha encantado se queda muy corto: refleja perfectamente lo que pienso. Cada día estoy más harta de esta lucha que muchos perciben como ajena pero que nos implica a todos. Pero no por ello dejaré de perseverar, creo que, aunque a veces no lo parezca, cada día estamos más cerca de conseguirlo.
    Un besote.

  2. Gracias por ayudarme en este debate que yo, como feminista, a veces seguía teniendo conmigo misma. Me has ayudado a aclararme y lo que es más, ahora podremos aclarar también a más personas. Muy buen post!

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