5 series que he dejado a medias (huid)

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Primero fue Netflix, por avatares de la vida llegó Amazon Prime y, tras el último cambio de compañía telefónica, en esta familia hemos completado el tridente con HBO. No os miento si os digo que, a día de hoy, tenemos a nuestro alcance más series de las que podemos manejar. El problema es que, con tal oferta y tan poco tiempo libre, hay que seleccionar muy, muy, muy bien lo que vemos para no acabar perdiendo el tiempo.

La cuestión es que, a mayor oferta, mayores bodrios o, sencillamente, con un cupo de series tan amplio a nuestras espaldas es lógico que entre tantas, algunas nos hayan dejado indiferentes, por ser suaves. A estas alturas elegir es difícil. El boca a boca y lo que cuentan en las páginas especializadas acaba haciendo que te decantes por unas y por otras… pero no siempre aciertas. Seguro que si le hiciese caso a Pilar, que de esto sabe un montón, me habría ido mejor, pero ahí va mi selección de series que empecé a ver porque todo el mundo hablaba maravillas y acabé dejándolas a medias.

Una serie de catastróficas desdichas

En verano es cuando más series podemos ver con las niñas. Hace dos años nos encantó el Ministerio del Tiempo y esta vez, intentando que dejen de estar colgadas de Disney Channel, redoblamos la apuesta con algo más sofisticado: Una serie de catastróficas desdichas. En honor a la verdad hay que decir que la primera impresión es buena. Es una serie para niños, pero de esas que apreciamos los adultos. Narra las “catastróficas desdichas” de los niños Baudelaire, un trío de huérfanos acechados por el malvado conde Olaf, empeñado en hacerse con su fortuna. Y esto es lo que hay. Capítulo tras capítulo. Protagonistas, antagonistas, secundarios que ayudan a los protagonistas; secundarios que ayudan al conde Olaf.

Es cierto que la serie tiene un guión bueno, guiños de humor inteligente, una ambientación y estética que me pirran y un discurso narrativo original. Además, está el camaleónico Neil Patrick Harris, que a mí me encanta.  Pero, desdicha tras desdicha, al final cansa. Y si se os mete la cancioncita del principio en la cabeza, ¡ya ni os digo! Veredicto: la dejamos a medias a mitad de la segunda temporada. Dejamos de verla sin aspavientos y nadie volvió a preguntar por ella.

Westworld

Me encantaría poder deciros por qué no me ha gustado Westworld a pesar de que me la super recompendaron y de que el argumento -un parque de atracciones ambientado en el oeste al que la gente acude a vivir aventuras pseudoreales- es prometedor y tiene todas las papeletas para atraparme, pero sencillamente no le llegué a coger el gusto. La vi completa, confiando en que con el paso de los capítulos mejorase, pero la trama cada vez se hacía más enrevesada y, al final, entre que la veía sin atención y que aquello es un embrollo, aunque me matéis no sé deciros ni cómo termina a pesar de que la vi hace apenas dos meses.

Maniac

Esta es el tipo de serie que te entra por los ojos, aunque sea solo por ver el despliegue que Netflix ha hecho en promociones. Maniac hay que verla, sí o sí, porque de no hacerlo te da la sensación de que te vas a perder el super pelotazo de la temporada y tú quieres subirte al carro antes que nadie, para poder recomendarla o, lo que es mejor, para poder decir eso de que “yo ya la vi” cuando te la recomiendan, que es lo que nos encanta hacer a los seriefilos pretenciosos -¡Vamos! un “cuando tú vas, yo vengo de allí” en todos los morros-.

Total, que ahí estamos, en el quinto capítulo de la temporada y yo no tengo todavía muy claro qué es ficción y qué realidad. Los personajes me parecen demasiado histriónicos y arquetípicos y, encima, me revienta sobremanera oír a mi marido alabarla desde el otro lado del sofá  -“es que es buenísima”- a cada giro de tuerca. Una auténtica paranoia y un coñazo absoluto es lo que a mí me parece.  A este paso sigue el mismo camino que Westworld… Así que empieza a quedar claro que lo mío y las series enrevesadas empieza a no tener solución. ¡Yo! ¡Que lo di todo en Héroes y Fringe! ¡Para lo que he quedado!

Suits

La cogí con ansia, como uno de esos reductos que conquisto sola, una de esas series que veo a mi aire. Y lo cierto es que no está mal, puede ser entretenida, pero no deja de ser más de lo mismo. Abogados, pleitos, luchas de poder, rivalidades, enamoramientos… Perdonadme los fans, que se que los tiene a montones, pero me parece una versión actualizada de Ally McBeal, pero sin “bizcochito” ni bebé gigante de por medio. Si tengo que quedarme con una serie de abogados, a mí dadme The Good Wife.

Sucesor designado

series malas

El planteamiento de la serie es bueno. Un atentado contra el congreso de los Estados Unidos acaba con la vida del presidente y todos los congresistas (a excepción de uno). Tal y como recoge la constitución, la presidencia recaerá en el “sucesor designado”, que viene a ser un individuo en la línea presidencial de sucesión que, precisamente para garantizar la continuidad del Gobierno, no está físicamente en el mismo lugar que el resto de cargos durante los actos importantes. En este caso, Tom Kirkman -Kiefer Shuterland-, un político de perfil bajo, es en el que recae la responsabilidad de dirigir el país en medio del caos.

Vale, el planteamiento es una batallita, lo reconozco, pero es de esas batallitas originales que me pueden entretener. El problema es que la serie va perdiendo fuelle capítulo tras capítulo, en una sucesión de conspiraciones a mitad de camino entre 24 horas y El ala oeste de la casa blanca pero sin llegarle a la suela de los talones de ninguna.

2 COMENTARIOS

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo con “Westworld” y con “Maniac”. En los últimos capítulos no paraba de decir que ni los guionistas, ni los actores ni el director entendían nada, pero que seguían adelante con la serie por el que dirán… Infumables.

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